
Una campaña puede acumular buenas precipitaciones y, aun así, atravesar momentos críticos por falta de agua. El problema muchas veces no es cuánto llueve, sino cuándo ocurre. Esa irregularidad, cada vez más frecuente, genera fuertes variaciones en los rindes y aumenta la incertidumbre productiva.
Frente a ese escenario, el riego suplementario gana protagonismo como herramienta para sostener la producción y reducir riesgos. Ensayos realizados por especialistas de INTA en Reconquista, Santa Fe, confirmaron que aplicar agua en momentos estratégicos del ciclo de los cultivos permite mejorar de manera significativa los rendimientos.
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Los trabajos mostraron que, en determinadas condiciones, el riego puede incluso duplicar los rindes. En situaciones puntuales, los incrementos alcanzaron hasta un 115 % cuando el agua se aplicó en etapas críticas del desarrollo de los cultivos.

Más previsibilidad para producir
Los datos históricos de la región reflejan la fuerte variabilidad de los sistemas en secano. En trigo, los rindes pueden pasar de menos de 1.800 kilos por hectárea a superar los 3.500. En soja y maíz también se registran diferencias marcadas según la disponibilidad hídrica de cada campaña.
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En ese contexto, el riego aparece como una herramienta para reducir la brecha entre los rendimientos potenciales y los reales. La posibilidad de aportar agua cuando el cultivo más lo necesita permite amortiguar los déficits hídricos y sostener el crecimiento.
El norte santafesino combina disponibilidad de recursos hídricos con lluvias irregulares. Incluso en campañas húmedas pueden producirse faltantes en momentos clave para los cultivos, lo que afecta directamente la productividad.
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Tecnología para optimizar el uso del agua
La incorporación de sensores y sistemas de monitoreo también transformó la manera de gestionar el riego. Hoy existen herramientas capaces de medir la humedad del suelo con mayor precisión y definir cuánto y cuándo aplicar agua según las necesidades de cada lote.
En Reconquista, además, se amplió el alcance del sistema de riego utilizado en los ensayos, lo que permitió duplicar la superficie regada y alcanzar unas 114 hectáreas.
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La combinación entre riego y agricultura de precisión permite mejorar la eficiencia en el uso del agua y aportar mayor estabilidad a los sistemas productivos, especialmente en campañas atravesadas por una alta variabilidad climática.
Fuente: Inta
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