En los paisajes secos de Los Llanos riojanos, donde el agua condiciona cada decisión productiva, una planta resistente y silenciosa gana protagonismo como aliada de la ganadería.
La Opuntia ficus-indica, conocida como tuna, forma parte del paisaje habitual de la región y, al mismo tiempo, representa una reserva estratégica para alimentar animales en períodos críticos.
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Su capacidad para almacenar agua y adaptarse a condiciones extremas la convirtió, desde hace años, en un recurso valioso para productores de bovinos, caprinos y ovinos. Sin embargo, aprovecharla de manera eficiente no siempre resultó sencillo.
La forma de sus cladodios —también llamados paletas o raquetas— dificulta el consumo directo por parte de los animales y obliga a realizar cortes manuales que demandan tiempo y esfuerzo.
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Con el objetivo de mejorar ese proceso, un equipo del Área de Producción Animal en rumiantes menores del INTA La Rioja desarrolló una máquina picadora capaz de estandarizar el tamaño del picado de la tuna en trozos de 4 centímetros por 4 centímetros. El avance apunta a optimizar el manejo forrajero y aportar una herramienta concreta para enfrentar la escasez de agua y alimento en ambientes áridos.
Un recurso estratégico para épocas difíciles
La tuna posee una elevada proporción de agua, que oscila entre el 88 y el 93 %, una característica especialmente relevante en regiones atravesadas por déficits hídricos. Además, se trata de una especie siempre verde, con alta eficiencia en el uso del agua y gran adaptación a condiciones de aridez.
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Raúl Díaz, investigador de la EEA La Rioja, explicó que la especie ya se encuentra ampliamente difundida en la región, lo que facilita su incorporación como reserva forrajera. “Muchos productores ya cuentan con plantas en sus campos o podrían incorporarlas fácilmente en pequeñas parcelas para disponer de una reserva forrajera con especies adaptadas”, señaló.
La planta también aporta vitaminas y minerales, entre ellos vitamina C, calcio, magnesio y sodio. A esto se suma otra ventaja clave: su capacidad para producir biomasa en ambientes marginales donde otras especies forrajeras presentan bajos rendimientos.
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Menos tiempo de trabajo y raciones más homogéneas
Hasta ahora, el suministro de tuna para el ganado requería un corte manual en pequeños trozos para facilitar el consumo animal, especialmente durante la salida del invierno, cuando escasean otros recursos forrajeros.
Frente a esa necesidad, el desarrollo del INTA buscó simplificar las tareas y mejorar la calidad del alimento ofrecido. Según detalló Díaz, la evolución desde un prototipo manual hacia un equipo mecanizado con motor eléctrico permitió reducir tiempos operativos y obtener raciones homogéneas.
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El sistema facilita la elaboración de mezclas forrajeras balanceadas para diferentes categorías animales, según los objetivos productivos de cada establecimiento. Además, mejora el aprovechamiento de un recurso abundante en la región y disminuye el esfuerzo requerido para el procesamiento.
Tecnología adaptada a las condiciones del árido riojano
La herramienta fue pensada para productores ganaderos que enfrentan limitaciones de agua y escasez de forraje durante períodos críticos o años secos. En ese contexto, la posibilidad de mecanizar el picado de tuna aparece como una alternativa para fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos.
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Entre los beneficios señalados por el equipo técnico se destacan la reducción de costos de alimentación mediante el uso de recursos locales, la mejora en el consumo animal y la posibilidad de generar mezclas forrajeras más equilibradas.
“Esta innovación no solo eleva la eficiencia productiva de los sistemas ganaderos locales, sino que promueve la sostenibilidad en zonas áridas mediante el uso estratégico de recursos forrajeros adaptados”, concluyó Díaz.
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Fuente: Inta
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