Apenas la nombró una vez con el título institucional del lugar que ocupa: Vicepresidenta. En su discurso de relanzamiento de gestión no estuvo la frase cómplice dirigida a Cristina Kirchner para mostrar empatía y cercanía, tal como sucedió en el cierre de campaña en Merlo, cuando Alberto Fernández dio señales claras de querer mantener la unidad del espacio. Esa tarde la ex jefa de Estado le dio vuelta la cara.
Frente a una Plaza de Mayo llena, después de perder en las elecciones de medio término, el Presidente gozó, por primera vez desde que arrancó su gestión, de centralidad absoluta. En los gestos, en la presencia de todos los integrantes del Frente de Todos y en el discurso, se reflejó la voluntad de Fernández de empoderarse para comenzar una nueva etapa de gobierno. “Tuvo su primera Plaza de Mayo propia”, reconoció uno de los funcionarios más cercanos al Jefe de Estado.
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Anoche el Presidente recibió a cerca de 30 intendentes del conurbano bonaerense en la Quinta de Olivos. También estuvieron el Jefe de Gabinete, Juan Manzur; el ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro; el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa y los ministros que más vinculo tienen con los jefes comunales, que son Gabriel Katopodis, “Juanchi” Zabaleta y Jorge Ferraresi.

En esa cena se mostró feliz y satisfecho por el respaldo obtenido durante la tarde de parte de los intendentes y los gobernadores. No fue una jornada más para Fernández. Durante la comida resaltó la necesidad de mantener la unidad pese a las diferencias y les pidió no meterse en internas que los desgastan a ellos y al Gobierno.
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Además, les agradeció por liderar la remontada en la elección del domingo. Los intendentes de la primera y tercera sección electoral fueron determinantes para que la coalición crezca en votos y para que el peronismo haya podido construir un relato sobre un triunfo que no fue, pero que los sacó del entresueño en el que habían quedado después de las PASO.
El único asterisco del acto fue la ausencia de Máximo Kirchner y los principales dirigentes de La Cámpora, entre los que se encontraban Mariano Recalde, Luana Volnovich, Fernanda Raverta, Andrés “Cuervo” Larroque, Mayra Mendoza y Anabel Fernández Sagasti, en la primera fila del acto, donde estaban todos los dirigentes del Gobierno. Arrancaron tarde desde el Obelisco, donde se habían concentrado, y llegaron a la Plaza de Mayo con el acto empezado.
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El ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro, también llegó tarde al acto. Cuando ya habían pasado varios minutos del comienzo del discurso presidencial. Cristina Kirchner no escribió en sus redes como lo suele hacer cuando quiere marcar su adhesión. Esos también son gestos. Y no del todo positivos.
En la antesala del acto desde la agrupación ultra kirchnerista dejaron en claro que la movilización era por el Día de la Militancia y para respaldar al Gobierno. La Cámpora mostró que está adentro de la coalición, pero distante del proyecto de empoderamiento de Alberto Fernández.
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El intento de absorber poder del Presidente parece ser el contrapeso necesario para equilibrar la guerra de influencias con Cristina Kirchner dentro del Gobierno, un movimiento que esperaban, desde hace tiempo, su círculo íntimo y un sector importante del peronismo que suele caminar por la vereda de enfrente a la del kirchnerismo.
“Quiero que el Frente de Todos se abra y que cada uno diga lo que piensa. Que entre todos encontremos una síntesis. Tienen a un Presidente y una Vicepresidenta que quiere trabajar en el mismo sentido”, explicó el Presidente en su discurso.
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Se encargó de dejar en claro que no tiene ánimo de romper la coalición ni de iniciar una guerra con Cristina Kirchner. Dentro de la relación bipolar que tienen, esta última semana el vinculo es fluido y se da en buenos términos. Ambos hablaron después de las elecciones y antes de que se concrete el acto.

La etapa que viene es con la Vicepresidenta como aliada, pero en un rol de menor influencia al que tuvo en los últimos dos años. Fernández necesita hacer crecer su poder para no quedar todo el tiempo bajo la sombra de la ex mandataria. Los gobernadores, que en su gran mayoría se ausentaron ayer, quieren al Presidente fuerte para que Cristina Kirchner no avance sobre el peronismo.
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Si bien su voluntad siempre es la de llegar a acuerdos para mantener el equilibrio interno, el desgaste de la gestión y de su relación con la Vicepresidenta, lo obligaron, empujado por una porción importante del peronismo, a dar una muestra de poder hacia adentro y hacia afuera de la coalición. Señales necesarias para no quedar encerrado en el traje de un presidente débil y sin conducción.
Gobernadores, intendentes y legisladores del peronismo del interior esperaban un gesto de autoridad de Fernández después de la elección. Necesitaban saber cuál era la voluntad del jefe de Estado, puertas adentro de la coalición, después de atravesar dos años en los que vivió múltiples cortocircuitos con su compañera de fórmula. El más marcado se terminó convirtiendo en una crisis política interna que deterioró la credibilidad del gobierno nacional.
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El discurso de Fernández de ayer se convirtió en ese gesto esperado. “Mostró centralidad. Expuso la idea de ‘acá estoy yo, soy el Presidente, volvamos a empezar’”, fue el retrato de un legislador que miraba de reojo al Presidente en los últimos meses. Un intendente del conurbano siguió esa línea: “Tuvo mucha energía el Presidente, parecía decidido a ejercer el poder”. “Fue una muestra de unidad e identidad”, reconoció un importante ministro del Gabinete.
Más allá de la recepción positiva que hubo en el Gobierno, aún hay cautela sobre el accionar del mandatario y desconfianza sobre lo que pueda hacer la Vicepresidenta. “Era importante esta centralidad de Alberto. La necesitaba. Es volver a empezar. Quizás en un mes estamos peleados todos otra vez. No se sabe”, fue el resumen de un funcionario cercano a Fernández.
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Esa sensación se replica en otros paradores de poder del Frente de Todos. El acto le permitió a Alberto Fernández moldear, a toda velocidad, una nueva identidad. El primer paso para lograrlo fue instalar la idea de que habían ganado la elección del domingo, aún perdiéndola. Le permitió generar en un clima más positivo del que todo el peronismo esperaba.

Fernández impuso en su discurso la idea de que el que conduce el Gobierno es él. Y, al mismo tiempo, reconoció que el Frente de Todos tiene un organigrama de poder que debe ser horizontal. Para gobernar se necesitan todas las piezas del rompecabezas y que la puja por pisar más fuerte no termine en autoboicots permanentes. Fueron mensajes internos dirigidos a Cristina Kirchner.
En el círculo de dirigentes propios saben que si el proceso de empoderamiento funciona, el kirchnerismo empezará a poner palos en las ruedas. Para ellos hay una sola jefatura política que tiene absoluta centralidad en el gobierno y es la Vicepresidenta. Pero para eso el plan de acción tiene que surtir efecto.
El Presidente parece estar decidido a llevar adelante el segundo tramo de la gestión en un marco de unidad, pero con el sable de General bajo el brazo. La conducción bicéfala no dio buenos resultados. Desde el discurso quedó en claro el camino que quiere seguir. A partir de hoy lo tendrá que certificar en los hechos. El peronismo mirará cada movimiento con atención.
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