
Las economías regionales argentinas atraviesan un escenario más desafiante, marcado por un tipo de cambio real menos favorable y precios de exportación que, en numerosos productos, permanecen por debajo de sus niveles históricos. Sin embargo, las cantidades exportadas muestran una recuperación, aunque con fuertes diferencias entre actividades. El diagnóstico surge del informe de la Fundación Mediterránea, titulado “El ‘otro agro’ frente a un nuevo escenario”, elaborado por Jorge Day, responsable de la sección Regional.
A diferencia de los grandes cultivos pampeanos, este “otro agro” incluye producciones como vinos, frutas, legumbres, ajo, arroz, yerba mate, jugos y aceite de oliva, entre otras actividades agroindustriales. Son sectores que, en general, trabajan con menores escalas, enfrentan mayores distancias hacia los puertos y utilizan más intensivamente mano de obra. Además, muchos de sus productos no son commodities, por lo que su rentabilidad depende especialmente de los precios obtenidos en los mercados internacionales y del tipo de cambio real.
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El informe advierte que el contexto actual contrasta con buena parte de la década de 2000, cuando un dólar más competitivo coincidía con precios internacionales de exportación crecientes. En el primer semestre de 2026, en cambio, los precios promedio de exportación de las economías regionales analizadas se encuentran, en términos reales, aproximadamente un tercio por debajo de los niveles de 2013. Entre los factores que explican esta situación aparecen el menor dinamismo de la demanda internacional, particularmente de China, y una mayor oferta mundial, junto con cambios en la composición de los productos y destinos exportados.

La principal sorpresa aparece en las cantidades: pese a las condiciones menos favorables, los volúmenes exportados se recuperaron con fuerza y en el primer semestre de 2026 alcanzaron un nivel cercano al de 2013. Sin embargo, el comportamiento fue muy desigual. Algunas actividades lograron incrementar sus ventas externas mediante mejoras de productividad, inversiones realizadas años atrás o la apertura de nuevos mercados. En otros casos, la menor oferta de competidores afectados por problemas climáticos generó oportunidades que podrían ser transitorias.
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Entre los sectores que atraviesan mayores dificultades se encuentran los vinos fraccionados y las manzanas, que combinan menores volúmenes exportados con precios reales débiles. El deterioro puede trasladarse hacia el resto de la cadena: cuando disminuye el valor obtenido por el producto final, parte del ajuste recae sobre los productores primarios a través de menores precios por la materia prima. Si esta situación se prolonga, también puede derivar en menores inversiones y una reducción de la superficie cultivada.
Hacia adelante, el informe plantea que las economías regionales no deberían esperar una mejora sustancial de competitividad basada exclusivamente en el tipo de cambio. Con un dólar real que difícilmente ofrezca un impulso significativo, la productividad, los costos, la diferenciación y la capacidad de conquistar nuevos mercados serán cada vez más determinantes. El escenario combina señales positivas y negativas: mientras algunos productos muestran una recuperación de sus volúmenes y eventuales mejoras de precios, otros continúan en proceso de ajuste. La capacidad de sostener las exportaciones dependerá, en buena medida, de que las mejoras logradas puedan convertirse en ventajas estructurales y no solo en oportunidades transitorias.
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