En un cañaveral pueden convivir zonas que rinden muy bien, sectores que responden a medias y otras áreas donde el cultivo avanza con dificultad. Esa heterogeneidad, visible para quien conoce el campo, suele perderse cuando el manejo se hace igual para todo el lote.
Con la intención de mirar esa variabilidad de cerca, un equipo del INTA Famaillá trabajó junto a una empersa privada y el Grupo CREA Cañaverales para evaluar si la caña de azúcar podía expresar mejor su potencial cuando el fertilizante nitrogenado se ajustaba a cada ambiente.
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Un experimento que siguió las huellas del lote
La investigación identificó tres tipos de ambientes productivos y probó cinco dosis de urea en la primera campaña. En las zonas de media y alta calidad, las dosis más elevadas superaron en un 10,2 % al manejo estándar de la empresa. Las más bajas redujeron la producción apenas un 3,5 %, un dato que dio aire para pensar en estrategias más eficientes sin riesgos productivos.
En cambio, los ambientes de baja calidad mostraron una respuesta limitada: aun con más nitrógeno, los rendimientos no mejoraron. Allí, el pH elevado y restricciones estructurales del suelo quedaron en evidencia como principales condicionantes.
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Ajustes finos para el segundo año
Con lo aprendido, la campaña 2024–2025 redujo las dosis a tres y las distribuyó según el potencial de cada ambiente. La respuesta fue contundente: en los sectores de calidad media, las dosis superiores aumentaron el rendimiento un 23 % frente a la más baja; en las áreas de mayor calidad, ese incremento trepó al 36,8 %.
La tendencia confirmó que el manejo diferenciado no solo mejora la eficiencia, sino que también permite aprovechar al máximo las zonas de mejor aptitud.
La lógica detrás de las decisiones
Para Roberto Sopena, del Grupo de Recursos Naturales del INTA Famaillá, el eje central del estudio es claro: la fertilización de precisión no apunta a reducir insumos, sino a usarlos con inteligencia.
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“No se trata simplemente de usar menos fertilizante, sino de reasignarlo de manera más eficiente”, explicó. Aplicar más donde la respuesta es alta y menos donde el cultivo no puede aprovecharlo mejora el rendimiento y optimiza los costos.
Una hoja de ruta para productores
El trabajo —que también contó con la participación de Gustavo Martos, Héctor Sánchez y Leandro Bustos, del INTA— deja una enseñanza que trasciende el caso puntual: cuando el manejo se adapta a la variabilidad interna del lote, la productividad crece y el margen de decisión del productor se amplía.
En tiempos en que cada insumo cuenta, conocer el potencial de cada ambiente se vuelve una herramienta clave para planificar los cañaverales con precisión y criterio.
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Fuente: Inta
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