
Hasta la madrugada de hoy, Alberto Fernández tenía decidido no pagar al Fondo Monetario Internacional (FMI) una deuda de 731 millones de dólares que vence mañana si el staff y el board del organismo multilateral de crédito no acepta su última propuesta política para reducir el déficit fiscal en los próximos cinco años.
El Presidente y Kristalina Georgieva mantuvieron un zoom que unió Olivos con Washington, y pese al diálogo ameno, la negociación quedó con rumbo incierto. No hubo acuerdo entre ambos respecto a la velocidad de reducción del déficit y todo ya se asemeja al Juego de la Gallina.
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Tras la conversación entre Alberto Fernández y la directora gerente, un paper informal que circuló ayer en Balcarce 50 resumió las diferencias que existen -año por año- entre la Argentina y el FMI:
-Año 2022: el Fondo Monetario Internacional propone 2 puntos del Producto Bruto Interno (PIB), mientras que el Gobierno pretende 2.5 del PIB.
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-Año 2023: el FMI exige 1.4 del PIB, en tanto que la Casa Rosada contra ofertó 2 puntos del Producto Bruto Interno.
-Año 2024: el Fondo fijó 0.7 del PIB, frente a un punto (1) del Producto Bruto Interno que ofreció el Ministerio de Economía.
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-Año 2025: el Fondo Monetario estableció cero (0) de déficit para este ejercicio fiscal, ante el planteó de 0.5 del PIB que hizo la Argentina.
-Año 2026: el FMI y Balcarce 50 coincidieron que el déficit fiscal debería ser neutro (cero).
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Las diferencias entre Argentina y el Fondo implican un choque frontal de concepciones políticas y roles institucionales.
Alberto Fernández se ciñe a su propuesta alegando que no aceptará un plan de ajuste económico, mientras que el FMI reclama ese esquema de reducción del déficit argumentando que es la mejor manera de pagar la deuda de 44.000 millones de dólares contraída por Mauricio Macri.
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Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa coinciden en la estrategia de negociación frente al FMI. Hasta ahora, no hay fisuras internas, ni dobles intenciones políticas.
El Presidente dialogó ayer con CFK y Massa al menos en 5 oportunidades, y Martín Guzmán contestó 14 veces las llamadas directas desde el celular del jefe de Estado. Los principales líderes de la coalición oficialista juegan como una troika, y hoy habrá un circuito de consultas permanentes para tomar la decisión final ante el Fondo.
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La reticencia de Alberto Fernández a cancelar el pago de 731 millones de dólares que vence mañana, puede afectar su circuito de contactos institucionales en Washington. La Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos aceptó ablandar sus cuestionamientos técnicos a la propuesta argentina, tras una reunión que mantuvo Jake Sullivan- consejero de Seguridad Nacional- con Joseph Biden en la Casa Blanca.
Biden permitió que Sullivan se encontrará con Janet Yellen, secretaria del Tesoro, para lograr que atenuara sus críticas al plan de la Argentina para reducir el déficit fiscal. Y sobre ese camino político trazado en un pantano, el staff y Georgieva se mostraron más flexibles ante las propuestas económicas y financieras de Guzmán.
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Al mismo tiempo que Sullivan operaba en la Secretaría del Tesoro, Antony Blinken-secretario de Estado-, Juan González -asesor de seguridad de Estados Unidos para América Latina-, Ricardo Zúñiga -un asesor clave de Blinken- y los legisladores demócratas Bob Menéndez y Gregory Meeks, actuaban sobre el board del FMI y la propia Yellen.
Esta poderosa maquinaria de lobby político hizo su faena, pero no alcanzó para cerrar el acuerdo entre Argentina y el Fondo, a pocas horas del vencimiento de 731 millones de dólares.
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Esa falta de acuerdo sorprendió al establishment de DC: esperaban un resultado positivo y un rédito político a cobrar en el salón Oval.
Desde la perspectiva presidencial, el staff del FMI se abroquela en conceptos burocráticos y reglas preestablecidas que quedaron fosilizadas como consecuencia del COVID-19 y su efecto demoledor en la economía global.
Y por eso aún no hubo acuerdo con el Fondo.
Cerca de las dos de la mañana, Martín Guzmán terminó su último zoom con Luis Cubeddu y Julie Kozack, los principales negociadores del staff del FMI que trabajan bajo las órdenes directas de Kristalina Georgieva. Fue una conversación larga, repleta de tecnicismos, que no encontró salida al laberinto.
Alberto Fernández -que solo a la madrugada chateaba con Guzmán-, se dio hasta las 8 de la noche. A esa hora decidirá si patea el tablero, o paga al FMI y continúa negociando.
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