
La localidad de Chacabuco vivió las semana pasada, un evento climático intenso, que provocó en sólo tres días, acumulados de lluvia que en algunos puntos superaron los 370 milímetros. Sin embargo, a diferencia de otras inundaciones históricas como la de 2015, esta vez el agua no cubrió de forma masiva los campos, y hubo zonas donde la infiltración fue efectiva. Según explicó José Luis Tedesco, ex presidente de Aapresid, y productor agropecuario en la zona, la diferencia clave fue la profundidad de las napas.
En en Chacra Agro Continental, Tedesco, puntualizó que “antes de las lluvias, las mediciones realizadas mostraban que no había agua hasta 3,5 metros de profundidad”. Esto permitió que buena parte del agua se alojara en el perfil del suelo y no corriera en superficie.“A nivel productivo, fue un factor que jugó a favor”, señalaron referentes técnicos de la zona. No obstante, los beneficios naturales contrastaron con las carencias estructurales: rutas cortadas, canales obstruidos y una red de drenaje insuficiente volvieron a poner en evidencia un problema crónico.
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Uno de los puntos más críticos fue la Ruta Nacional 7, donde a la altura del kilómetro 190 el agua directamente cruzó por encima del asfalto, interrumpiendo el tránsito y dejando aislados a productores y vecinos. Algo similar ocurrió en la Ruta 191, que conecta Chacabuco con Ramallo. En ambos casos, la falta de alcantarillas y obras hídricas básicas provocó que las rutas se comportaran como verdaderos diques.
“Cada vez que llueve fuerte, pasa lo mismo. Hay zonas que no pueden evacuar el agua porque no hay infraestructura. Son reclamos históricos a Vialidad y al área de Hidráulica que siguen sin respuesta”, advirtió Tedesco. Más allá del impacto vial, la lluvia frenó la recolección de la cosecha. Según un relevamiento informal entre productores, aún queda entre un 15 y un 20% de los lotes sin levantar. La imposibilidad de ingresar con maquinaria debido a los suelos blandos o los caminos deteriorados complica los tiempos. La cosecha pendiente incluye lotes de soja, maíz y sorgo.
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Tedesco hizo especial hincapié en el contraste entre el potencial de la región y los obstáculos que enfrenta: “Estamos hablando de suelos de altísima calidad, con aptitud agrícola reconocida a nivel mundial. Que estén anegados por falta de obras básicas es una muestra del abandono de las políticas estructurales”.
Para el ex titular de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa, los excesos hídricos podrían manejarse mucho mejor si existiera una red de caminos rurales consolidada, rutas con drenajes funcionales y canales secundarios bien mantenidos. “La naturaleza dio una tregua esta vez. Pero si no se hacen las obras, la próxima lluvia fuerte puede tener consecuencias mucho peores”, advirtió Tedesco.
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Mientras tanto, los productores esperan que el clima permita retomar la cosecha y que las pérdidas no se profundicen. Pero el diagnóstico ya está hecho: no se puede depender solo del clima cuando la infraestructura sigue siendo la misma de hace décadas.
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