
Desde la sede nacional del PJ, Cristina Fernández de Kirchner envió su aviso inicial frente a los tiempos ásperos que se le vienen, ya con condena firme por la causa Vialidad. Bajo impacto del fallo de la Corte, dijo lo esperable: habló de “proscripción” y “cepo” al voto popular. Y en los hechos, buscó mostrar que aunque queda fuera de carrera como candidata -así será de por vida- no regalará nada en la batalla para conservar poder partidario. Puede parecer contradictorio, pero distintos factores, propios y ajenos, confluirían para sostenerla en ese lugar, al menos en el corto plazo.
La ex presidente venía redoblando su trabajo interno y lo expuso no sólo en la convocatoria a la protesta, sino además con despliegue de contactos para asegurar adhesiones domésticas y ratificación a la apuesta para mantenerse como excluyente contraparte del Gobierno. Eso último, bienvenido por el círculo de Olivos, que de todos modos registra un desajuste en su imaginario electoral, con el agregado de una expectativa demasiado urgente sobre la crisis de liderazgo en el peronismo/K.
En el terreno práctico, surge para todos la necesidad de ajustes en los movimientos para la elección de septiembre en la provincia de Buenos Aires, trascendental como siempre y original a la vez por el desdoblamiento dispuesto por Axel Kicillof. Será una batalla con ocho frentes -cada una de las secciones electorales-, ahora sin CFK como candidata para el sur del GBA y como foco central de la disputa.
Van a jugar y confrontar entonces diferentes estrategias: privilegiar candidatos locales, hacer valer el peso de intendentes, destacar la marca partidaria o de coaliciones, nacionalizar la competencia. Y en este punto, la pregunta es cuánto pesa y cómo juega la condena e inhabilitación de la ex presidente, decidida seguramente a convertir su lugar de detención -se descuenta que domiciliaria- en centro de peregrinación, concentración y marchas peronistas. Por lo menos, en los primeros tiempos.
La idea de fin de ciclo, de todos modos, podría generar cuentas políticas apresuradas. Por lo pronto, parece evidente en el peronismo que algunos por lealtad y otros por cálculo mantendrán las posiciones de rechazo a la resolución de la Corte Suprema. Están a la vista los matices que expusieron los gestos de respaldo a CFK. No todo fue alineamiento militante.
En las horas previas al fallo que cierra el camino de la causa Vialidad, el dato significativo de la interna fue anotado por Kicillof. La presencia del gobernador bonaerense fue difundida como el gesto mayor para limitar la disputa en el propio kirchnerismo. Casi en el mismo plano, aunque por afuera del núcleo K, fue destacado el documento del espacio que responde a Sergio Massa. Y se sumaron respaldos de legisladores nacionales y de jefes provinciales que parecían poco interesados en quedar expuestos en una pelea hasta entonces muy bonaerense. En igual sentido, son visibles los diferentes grados de entusiasmo en las filas sindicales.

Difícil que alguien vaya a desmarcarse antes de octubre. Y eso es así por variadas razones. En primer lugar, naturalmente, porque las consideraciones dependerán de la cosecha -nacional y por provincia- del oficialismo y de los distintos espacios de la oposición en la elección de octubre. Y en esa perspectiva, las cuentas del peronismo incluyen el voto K o, dicho de otra forma, la influencia de la ex presidente en franjas no estrictamente del PJ. El punto, como desde hace rato, es si CFK asegura un piso pero a la vez impide superarlo.
Por lo pronto, está claro que la nueva situación de la ex presidente esta lejos de ser un hecho aislado. La causa Vialidad terminó siendo la primera con condena firme, pero están abiertos otros casos. Eso, en el frente judicial. Y en el terreno interno, la disputa en la provincia y antes, su decisión de asegurarse la conducción del PJ ya indicaban que está en discusión la etapa de jefatura indiscutible.
Igual, tal como analizan políticos con largo kilometraje, convendría no confundir la apertura del camino para un proceso de recambio doméstico en el PJ con el fin automático del liderazgo de CFK. En lo inmediato, y más allá de movilizaciones y protestas -algunas violentas, como la sufrida por las instalaciones de TN-, es visible que la confirmación de la condena a la ex presidente marca un punto de quiebre, perfila un giro crucial en la interna del peronismo. Se verá cómo evolucionan los tiempos.
Los tiempos son también un tema de peso para el oficialismo. Está claro que el mileismo prefería una batalla directa con Cristina Kirchner candidata en Buenos Aires. El discurso puede decir otra cosa, pero desde las cercanías de Karina Milei había trascendido alguna expectativa sobre tiempos más largos de la Corte. Para algunos, los suficientes para llegar a la oficialización de listas en la provincia de Buenos Aires.
El fallo de la Corte fue destacado en las redes por Javier Milei, que dedicó más líneas a una nueva carga contra periodistas. Esta vez por los trascendidos originados en el circuito oficialista sobre la apuesta a una disputa electoral directa con la ex presidente. Por supuesto, con el antecedente del ruidoso fracaso del proyecto de Ficha Limpia.
En el oficialismo conviven necesidades o anhelos difíciles de compaginar. Atrae la especulación sobre una crisis cercana y profunda del peronismo como consecuencia del fallo de la Corte. Y a la vez, surge el desafío de sostener a CFK como contracara en un esquema de campaña polarizada. Más en el fondo, eso mismo expresa la base conceptual compartida por el kirchnerismo y resumida en la construcción del “enemigo”. Eso último, del lado mileista, demanda que la ex presidente se sostenga como jefa peronista.
Existe, más allá del juego cruzado, un interrogante sobre el real impacto social de la decisión de la Corte. Está claro que sacude al mundo político. Y como sea, se anota en los manuales de Historia.
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