
La situación es atípica, del mismo modo que la realidad es inclemente. Reuters da cuenta de un país donde la oferta de leche se ha convertido en todo un problema debido a la caída de la tasa de natalidad y los bolsillos flacos de los consumidores. Se trata de China, el mercado que alguna vez ilusionó a los exportadores del mundo y en el cual ahora los pequeños productores están siendo obligados a salir del negocio.
En alguna medida la situación es consecuencia del intervencionismo estatal. Se dan de bruces los esfuerzos de Beijing -enancados en la llamada seguridad alimentaria- para impulsar su sector lácteo, y las consecuencias de lo que fue la política de hijo único que aplicó férreamente al PC chino entre 1980 y 2015. Desde entonces, este país ha levantado gradualmente el límite de natalidad de uno a dos hijos, y luego a tres en 2021, en un intento por detener una crisis demográfica inminente. Incluso se han llevado a cabo campañas nacionales para fomentar una cultura pronatalidad a medida que la población china se reduce y envejece a un ritmo alarmante.
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Una caída en los nacimientos ha significado que menos bebés necesitan fórmula láctea. La tasa de natalidad de China en 2023 fue un mínimo histórico de 6,39 por cada 1.000 personas. El mercado chino de leche de fórmula infantil se redujo. Por cierto, alguna vez soñamos con colocar volúmenes crecientes en esta plaza, algo que parece muy difícil por estos días.
Agobiado por una economía lenta que ha debilitado la demanda de alimentos más caros como el queso, la crema y la manteca, el consumo de leche chino cayó de 14,4 kg per cápita en 2021 a 12,4 kg en 2022, el último año para el que hay datos disponibles.
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Reuters destaca que en el mismo tiempo, la producción de leche en China, tercera en la generación del producto a nivel mundial, aumentó a casi 42 millones de toneladas el año pasado. Los precios de la leche en este país han caído debajo de los costos y el envió a faena de grandes cantidades de hacienda de tambo contagió la crisis al sector de la carne vacuna, con la baja de los precios de importación que padecemos desde hace un tiempo.
Siempre detrás de la idea de la autosuficiencia alimentaria, el gobierno alentó en 2018 el crecimiento de granjas y usinas lácteas, incluso con la importación de cientos de miles de vacas Holstein. Ahora se ha intensificado la propaganda destinada a aumentar el consumo, sobre todo de productos de mayor valor con una vida útil más larga, pero los chinos se han ajustado el cinturón.
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El drama es que las empresas lecheras siguen perdiendo plata y achicándose. Desde ya las importaciones de leche se han caído severamente, incluso un 21% para la leche en polvo. Desde Rabobank advierten que “el prolongado ciclo descendente de los productos lácteos podría seguir afectando al volumen de importación en 2025″.
Para gestionar el exceso de producción, los productores chinos están convirtiendo la leche cruda en polvo, creando un excedente a finales de junio de más de 300.000 toneladas, según la Asociación de Lácteos de China, aproximadamente el doble del nivel del año anterior.
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Buscando una salida a la situación, China está tratando de exportar leche entera en polvo, pero ese potencial está limitado por los recuerdos del escándalo de adulteración producido hace unos años. Incluso muchos consumidores chinos prefieren marcas extranjeras a pesar de los esfuerzos del gobierno por mejorar la regulación alimentaria y aumentar la confianza. China exportó 55.100 toneladas de productos lácteos en el primer semestre de 2024, un 8,9% más año contra año, pero es solo una pequeña parte de su excedente, según advierte Reuters.
Las cuentas no cierran. La dependencia de los productores lecheros chinos de un costoso alimento para sus animales significa que sus gastos de producción son casi el doble de los del principal exportador, Nueva Zelanda, donde el ganado consume exclusivamente pasto.
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El exceso de oferta interna ha hecho que sea más fácil para Beijing recortar las importaciones de quesos, leches y cremas desde la Unión Europea recurriendo a una disputa comercial con el bloque, aunque se trata de productos de nicho y la medida hará poco para moderar el exceso de lácteos.

“Si bien esto puede proporcionar un alivio a corto plazo para los tamberos chinos, no abordará los problemas más profundos, como la sobreproducción y el estancamiento de la demanda”, dice un analista de bienes de consumo. No quita que algunos vendedores de lácteos mantengan sus esperanzas en este mercado asiático. En Dairy Australia se niegan a dejar de lado a su principal cliente. Según Reuters, aún creen que el negocio del queso se expandirá en el futuro.
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De fondo queda el fracaso del Estado repartiendo de forma discrecional bienes, beneficios y funciones entre los habitantes de un país. Las consecuencias en este caso han sido muy negativas. La libertad de mercado, con sus más y sus menos, parece mucho más razonable.
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