
Todas las semanas Alberto Fernández tiene por delante la difícil tarea de marcar el rumbo de su gestión sin el poder que suele tener cualquier presidente, pero mucho más uno que es peronista. El kirchnerismo no solo cuestiona la dirección de ese plan de acción, sino que le da a entender, a través de discursos públicos, que le falta valentía para pelear contra el poder concentrado.
“Cristina nos enseñó que no había que tenerle miedo a la pelea con el poder. La independencia económica requiere que nuestros gobernantes tengan la valentía”, dijo la senadora cristinista Juliana Di Tullio durante el acto que Anabel Fernández Sagasti y “Wado” de Pedro organizaron en Mendoza con distintos sectores del PJ y que estuvo cargado de críticas al Gobierno.
Otra senadora kirchnerista también envió un mensaje al Presidente. “Veo que no hay un oído en el pueblo en las altas esferas. No puede ser que después de tantos años de derechos y conquistas hayamos retrocedido tanto como para poner un pie en el interior de la provincia y encontrarte que está en el 2001″, sentenció la chaqueña María Inés Pilatti Vergara durante una entrevista radial
Los dardos tienen un solo destino y es la oficina que el Presidente ocupa en el primer piso de la Casa Rosada. No hay dudas. Aunque no lo nombren, los cuestionamientos están direccionados y son parte de una embestida de críticas contra la gestión de Fernández. Ejercicio que el kirchnerismo lleva adelante desde hace tiempo y que alterna momentos de mayor o menor virulencia.

El Presidente evita enfrascarse en la discusión interna. Al menos, lo intenta. Aunque muchas veces se salga de libreto, como pasó durante la gira europea, cuando apuntó directamente contra Cristina Kirchner en una entrevista con un medio español. Quiere salir de la interna y abrazarse a la gestión y, sobre todo, al plan económico de Martín Guzmán.
El respaldo al ministro de Economía sigue tomando volumen con el paso de los días. La decisión de que la Secretaría de Comercio, que dirige el kirchnerista Roberto Feletti, pase a la órbita de la cartera que controla Guzmán, empoderó la figura del ministro, quien viene siendo criticado, en forma permanente, por el kirchnerismo.
Lo que sigue hacia adelante en la historia de Fernández es ver cómo reconstruye su poder político para afrontar el último tramo de la gestión. El acto que el histórico sindicalista Gerardo Martínez le organizó en una sede la UOCRA en Esteban Echeverría, no solo dejó gusto a poco, sino que expulso la falta de respaldo político que sufre el Presidente.
El acto fue ideado para respaldar al Jefe de Estado y resaltar la recuperación de puestos de empleo. Un evento de esa envergadura política, en un contexto de crisis interna como el que vive el Gobierno, sirve para saber donde está parado Fernández. La política está llena de gestos y señales que describen la realidad sin que hagan falta las palabras.

Al acto de la UOCRA fue un solo gobernador, menos de la mitad del Gabinete, los líderes de los movimientos sociales más cercanos al Presidente, la cúpula de la CGT y ningún intendente del conurbano. El rey se quedó desnudo de poder. La foto expuso la inexistencia de un armado político robusto y articulado que sostenga a Alberto Fernández.
El Jefe de Estado no solo tiene la necesidad de recomponer su poder, sino que necesita marcar un rumbo más definido que calme la impaciencia que hay dentro del peronismo sobre el futuro del gobierno nacional y el Frente de Todos. Un sector le pide una tregua con Cristina Kirchner y otro que, definitivamente y sin que le tiemble el pulso, le marque la cancha al kirchnerismo.
Si Fernández tiene alguna ilusión de buscar la reelección, tiene por delante la necesidad de concentrar y gestionar el poder que pueda, en el tiempo que le queda. Sino lo hace él, lo hará el kirchnerismo. O sino algún nuevo nombre que aparezca con proyecciones electorales para el 2023. Pero el peronismo necesita una conducción política férrea y la necesita ya.
En el Frente de Todos existe la necesidad de empezar a conocer un rumbo de cara al año electoral. Saber si es con un acuerdo entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, si ese acuerdo no tiene futuro y se deben empezar a tejer alianzas para forjar una opción que aglutine al peronismo de centro derecha, o si la coalición está destinada a implosionar antes de que se lleven adelante los comicios.
El peronismo necesita una brújula y reducir el nivel de especulaciones. Ese sentimiento es palpable en todas las terminales del Frente de Todos, donde abunda la decepción y el desconcierto.
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