
Las Sagradas Escrituras nos enseñan que “todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Luego de más de treinta años de vida pública, ha llegado la hora de que Keiko Fujimori asuma la presidencia del Perú. Durante años, Fujimori construyó una identidad política que pasó por derrotas, resistencias y un legado familiar complejo. Pero en cada campaña acumuló experiencias y aprendió a moverse en un escenario político particularmente fragmentado. Lo que parecía una debilidad, la persistencia tras tres derrotas, terminó moldeando un perfil de liderazgo que encajó con una demanda social muy específica: la necesidad de firmeza y capacidad de poner orden. La realidad por primera vez parece ajustarse como un traje hecho a medida.
Por varios meses he tenido la oportunidad de hablar ante diferentes medios de prensa sobre la candidatura de Keiko Fujimori. Siempre lo he hecho a título personal. Hoy, con gran satisfacción escribo estas líneas no sólo a título personal sino también para expresar la posición del Centro que dirijo y del que la Presidenta Electa forma parte en uno de sus más distinguidos programas.
PUBLICIDAD
Aunque está pendiente la proclamación oficial de su victoria por parte del Jurado Nacional de Elecciones, el resultado de la pasada elección presidencial es evidente: Keiko Sofía Fujimori Higuchi ganó la elección y a partir del 28 de julio será la Presidenta de la República del Perú. Este triunfo, en una elección extremadamente reñida, es la culminación de una de las trayectorias políticas más perseverantes de América Latina y el comienzo de una responsabilidad histórica: gobernar a un país polarizado, que demanda seguridad, estabilidad institucional, crecimiento económico para todos y una urgente reconstrucción de la confianza pública.
Durante más de tres décadas, Keiko Fujimori ha ocupado un lugar central en la vida política peruana. Ha conocido de cerca las exigencias del liderazgo, el peso de la derrota, la satisfacción de la victoria, la intensidad de la polarización y los costos personales de la persecución política y judicial. Permaneció casi quinientos días en prisión preventiva por injustas acusaciones que posteriormente fueron anuladas. Pocas figuras públicas de nuestra región han debido atravesar una prueba semejante y regresar, una y otra vez, a la arena democrática sin renunciar a sus convicciones ni dejarse dominar por el resentimiento. Y siempre lo ha hecho con un gran sentido de responsabilidad y un amor profundo por su país y su gente.
PUBLICIDAD
Su victoria es también una victoria de la resiliencia; no solo entendida como la entereza para soportar la adversidad, sino como la disciplina de aprender de ella, reconstruirse y avanzar. Esa fortaleza, autenticidad y coherencia fue lo que logró transmitir a los ciudadanos del Perú para conseguir que su cuarta participación como candidata presidencial se convierta en su llegada al cargo político más alto de su país.

En el Adam Smith Center for Economic Freedom hemos tenido el privilegio de conocer esa dimensión de su liderazgo. Keiko Fujimori forma parte de nuestros Distinguished World Leadership Fellows, uno de los programas más importantes del Centro, reservado a hombres y mujeres cuyo liderazgo, temple y visión los distinguen entre sus pares. Su participación ha sido todo este tiempo la constatación de su carisma, disciplina de trabajo, amor por su país y compromiso con la libertad y la democracia en toda la región. Hemos sido testigos de la persona detrás del personaje, y ha sido un privilegio reconocer en los debates, ante las cámaras y en sus abrazos con la gente en sus recorridos, a la misma colega que se preocupa por los detalles, que prepara con dedicación sus clases y sus investigaciones, y que busca ¡y encuentra! siempre una solución a los inconvenientes.
PUBLICIDAD
Una de sus contribuciones más recientes al Centro es un ensayo sobre liderazgo y resiliencia que próximamente pondremos a disposición del público. El tema no podría ser más pertinente ni la autora más apropiada. Sus reflexiones se desprenden de una experiencia personal compleja, pero trascienden su propia historia. Hablan de una cualidad indispensable para todos los líderes democráticos de nuestro tiempo: la capacidad de mantener la serenidad frente a la adversidad, de convertir el sufrimiento en aprendizaje y de ejercer el poder sin reproducir las injusticias padecidas.
