Detrás de una floración abundante y una planta vigorosa existe un trabajo silencioso que comienza mucho antes de que un rosal llegue a manos de los consumidores. En San Pedro, donde la actividad viverista y frutihortícola representa una parte fundamental del empleo rural, un proyecto conjunto entre el INTA y la Cámara de Viveristas permitirá que 2.000 rosales certificados y libres de virus salgan al mercado con garantía sanitaria y trazabilidad.
La iniciativa es el resultado de años de trabajo orientados a sistematizar la producción, mejorar la calidad del material vegetal y asegurar que cada ejemplar conserve sus características varietales.
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Según explicó Laura Hansen, directora de la Estación Experimental Agropecuaria San Pedro del INTA, estos rosales presentan una vida útil superior debido a que están libres de los principales virus que afectan al cultivo. Además, poseen una mejor respuesta al trasplante, crecimiento saludable y una floración destacada.
Mucho más que una rosa identificada por su color
Uno de los aspectos distintivos del proyecto es la identificación varietal de cada ejemplar. Los rosales forman parte del catálogo nacional de cultivares y cuentan con información específica sobre sus características.
Para facilitar el acceso a esos datos, cada planta posee un rótulo amarillo con una fotografía de la flor y un código QR. Al escanearlo, los usuarios pueden acceder al catálogo desarrollado junto con la Cámara de Viveristas y conocer detalles de cada cultivar más allá de su apariencia.
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Entre las variedades seleccionadas para esta primera etapa se encuentran aquellas con mayor demanda comercial, como Iceberg, Europeana, Jubilé du Prince de Monaco, Charles Aznavour, Papa Meilland, Rouge Meilland, Mr. Lincoln y Cristóbal Colón.
El camino hacia una planta sana
La certificación se apoya en un protocolo desarrollado por los equipos de extensión y fitopatología del INTA San Pedro. El proceso comienza con la evaluación morfológica y sanitaria de cada variedad durante su primera brotación primaveral.
Las plantas que presentan resultados positivos a cualquiera de los virus analizados son descartadas. Solo el material sano avanza hacia las siguientes etapas de multiplicación, garantizando la calidad genética y sanitaria de las futuras plantas comerciales.
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Un control que acompaña toda la producción
La sistematización también alcanza a los viveristas. Las plantas madre destinadas a la obtención de estacas y yemas deben permanecer identificadas y ubicadas en un sitio fijo durante un período máximo de cinco años para asegurar la trazabilidad del material.
A lo largo del ciclo productivo, los establecimientos reciben asesoramiento técnico y controles que abarcan desde la implantación de las estacas hasta la evaluación sanitaria previa a la venta. Los ejemplares comercializados superan análisis específicos para detectar virus frecuentes en rosales, como PNRSV y ApMV.
Este esquema de seguimiento permanente permite que, desde 2020, las plantas lleguen al mercado con estándares sanitarios definidos y con el respaldo de un proceso que busca revalorizar la producción viverista mediante calidad, información y control.
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Fuente: Inta
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