
“El agro se volvió el hijo bobo del sistema tributario” aseguró el diputado nacional por Buenos Aires, Fabio Quetglas, en una entrevista radial por Chacra Agro Continental, al tiempo que subrayó que “no podemos seguir sacándole rentabilidad al campo y no devolverle nada en caminos, conectividad o desarrollo rural”.
El legislador nacional aseguró que “las retenciones deben pasar por el Congreso como toda política tributaria. Solo se pueden imponer cargas a la ciudadanía mediante la deliberación de sus representantes. Ese principio se perdió en el fondo de la historia, pero era el corazón del parlamentarismo”.
Quetglas, es integrante del espacio Legislativo Interpartidario del Agro, un ámbito de trabajo e interacción de legisladores nacionales de diferentes partidos, “convencidos de que la AgrobioIndustria es un factor clave en el desarrollo y progreso de la Argentina y de su provincia”.

El diputado nacional presentó un proyecto de ley para eliminar la fecha de vencimiento que estableció el Poder Ejecutivo para la reducción temporal de retenciones a ciertos productos agropecuarios. La medida oficial rige hasta el 30 de junio, y según explicó el legislador, su propuesta busca brindar mayor libertad a los productores para decidir cuándo vender, sin condicionamientos tributarios.
Quetglas cuestionó el tratamiento fiscal que recibe el campo y denunció un “doble estándar en el sistema tributario argentino”. Señaló que el agro es sobrecargado impositivamente para financiar servicios urbanos subsidiados, lo cual incentiva desequilibrios poblacionales y económicos entre regiones.
A su vez, advirtió que este tipo de decisiones, sin pasar por el Congreso, representan un deterioro del principio republicano que exige deliberación legislativa en toda política tributaria. En su análisis, las retenciones operan como un mecanismo extorsivo que afecta la soberanía del productor sobre el fruto de su trabajo. “Este tipo de presión a una persona que trabaja todo el año, siembra, fertiliza, cosecha, al menos debería tener el derecho de vender cuando quiera. Es una especulación legítima y parte de su soberanía como productor”, expresó.

“La tierra es fija, es mensurable, no se puede esconder. Entonces el agro se volvió el hijo bobo del sistema tributario. A otros sectores se los fiscaliza menos. Es injusto e ineficiente”, apuntó Quetglas. También criticó la falta de infraestructura rural como contrapartida de lo que se tributa y sostuvo que el sistema castiga especialmente a quienes son más fáciles de controlar, como el sector agropecuario, mientras otros operan con altos niveles de informalidad.
Finalmente, defendió la necesidad de “una política fiscal más equitativa y con reglas claras, en la que el Estado se ajuste a sus posibilidades” y priorice el desarrollo productivo con una mirada planificada. “La austeridad pública es clave para el desarrollo económico. Yo creo en la educación, la salud y la infraestructura pública. Pero no en el despilfarro. No podemos seguir sacándole rentabilidad al campo y no devolverle nada en caminos, conectividad o desarrollo rural”.
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