
La mitad de la biblioteca del Gobierno asume que fue Alberto Fernández el hombre clave para mantener la unidad política del Frente de Todos, tomar decisiones de fondo y acordar con Sergio Massa y Cristina Kirchner la modificación del Gabinete y, acto seguido, el lanzamiento de un nuevo plan económico.
“Alberto está bien. Es el que habla con la CGT, con los gobernadores del PJ, el que la llamó a Cristina, el que cerró lo de Massa. Sigue siendo, en definitiva, el punto de unidad de la coalición”, indicaron cerca del Presidente.
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La otra mitad cree que fue la Vicepresidenta la que visibilizó que la gestión ya no tenía futuro y presionó para que Fernández ejecute los cambios que renovaron el aire en el gobierno nacional, y que le dieron vida una nueva etapa. Es decir, que el cambio llegó gracias a su insistencia.
“Cristina fue la que ordenó toda esta situación. Lo que está pasando ahora, ella ya lo había anticipado en el 2020. Advirtió muchas de las cosas que están sucediendo en la economía. Lo tenía en claro y no la escucharon”, sentenciaron en el kirchnerismo.
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Sea quien sea el responsable del presente, en ambas veredas de la coalición oficialista aceptan que la llegada de Sergio Massa al ministerio de Economía, Producción y Agricultura generó un ordenamiento político. Movimiento determinante para sostener el nuevo programa económico y evitar que la batalla interna siga degradando la credibilidad y la confianza del Gobierno.
La interna que desgastó al Gobierno empezó a congelarse el domingo que el Presidente, pese a resistirse durante gran parte del día, resolvió llamar a Cristina Kirchner para acordar el reemplazo de Martín Guzmán. “Silvina Batakis fue la que permitió que los dos se volvieran a hablar. Fue importante”, reflexionó un funcionario cercano a Fernández.
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Batakis no fue la gestora, sino el punto de unidad en la emergencia. Y, a partir de ese momento, siguieron un puñado de reuniones entre Alberto y Cristina; la insistencia y las gestiones de Massa para modificar el Gabinete y dar un golpe de efecto; el alineamiento de los gobernadores peronistas pidiendo que el entonces presidente de la Cámara baja se sume al Ejecutivo; y el silencio de La Cámpora como forma de tregua.
“Lo importante es que hubo un ordenamiento de la política. Alberto y Cristina entendieron que su suerte está atada y que todavía queda una chance para poder ganar las elecciones el año que viene. Lo que falta ahora son los resultados económicos”, precisó un importante funcionario nacional.
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En el Gobierno nadie puede arriesgar cuándo se verán los primeros resultados de la gestión Massa. Todas las proyecciones quedan perdidas en una nube. Además, saben que, tal como dijo el nuevo ministro de Economía, julio y agosto serán meses muy duros respecto al dato de inflación que dará a conocer el Indec.
En el oficialismo esperan que la inflación de julio esté entre los 8 y los 9 puntos. Un número que volverá a marcar un récord histórico. Los datos que se aproximan conspiran contra el nivel de expectativas que logró generar Massa. En ese sentido, será importante que el Gobierno se muestre unificado y cohesionado. Con un solo discurso y un solo objetivo. Asomar la cabeza.
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“Ahora tenemos un hospital de campaña. Estamos atendiendo heridos. Principalmente los que tienen más urgencias. Tenemos que pasar la inflación de julio y de agosto. Después empezará otro momento. En septiembre tendremos otra perspectiva”, se ilusionó un dirigente de confianza del Presidente.
El alineamiento político que se logró por los cambios de emergencia quedará expuesto hoy en una foto que simboliza los tiempos de paz. Momentos que en el peronismo nadie sabe cuánto durarán. “Todo dependerá de los resultados. Veremos”, se atajó un importante funcionario kirchnerista sobre la durabilidad de la tregua.
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A las 11 de la mañana, Alberto Fernández, Sergio Massa, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, y el jefe de Gabinete bonaerense, Martín Insaurralde, estarán en la inauguración del Mercado de Lomas de Zamora, una actividad que estaba flotando desde hace un par de semanas y que la Casa Rosada decidió realizar este martes.
Esa armonía es la que le sirve a Massa para mostrar la reunificación del Frente de Todos, sostén político fundamental para aplicar su plan de acción. Sin paz interna, no hay proyección positiva posible. Pero esa paz estará atada a los resultados que pueda obtener y la intención de todas las partes para estar en la misma frecuencia pese a las diferencias.
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Por ejemplo, en la actualidad la relación entre Alberto Fernández y Axel Kicillof no es la mejor. Se hablan lo mínimo e indispensable y casi no comparten actos cada vez que el Presidente pisa el conurbano bonaerense. Así fue durante gran parte de este año. Es un coletazo de la crisis interna del Frente de Todos.
“Alberto quiere ir al conurbano sin Axel. Él va a los actos cuando los intendentes lo invitan”, ironizó un funcionario cercano al Gobernador. En en el gobierno bonaerense sostienen que la relación es “normal”, pero asumen que está dañada. Y, además, destacan que ellos siempre actuaron de la misma manera. Tiran la pelota en el campo de la Casa Rosada.
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Las suspicacias también sobrevuelan el Palacio de Hacienda y el futuro del plan económico. La sensación de que el partido no solo no se ganó, sino que aún hay que jugarlo completo. “Sergio asumió hace 5 minutos. Necesita empezar a gestionar. Hay que esperar. Ahora se tiene que poner los pantalones cortos y los botines. Tiene que salir a la cancha. Ojalá que le vaya bien. Nos interesa a todos”, asumió un ministro nacional.
La interna peronista solo está congelada, detenida en el tiempo, pero permanece alojada en el subsuelo del Gobierno. Las diferencias, esta vez, no impiden el ordenamiento político. El acuerdo tripartito de la cúpula del Frente de Todos sirvió para calmar y esconder los resquemores. Si los resultados no son positivos, las diferencias pueden aparecer por la ventana otra vez.
Mientras tanto la foto de hoy mostrará que el Gobierno está más compacto y que las grietas internas se pudieron disimular. Fue por conveniencia y necesidad. Pero lo importante es, en todo caso, que se lograron achicar.
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