
El manejo adecuado del suelo es fundamental para garantizar la productividad a largo plazo de los cultivos. En este contexto, las prácticas de recarbonización juegan un papel central.
Mediante técnicas como la rotación de cultivos, el uso de cultivos de servicio y el manejo integral de la fertilización, es posible no solo mejorar la calidad del suelo, sino también aumentar su capacidad para retener carbono, lo que a su vez mejora su estructura y fertilidad.
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Estas prácticas no solo son sostenibles, sino también productivas, favoreciendo un ciclo agrícola más eficiente y responsable con el medio ambiente.

Estrategias basadas en el carbono
En el Congreso Aapresid, realizado en el Predio Ferial de La Rural, los especialistas del INTA compartieron las prácticas más efectivas para la recarbonización.
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La mencionada rotación de cultivos de servicio y los cultivos de cobertura en invierno, entre otras estrategias, se han demostrado eficaces para incrementar el carbono orgánico en el suelo.
Este incremento no solo mejora la calidad física, química y microbiológica del suelo, sino que también optimiza la infiltración de agua y reduce la erosión, beneficiando a los cultivos y al ecosistema en general.
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Una red de trabajo que genera impacto
María Beatriz “Pilu” Giraudo, presidente del Senasa y consejera técnica del INTA, destacó la importancia de la red de trabajo entre distintas instituciones. Esta colaboración ha permitido integrar herramientas innovadoras para la conservación del suelo y el agua, generando un cambio positivo en la agricultura.
La conexión entre distintos actores del sector agrícola abre nuevas posibilidades para avanzar en prácticas sostenibles, mejorando la salud del suelo y asegurando un futuro productivo.
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Cómo los factores climáticos afectan el carbono
Marcelo Beltrán, investigador del Instituto de Suelos del INTA, explicó que la acumulación de carbono depende de diversos factores, como el clima y el tipo de suelo. En las regiones áridas o semiáridas, la acumulación de carbono es más baja, rondando entre 0.1 y 0.2 toneladas por hectárea.
Sin embargo, en las zonas más húmedas, como la Región Pampeana, el carbono se acumula más rápidamente, alcanzando entre 0.3 y 0.5 toneladas por hectárea.
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En algunas áreas, este valor puede superar los 0.6 toneladas por hectárea, lo que subraya el potencial de estas regiones para mejorar la calidad del suelo y su capacidad productiva.
Suelos de la Región Pampeana: un gran potencial
Los suelos de la Región Pampeana, especialmente los molisoles, tienen una alta concentración de carbono, lo que los convierte en una de las regiones más productivas del país.
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En estos suelos, los primeros 30 centímetros pueden almacenar más de 100 toneladas de carbono, lo que mejora la fertilidad del terreno y favorece tanto la producción agrícola como la ganadera.
La capacidad de estos suelos para retener carbono es una ventaja significativa para la agricultura argentina.
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Avanzando hacia la recarbonización del suelo
A pesar de los avances, Beltrán destacó que el potencial de los suelos aún no se ha explotado por completo. Para lograr una mayor acumulación de carbono, recomendó seguir aplicando prácticas como la rotación de cultivos, el uso de gramíneas y el manejo adecuado de la fertilización.
Estas acciones no solo mejoran la calidad del suelo, sino que también aumentan la rentabilidad de los cultivos, favoreciendo una agricultura más sostenible y productiva.
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Fuente: Inta
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