El presente indica que después de unos meses bajo el mandato de La Niña, el Pacífico tropical se encuentra ahora en una situación ENSO neutral, y los meteorólogos esperan que continúe así durante nuestro invierno. Neutral es también el estado más probable para la próxima primavera, y significa que ni El Niño ni La Niña estarán presentes y las condiciones estacionales globales serán menos predecibles. De ahí en más, los datos crudos indican que las chances de contar con un Niño este verano se ven por ahora debilitadas.
Desde luego, la distancia a los hechos torna más frágiles las proyecciones. Lo concreto hasta acá es que la Oficina Nacional de Administración Oceánica de Estados Unidos (NOAA por su sigla en inglés) ha decretado formalmente el final de La Niña, que tuvo su pico el último verano en estas pampas. La NOAA dice que durante marzo pasado regresaron las condiciones neutrales del ENSO, según lo reflejado por el sistema acoplado océano-atmósfera. Los gráficos disponibles muestran un escenario muy consolidado en este sentido.
Yendo a los detalles, la combinación del debilitamiento de las temperaturas por debajo de la media en el Pacífico central y la expansión hacia el oeste de aguas muy cálidas en el extremo oriental de este océano, ayudaron a disipar la superficie más fría de La Niña.

Dado que El Niño y La Niña pueden predecirse con meses de antelación, sus cambios conocidos respecto de las características del clima global permiten tener una visión temprana de los patrones estacionales futuros. La información disponible indica –con las fragilidades del caso- que para lo que resta de 2025, las probabilidades de que se produzca El Niño o La Niña aumentan más adelante en el año; las de La Niña son aproximadamente el doble de las de El Niño, pero la probabilidad más alta sigue siendo neutral hasta principios de nuestro verano.
Esta perspectiva se basa en gran medida en pronósticos de modelos climáticos informáticos. El Conjunto de Modelos Múltiples de América del Norte (NMME, por sus siglas en inglés), una colección de este tipo, también predice un clima neutral por unos meses, pero hay un rango sustancial de resultados potenciales para más adelante en el año.
En efecto, el rango de temperaturas predichas por los modelos individuales que forman parte del NMME, muestra que a finales de nuestro invierno, el sombreado abarca desde El Niño hasta La Niña, exhibiendo la gama de posibles estados ENSO. Sin embargo, la mayoría de los pronósticos de los modelos se concentran en el rango neutral, lo que significa que la probabilidad más amplia es que la temperatura en la región Niño-3.4 del Pacífico tropical esté cerca del promedio.

La NOAA indica que en general los pronósticos realizados en la primavera del hemisferio norte suelen ser menos acertados que los elaborados durante el resto del año, un efecto llamado “barrera de previsibilidad”. Un posible culpable es que ENSO tiende a cambiar de fase (por ejemplo, pasando de La Niña a neutral), si bien el tema no está definido.
Por su parte, el Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad (IRI, por su sigla en inglés) y el conjunto multimodelo de América del Norte confirman asimismo que el ENSO neutral continuará durante nuestro invierno. El equipo de pronóstico también favorece un ENSO neutral, con probabilidades de más del 50% hasta agosto-octubre. Debido a la menor precisión del pronóstico antes indicada, la incertidumbre aumenta en horizontes temporales más largos, con un 43% de probabilidad de ENSO-neutral y un 38% de probabilidad de La Niña durante noviembre de 2025 a enero de 2026 (las chances de El Niño son inferiores al 20%).
En resumen, transitaríamos una etapa neutral climáticamente hablando durante lo que resta del otoño y el invierno. Después de eso, lo que aparece como opción más probable tras una primavera también neutral, es que no tendremos un Niño este verano. Se sabe, es la fase más amigable para llevar adelante la gruesa en las principales regiones productivas de la Argentina.

Desde luego, si se tratase de otra Niña estaría gestándose una acumulación preocupante de fenómenos que no ayudan a la generación de altos rindes. Si bien no hay forma de modificar los comportamientos de la atmosfera, habrá que ir pensado en estrategias defensivas de más largo alcance
Los especialistas creen que a medida que nuestro otoño se convierta en invierno, la bola de cristal debería volverse más clara. Por ahora despedimos a La Niña y quedaremos en un escenario neutral al aguardo de lo que viene más adelante.
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