Ese aprendizaje será esencial para la etapa que ahora comienza para ella. El Perú tiene años de inestabilidad política, sucesiones presidenciales, enfrentamientos entre poderes del Estado y una creciente distancia entre las instituciones y los ciudadanos. La estrechez del resultado electoral revela la profundidad de las divisiones que la nueva presidenta deberá ayudar a superar.
PUBLICIDAD
Gobernar será, sin duda, la tarea más importante de su larga trayectoria pública y la presidenta Fujimori tendrá la oportunidad de demostrar en ese ejercicio todas estas cualidades. Como en muchos países de la región, uno de sus grandes desafíos será demostrar que la seguridad y la libertad no son objetivos incompatibles. El Perú necesita recuperar el orden y el control de sus calles y proteger a sus ciudadanos frente al crimen organizado, la extorsión y la violencia. Y, como lo hemos escuchado de ella durante la campaña, debe hacerlo dentro del Estado de derecho, fortaleciendo a las fuerzas del orden público, al sistema de justicia y a las instituciones encargadas de proteger la convivencia democrática.
También deberá devolver a la economía peruana la confianza y el dinamismo que durante años hicieron del país un ejemplo regional. La estabilidad macroeconómica, la apertura al emprendimiento y el respeto a la propiedad privada deben acompañarse de reformas que reduzcan la informalidad, eliminen barreras burocráticas y permitan que millones de ciudadanos participen plenamente en la prosperidad nacional. La libertad económica solo alcanza toda su fuerza cuando se traduce en oportunidades concretas para quienes trabajan, producen e innovan.
PUBLICIDAD
Pero tal vez su desafío más profundo sea gobernar para quienes no votaron por ella. El liderazgo democrático alcanza su forma más elevada cuando deja de hablar únicamente a los propios y comienza a construir un proyecto común, tal y como lo dijo Fujimori la noche de las elecciones. El Perú no necesita una presidenta de una facción, sino una jefa de Estado capaz de reconocer la pluralidad del país, escuchar sus distintas regiones y tender puentes sin renunciar a sus principios. De los años que tengo de conocerla, no hay persona más apropiada y preparada que ella para enfrentar estos desafíos.
Su triunfo cierra una larga etapa de perseverancia personal y abre una prueba mucho mayor. La historia no registrará únicamente la forma en que llegó a la Presidencia, sino lo que haga con la confianza que los ciudadanos han depositado en ella. El éxito de su gobierno será también el éxito del Perú y un paso adelante para la consolidación de la libertad y la prosperidad en nuestro hemisferio.
PUBLICIDAD
Sabemos que las disposiciones constitucionales de su país le impedirán ser parte activa de nuestro grupo de fellows durante los próximos cinco años, pero desde ya ¡esperamos con ansias su regreso a nuestras aulas en el 2031!
*El autor es empresario, estratega político y exdirector de Políticas Públicas de la Casa Blanca. Es el Director Fundador del Adam Smith Center for Economic Freedom de la Florida International University.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
América Latina se tiñe de azul
La izquierda que había prometido luchar contra un sistema corrupto, desigual y opresor, acabó convirtiéndose ella misma en un sistema corrupto, desigual y opresor

Bajo la sombra de la guerra: la continua erosión de la clase media iraní
¿Cómo han acelerado la guerra y el consiguiente empeoramiento de la crisis económica la continua erosión de la clase media iraní? ¿Cuáles son las implicaciones sociales y políticas de este proceso?
El legado de Barack Obama
La operación que culminó con la muerte de Osama bin Laden continúa siendo objeto de debate entre quienes destacan su importancia estratégica y quienes subrayan los riesgos asumidos por las fuerzas participantes
¿Está Albert Ramdin dispuesto a sacrificar el futuro de la OEA para proteger a su círculo más cercano?
Washington podría suspender su financiamiento hasta que haya una auditoría externa independiente y una revisión del liderazgo



