
En las verdes llanuras de Tucumán, un grupo de investigadores del INTA Famaillá está llevando a cabo una labor pionera que promete cambiar el futuro de la producción de caña de azúcar en Argentina. Con la mirada puesta en los desafíos climáticos y las necesidades del sector, han adoptado una técnica biotecnológica innovadora: la mutagénesis in vitro. Aunque puede sonar complejo, este proceso es sorprendentemente accesible y ofrece una solución prometedora para mejorar tanto la productividad como la resistencia de las variedades de caña.
El objetivo de estos científicos es claro: desarrollar nuevas variedades de caña de azúcar que no solo prosperen en diversas regiones del país, sino que también presenten características agronómicas e industriales superiores. Valentina Di Pauli, una de las investigadoras líderes del proyecto, destaca la importancia de esta técnica. “La mutagénesis in vitro nos permite incorporar nuevos alelos al germoplasma, lo que es fundamental para generar la variabilidad genética necesaria en cualquier programa de mejoramiento”, explica.
La importancia de diversificar la genética
Uno de los mayores retos en el mejoramiento genético de la caña de azúcar es la baja diversidad genética disponible en el germoplasma subtropical, que es la base de las variedades utilizadas en la producción. En términos simples, muchas de las variedades actuales están estrechamente relacionadas, lo que limita la capacidad de introducir nuevas características beneficiosas. Aquí es donde entra en juego la mutagénesis in vitro.

Este método permite a los científicos crear mutaciones controladas en el ADN de las plantas, generando cambios heredables que pueden ser seleccionados por sus ventajas. A diferencia del cruzamiento sexual tradicional, que depende de la variabilidad natural, la mutagénesis in vitro abre un abanico de posibilidades para desarrollar plantas que sean más resistentes a las condiciones adversas como la salinidad, la sequía o las bajas temperaturas.
Di Pauli resalta que este enfoque no solo es innovador, sino también práctico. “Es una técnica relativamente simple y económica, especialmente si la comparamos con otras técnicas biotecnológicas. Además, nos permite trabajar con una gran cantidad de plantas en un espacio reducido, lo que optimiza el proceso de selección”, afirma.
Un proceso meticuloso con grandes beneficios
El desarrollo de nuevas variedades de caña a través de la mutagénesis in vitro es un proceso que involucra varias etapas, cada una cuidadosamente diseñada para maximizar los resultados. Todo comienza en el campo, donde los investigadores seleccionan cogollos de caña de azúcar de variedades ya desarrolladas por el INTA. Estos cogollos son llevados al laboratorio, donde son desinfectados y preparados para el cultivo in vitro.
Una vez en el laboratorio, se somete a los tejidos vegetales a tratamientos mutagénicos, que pueden incluir agentes físicos o químicos. Estos agentes inducen cambios en el ADN de las plantas, creando mutaciones que los científicos esperan que introduzcan características beneficiosas. Pero aquí no termina el proceso; los tejidos tratados pasan por una fase de regeneración, donde se cultivan nuevas plantas a partir de los tejidos mutados.
Estas plantas, una vez regeneradas, son llevadas a invernaderos donde se aclimatan a condiciones más cercanas a las del campo. Solo las plantas que muestran características prometedoras son finalmente trasladadas al campo para su evaluación en condiciones reales. “Hasta ahora hemos optimizado los protocolos de cultivo in vitro para varios genotipos de caña, y seguimos trabajando en nuevas variedades que tienen baja regeneración de plantas”, comenta Di Pauli.
Pensando en el futuro del campo argentino
El trabajo realizado por el equipo de INTA Famaillá no solo se centra en mejorar la producción actual, sino también en anticiparse a los desafíos futuros. En un contexto de cambio climático, donde las condiciones de cultivo son cada vez más impredecibles, la capacidad de desarrollar variedades de caña que sean más resilientes es crucial.
“Estamos muy enfocados en buscar variedades que puedan adaptarse mejor a diferentes zonas de cultivo, con una mayor tolerancia a distintos tipos de estrés ambiental”, explica Di Pauli. Este enfoque es esencial para garantizar que la producción de caña de azúcar en Argentina no solo sea sostenible, sino también competitiva a nivel global.
Además, la investigación en mutagénesis in vitro ofrece otra ventaja significativa: la posibilidad de ampliar la base genética del programa de mejoramiento de caña. Al incorporar nuevas características genéticas, los científicos no solo están mejorando las variedades actuales, sino que también están creando un banco genético más diverso, lo que es vital para el éxito a largo plazo de cualquier programa de mejoramiento.
Hacia una mayor diversificación y productividad
Uno de los aspectos más prometedores de esta investigación es la posibilidad de que las nuevas variedades de caña de azúcar mejoradas lleguen pronto al campo de los productores. La disponibilidad de nuevas variedades es clave para la diversificación varietal, lo que a su vez contribuye a mantener los cañaverales más sanos y productivos a lo largo del tiempo.
“Esperamos que en un futuro cercano, los productores cañeros puedan acceder a estas nuevas variedades mejoradas por mutagénesis in vitro. Esto no solo les permitirá enfrentar mejor los desafíos actuales, sino también estar mejor preparados para los que vendrán”, concluye Di Pauli.
Fuente: Inta
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