
La última subasta del Global Dairy Trade, en alguna medida el punto de referencia para los precios internacionales de los lácteos, trajo buenas nuevas para la actividad. En cuanto a la leche en polvo, nuestro principal producto de exportación, se anotó la cuarta suba consecutiva, y ahora cotiza en USD 3.408, lejos de los USD 2.548 de agosto del año pasado. Pero además, los valores han vuelto a los precios de los primeros días del año en curso, cuando se inició una caída que pobló de dudas la rentabilidad de la actividad a nivel mundial durante el primer trimestre.
Es cierto, la Argentina no es Uruguay, que ubica fronteras afuera el 80% de su producción de leche y donde la suerte de la actividad depende crucialmente de los valores de exportación. Nuestro país, con una población más grande y problemas organizativos igualmente más amplios, vende fronteras afuera una proporción mucho menor de su producción de leche, pero al menos esta tendencia global les quita un justificativo a quienes pretenden pagar precios deprimidos en tranquera.
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Los números indican que en abril pasado las exportaciones de productos lácteos argentinos totalizaron 28.867 toneladas, por un valor de USD 102,9 millones. Implica que cayeron 3,7%, y 4,3% en volumen de producto y en dólares, respectivamente, en relación al mes anterior. Por su parte, en la comparación interanual para este mes las exportaciones trepan 12,9% en volumen y 2,9% en cuanto a ingresos en moneda dura.

Considerando el acumulado del primer cuatrimestre del año, los despachos al exterior aumentaron un 8,4% en volumen, pero los ingresos cayeron en dólares un 2,5%, en tanto los litros equivalentes superaron los primeros cuatro meses de 2023 en un 9,6%.
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Respecto de la distribución de las exportaciones en grandes rubros en función al valor total en dólares para el período enero-abril de 2024, la leche en polvo explica el 43.5% de los negocios, al tiempo que los quesos tienen el 29,4% del share. El resto corresponde a dulce de leche, manteca, aceite butírico, suero, lactosa, caseína, yogures, etc.
El análisis del primer cuatrimestre del año respecto de los volúmenes exportados indica un crecimiento del 21.6% para la leche en polvo y del 9,3% para los quesos, y un retroceso del 7,3% para el resto de los productos.
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Lo cierto es que en modo alguno la exportación de lácteos logra evitar la caída de la producción de leche en el país, que se ha ido profundizando durante la primera parte del año, acumulando una merma en los volúmenes del 14,5% para el primer cuatrimestre respecto de igual período de 2023.
Es fácil comprobar además que los denominados “sólidos útiles” (grasa butirosa y proteína) cayeron un 15% en el primer cuatrimestre de 2024 (promedio diario), prácticamente en la misma magnitud que lo hizo la producción de leche, lo cual indica un cuasi sostenimiento de los tenores de grasa butirosa y proteína.
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En algunas zonas del país los datos vienen mejorando, y se espera que la situación se vaya revirtiendo paulatinamente y así pasar a valores positivos entre agosto y septiembre. De todos modos se estima un acumulado anual que se ubicaría entre 4% y 6% por debajo del volumen generado en 2023.

Cabe recordar que en el último cuatrimestre se genera alrededor del 38% de la producción total del año. De ahí que es crucial levantar los precios para incentivar al productor. Claro, el problema para la industria es el deprimido poder de compra de la población en los días que corren, más allá de todos los cuestionamientos que le caben al primitivo sistema de comercialización de leche en la Argentina.
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La lechería argentina está estancada desde hace décadas. Su último gran crecimiento se dio durante los años 90, con reglas de juego claras y estabilidad. Ahora viene de soportar cuatro años de intervencionismo y serias dificultades climáticas, y necesita un cambio urgente.
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