
Rivera es un pequeño pueblo enclavado en el corazón de la provincia de Buenos Aires, donde el silencio y el rugir de los motores conviven en armonía entre el tradicional paisaje de campos de cultivo y ganado, sustento fundamental de muchas familias. Aquí, Germán Todino aprendió a vivir entre la tierra y el asfalto, una dualidad que define su vida. La tranquilidad rural contrasta con la adrenalina de las pistas, pero ambos mundos tienen algo en común: la pasión y el trabajo en equipo.
La sangre tira: el “gaucho de Rivera” pasó de maniobrar tractores, cosechadores y camiones a correr autos de fórmula. Esa vida de campo lo ha moldeado tanto como el rugido de los motores. “El campo es mi esencia, mis raíces”, dice con orgullo, y no es solo una frase hecha. Su familia, que se dedica desde hace años a la ganadería y la agricultura, ha sido su pilar, acompañándolo en cada paso, desde los primeros circuitos de karting hasta el Turismo Carretera. “Nosotros siempre fuimos fierreros”, comenta, revelando la conexión familiar no solo con la tierra, sino también con el automovilismo.
<b>El legado familiar: entre la boina y el casco</b>
Germán Todino no es solo un piloto, es un hombre de campo. Su familia, los Todino, lleva generaciones trabajando la tierra. Además, su padre y su tío lograron cumplir el sueño de abrir un frigorífico propio en Carhué, una empresa que para Germán representa el esfuerzo de toda una vida. “Mi viejo era carnicero y siempre quiso esto. Es una satisfacción enorme”, comenta.

Pero más allá de la chacra, lo que define a Germán es su capacidad para alternar entre ambos mundos. Después de cada carrera, donde el casco es su herramienta, vuelve al campo y se coloca la boina, símbolo de su identidad rural. ¿Habrá dado más vueltas en el tractor o más vueltas en la pista? De algo no hay duda: pese a ser uno de los pilotos más jóvenes y talentosos del país, jamás ha perdido el contacto con sus raíces.
<b>La familia y el automovilismo: motores que lo impulsan</b>
Su conexión con el automovilismo comenzó en la familia. “Arranqué por mi tío Gastón, que corría en zonales, y mi abuelo también era fierrero”, cuenta Germán. A los seis años, ya estaba subiéndose a los primeros kartings, y desde entonces no paró de acelerar. Pero, a pesar de su creciente éxito en las pistas, la vida en el campo siempre estuvo presente.
“Hoy, mi día a día varía entre las carreras y el campo”, explica Todino. Aunque ha dado un paso al costado del trabajo agrícola diario para concentrarse en el automovilismo, nunca deja de estar presente para su familia. “Voy al campo a acompañar, no a trabajar fijo como antes, pero nunca dejo de estar. Es mi hobby, mi esencia”, afirma con determinación.
<b>El equilibrio perfecto entre dos pasiones</b>
Campeón del TC Mouras en 2018, Germán Todino ha competido en varias categorías del automovilismo argentino, logrando grandes resultados que lo convirtieron en un héroe de su querido pueblo. No caben dudas: el automovilismo lo ha llevado a pisar grandes escenarios, pero cada vez que regresa a Rivera, su vida retoma el ritmo pausado de la chacra. Germán encuentra un equilibrio entre la velocidad de las pistas y la calma del campo, dos mundos que se cruzan constantemente en su vida. “El campo y las carreras me formaron como soy, no podría elegir entre uno y otro”, reflexiona.
Con un gran futuro en el Turismo Carretera y una trayectoria que lo ha convertido en uno de los jóvenes más prometedores del automovilismo argentino, Todino se perfila como un referente tanto en la pista como en la vida rural. “Mi meta ahora es ser campeón del Turismo Carretera”, confiesa, “pero nunca voy a dejar el campo”. Esa mezcla de sueños, ruedas y raíces profundas en la tierra es lo que lo hace diferente, y su capacidad de dar vueltas para lograr campeonatos y para cultivar historia es lo que lo convierte...en un real campeón.
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