
“No me voy a meter. Es una pelea de familia. No soy intermediario ni mediador”. Contundente. Explícito. Sin doble sentido. Sergio Massa fue claro con un dirigente bonaerense que lo visitó en las últimas horas en sus oficinas de Avenida Libertador. El enfrentamiento al que se refería es el de Cristina Kirchner y Axel Kicillof, que ha generado un sinfín de especulaciones en las arterias del peronismo.
Al líder del Frente Renovador (FR) no le interesa meterse en esa interna de mesa chica, ni tampoco en la que protagoniza el armado político del gobernador bonaerense y La Cámpora. Les repite a todos sus interlocutores más o menos lo mismo. Hay que correrse de los enfrentamientos y empezar a reorganizar el espacio opositor. Basta de internas.
La posibilidad de armar una mesa tripartita junto al Gobernador y la ex presidenta no aparece en el orden de sus prioridades. No cree que sea necesaria. Ni esa ni ninguna mesa política que se convierta en un punto de encuentro. A uno de sus últimos íntimos se lo hizo saber con unas pocas palabras: “El que filtra esas cosas es porque quiere que haya quilombo y la mesa no se haga. Yo no estuve ninguna mesa con ellos”.
Tampoco cree que tenga sentido armar una mesa política en la provincia de Buenos Aires o a nivel nacional. ¿El motivo? No resuelven nada. El ex ministro está convencido que las diferencias entre Kirchner y Kicillof se liman en un mano a mano entre ellos, y que la interna del peronismo bonaerense se resuelve de arriba hacia abajo antes del armado de listas del año que viene.

“El peronismo no se va a suicidar. Va a ser competitivo. Ir por separado es regalarle el triunfo a Milei. ¿Quién va a poner la cara y se va a hacer cargo de eso?”, le dijo al mismo dirigente bonaerense que lo visitó y le planteó sus reparos sobre la posibilidad de que el año que viene el peronismo tenga dos listas en el territorio bonaerense, idea que nació del armado político y territorial de Kicillof.
Massa cree que hay que frenar el proceso de discusión pública. Que hay que discutir las diferencias, pero puertas adentro, sin filtración a la prensa, sin mensajes en redes sociales, sin discursos públicos. Y también está convencido que ser un mediador no es una opción válida. Habla con los dos y mantiene el buen vínculo. Pero de ahí a meterse como un nexo para bajar las tensiones existentes, hay una distancia enorme.
Está cansado de las peleas internas. Es una constante en el peronismo desde hace varios años, cuando eran gobierno. Una forma de hacer saber su fastidio es lo que dice cuando le consultan sobre si es posible que haya dos listas para legisladores bonaerenses. Una del camporismo y otra del kicillofismo. “Si hay dos, hay tres”, sostiene, anticipando que pondría sobre la mesa una lista del Frente Renovador.
No es la primera advertencia que hace. En una entrevista con Infobae, el presidente del FR, Diego Giuliano, anticipó que si la interna se seguía profundizando, iban a evaluar una salida de la coalicion. Son mensajes políticos directos que todos saben interpretar. Muestras de descontento con tanto ida y vuelta de reproches.

Massa no solo cree que la interna bonaerense daña al espacio político, sino que los que están debajo de Kicillof y alimentan la conflictividad, le restaron centralidad al gobernador bonaerense y lo hicieron caer en las encuestas. “Nos hacen perder el tiempo en vez de ayudarnos a ordenar”, planteó en una de sus últimas reuniones.
La molestia es con el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, y los dirigentes que están en esa mesa política, como Mario Secco, Fabián Cagliardi, Andrés “Cuervo” Larroque y Carlos Bianco. El problema no son ellos cómo dirigentes, sino como alimentan la interna en la provincia. Entiende que algunos de ellos buscan rédito personal y en el afán de confrontar con La Cámpora, desperfilan al gobernador.
En los últimos encuentros que tuvo les marcó a sus interlocutores que no hay una fecha de regreso a la escena pública. No hay un día señalado en el calendario. Dio de baja cualquier especulación sobre una aparición que retumbe en el escenario político. En algún momento volverá, pero no sabe cuándo ni cómo. Quienes están cerca de él dicen que la voluntad de este año es que tomen protagonismo otros dirigentes, más allá de que la conducción de él siga vigente y sin fisuras. Pero detrás de escena.
Todos los meses se reúne con diputados, senadores y gobernadores de Unión por la Patria (UP). También con los integrantes de Fundación Encuentro y la mesa política del Frente Renovador. “Todos creen que hacer política es pararse y hacer que el mundo gire alrededor tuyo. Y el mundo sigue girando igual”, fue el planteo que le hizo a un legislador con el que compartió un termo de mate hace poco tiempo. Explicaciones sobre su silencio público.

Mientras tanto, le dedica tiempo a escuchar jóvenes y empresarios pymes. Los recibe en sus oficinas o se integra a algunos asados que arman dirigentes cercanos a él. Ya vendrá el tiempo de las definiciones políticas de fondo. “Es momento de escuchar”, repite entre sus íntimos.
En esos encuentros suele hablar del modelo proteccionista del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump. “Mientras él cuida a los trabajadores norteamericanos, los argentinos pierden su trabajo”, les dice. Habla de apertura indiscriminada de importaciones y de la perdida de competitividad que hay en el mercado argentino.
Es también lo que hace su socia política, Cristina Kirchner. Los dirigentes correntinos y santafesinos que la vieron en las últimas semanas destacaron el tiempo de escucha de la ex presidenta. “Nos escuchó más de lo que habló”, retrató uno de ellos. Ella también resalta la política de Trump.
En definitiva, tanto Massa como CFK necesitan información de la dirigencia de base y la ciudadanía para saber con claridad las necesidades de este tiempo. Les sirve para el diagnóstico y la proyección de un nuevo programa político y económico. Mantienen su rol de líderes pero de diferentes formas. Ella con mayor exposición en el escenario público y buscando centralidad plena. Él cultivando el perfil bajo y estirando su reaparición.
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