
Los ataques y contraataques de campaña entre el Gobierno y Juntos por el Cambio se terminaron el viernes 10 de septiembre, cuando la veda electoral los obligó a todos a guardar un respetuoso silencio y cortó la verborragia política del contrapunto incesante y, muchas veces, vacío.
Luego vinieron las PASO, la derrota electoral del oficialismo, las interpretaciones del triunfo de la oposición y la crisis del Gobierno con una bomba de renuncias que cayó en el centro de la Casa Rosada y fue lanzada desde el campamento que controla Cristina Kirchner.
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Durante esa semana la oposición se sentó a contemplar las peleas internas del Frente de Todos y se abrazó al perfil bajo. Un dirigente de la UCR lo explicó en una frase más sencilla y contundente: “No hay que hacer nada si el otro se equivoca”.
El vínculo entre los dos espacios políticos volvió a tensarse cuando desde Balcarce 50 dieron a conocer los nombres de los nuevos ministros. La oposición aseguró que se clarificaba lo que venían diciendo desde que arrancó la gestión de Fernández: la verdadera dueña del poder es Cristina Kirchner. Y empezaron a trabajar el discurso en esa dirección. Otra vez.
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La Vicepresidenta presionó al Presidente para concretar los cambios de Gabinete y las modificaciones se hicieron. Y los nombres que llegaron tienen un punto en común: fueron funcionarios durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. El argumento estuvo a merced de la campaña opositora.
En el kirchnerismo asumen que la jugada política de la Vicepresidenta fue fuerte pero que si la gestión mejora, habrá surtido efecto el jaque mate de Cristina a Alberto en el tablero peronista. “El presidente de la empresa pensó que no había que hacer cambios y muchos de los accionistas pensaban que sí, y lo hicieron sentir”, resumieron sobre la semana caótica del Gobierno.
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Pero el punto de inflexión fue el anuncio de una de las medidas sanitarias más relevantes por parte del gobierno nacional. La ministra de Salud, Carla Vizzotti, acompañada del flamante jefe de Gabinete, Juan Manzur, comunicaron la decisión oficial de dejar sin efecto, a partir del 1 de octubre, la obligación de utilizar barbijo al aire libre.
La medida fue tomada por la oposición como un movimiento con fines electorales. Es decir, mostrar aperturas para ganar votos. En la Casa Rosada se defendieron, aseguraron que la medida estaba respaldada por los datos epidemiológicos y dieron vuelta la acusación.
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Apuntaron contra Juntos por el Cambio por el mismo motivo. Consideraron que fue una estrategia de la oposición que los obligó a defenderse para no quedar manchados por las acusaciones. Un ataque con fines electorales detrás de una medida sanitaria. Ese es el nivel de tensión y desconfianza con el que conviven el oficialismo y la oposición cada día.
“No resisten un archivo. Nos pedían abrir en el peor momento de la pandemia. Ya no saben que hacer para mantenerse vivos”, sostuvo un funcionario nacional, molesto por la crítica opositora y la polémica que se generó entorno a la medida de los barbijos. En Argentina casi todo se politiza y el final de los barbijos al aire libre, también.
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Al contrapunto de las aperturas se le sumó una desafortunada declaración del ex ministro de Salud bonaerense y actual candidato a diputado nacional Daniel Gollan, quien aseguró en una entrevista que “con un poco más de platita en el bolsillo, la foto de Olivos no hubiese molestado tanto”.
Esa mirada tenían en el Gobierno antes de las elecciones. Pensaban que el escándalo de Olivos era solo parte del microclima de la política y los medios, y que no iba a impactar en las urnas. Fue una percepción errada y puertas adentro de la Casa Rosada lo asumieron en los días posteriores a la elección. La foto impactó, la crisis económica también. Juntas o separadas. Sin embargo, Gollan no lo vio de la misma manera.
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Juntos por el Cambio escuchó al ex funcionario de Axel Kicillof y saltó a marcar la cancha. Es un modus operandi que les ha resultado en el último tiempo. Esperan que el adversario político tropiece con una frase, una medida o una imagen , y tratan de exprimirla al máximo en beneficio propio.
El radical Facundo Manes se subió rápido al ring y golpeó con fuerza con una frase sagaz. “Habría que preguntarle a los familiares de los casi 55.000 muertos en la provincia de Buenos Aires si su dolor se solucionaba con ‘un poco más de platita’”, aseguró. El oficialismo se quedó en silencio para no alimentar más la polémica.
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En un acto en Moreno, el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, cortó en seco los ida y vuelta con la oposición, haciendo funcionar su rol de vocero medido y sin frases estridentes. “No importa mucho lo que diga la oposición. Gobernamos todos los días y tomamos decisiones. Las tomamos durante 16 meses en la pandemia fortaleciendo el sistema sanitario y esta claro que hay más demandas que se resuelven mirando para adelante”, dijo.

Uno de los grandes problemas del gobierno nacional durante los últimos dos años fue la comunicación. Los errores no forzados y la falta de voceros. Por eso con este nuevo Gabinete en la Casa Rosada esperan tener una defensa más contundente de la gestión a través de los medios de comunicación.
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En el Gobierno buscan una campaña más prolija para este segundo tramo. Más volcada al trabajo territorial, cara a cara con los vecinos, con roles definidos al detalle entre los funcionarios y ministros, y con una impronta de gestión vertiginosa y abrumadora.
De eso se encarga el flamante jefe de Gabinete, Juan Manzur, que en los últimos días buscó recuperar la iniciativa del Gobierno con una agenda sobrecargada que empezaba a las 7 de la mañana y terminaba al caer la noche. En el oficialismo creen que ese ritmo podrá durar algunos días más y solo sirve para lavar la cara de la gestión. Pesa desde lo simbólico. Al menos, eso creen.
Mostrarse activos, vivos, en pie, después de la paliza electoral y la crisis política. Es indescifrable si esos gestos se traducen en votos, pero al menos le sirven al oficialismo para salir del letargo y la confusión en la que cayó después de las PASO.
La intención del Frente de Todos es evitar hablarle menos a la política y aumentar el acercamiento al ciudadano común. Salir del microclima, anunciar medidas económicas, sociales y sanitarias, y conservar sin grietas la unidad de la coalición. En ese camino cada traspié será un problema. En los últimos días demostraron que no están exentos de volver a caer.
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