
En la vasta Patagonia, un centro de investigación está cambiando las reglas del juego en la ganadería ovina. Se trata del Laboratorio de Reproducción Animal de INTA Chubut, donde científicos combinan alta tecnología y genética de vanguardia para reescribir el futuro de los rebaños. Desde 2015, este centro ha desarrollado técnicas que prometen no solo optimizar la reproducción ovina, sino también redefinir cómo se entiende la mejora genética en el país.
De la naturaleza a la ciencia: un salto tecnológico
La clave del trabajo en este laboratorio reside en un proceso innovador que imita, pero a la vez supera, lo que ocurre en el cuerpo de los animales. Andrés Buffoni, investigador de INTA Esquel, lo explica con entusiasmo: “Extraemos óvulos de corderas pre púberes, los cultivamos en condiciones controladas y los fertilizamos in vitro. Luego, los embriones resultantes se transfieren a hembras receptoras para completar la gestación”. Este método, conocido como producción in vitro de embriones (PIVE), permite un nivel de control y precisión que no tiene precedentes en la ganadería ovina tradicional.
El impacto es doble. Por un lado, acelera los procesos de mejora genética: una cordera, que usualmente tendría su primera cría alrededor de los 16 o 18 meses, podría ser madre en apenas 9 meses gracias a estas técnicas. Por otro lado, multiplica los genotipos de alto valor en tiempo récord, abriendo un abanico de posibilidades para los productores.

Reducir el intervalo generacional
Desde su inauguración, gracias a un convenio entre el INTA y el Ministerio de Producción de Chubut, el laboratorio se posiciona como un referente en la región. Situado en la Estación Experimental Agropecuaria de INTA Chubut, este centro no solo desarrolla embriones, sino que busca responder a uno de los mayores retos de la mejora genética: reducir el intervalo generacional. “Acortar el tiempo entre generaciones es fundamental para avanzar en programas de selección genética de manera más eficiente”, señala Martín Femenías, otro de los especialistas del equipo.
Sin embargo, la tarea no es sencilla. La fertilización in vitro en ovinos enfrenta desafíos particulares, como la menor capacidad de los ovocitos de corderas pre púberes para formar embriones viables. Esto ha llevado a los científicos a investigar nuevas herramientas, como el uso de gonadotropina coriónica equina recombinante (reCG) para estimular los ovarios de las jóvenes corderas, aumentando sus posibilidades reproductivas.
Genética de elite: una apuesta para los productores
El objetivo final de este proyecto va más allá de los laboratorios. La meta es llevar estas innovaciones al campo, donde los productores puedan aplicar protocolos que potencien sus rebaños con genéticas de alto valor. En palabras de los especialistas, esta tecnología podría cambiar la ecuación económica para muchos productores, al permitirles multiplicar animales de calidad superior en menos tiempo y con mayor eficiencia.
El potencial es inmenso. Imagine rebaños con características optimizadas en productividad, resistencia y calidad de lana o carne, en un lapso de tiempo que antes parecía imposible. El Laboratorio de Reproducción Animal de INTA Chubut no solo está soñando con este futuro: lo está construyendo, un embrión a la vez.
Desafíos y oportunidades en la frontera de la ciencia
Aunque los avances son notables, los investigadores reconocen que aún queda trabajo por hacer. “No se trata solo de generar embriones, sino de garantizar que sean viables y que el proceso sea accesible para los productores”, afirma Buffoni. Pero si algo queda claro, es que la combinación de ciencia, tecnología y visión estratégica puede transformar la producción ovina en Argentina.
En un mundo donde la innovación es clave para enfrentar los desafíos de la producción agropecuaria, el equipo de INTA Chubut marca el rumbo con una propuesta tan ambiciosa como fascinante. Y mientras los embriones se gestan en las estufas de cultivo, el futuro de la ganadería ovina argentina ya está dando sus primeros pasos.
Fuente: Inta
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