
Alberto Fernández corona en videoconferencia su reciente gira externa. La conversación con Angela Merkel cubre el hueco del circuito europeo, generado por imposiciones sanitarias o por cuestiones de agenda de la canciller alemana. En cualquier caso, la charla virtual es un gesto. Y como en pleno viaje con escalas en Lisboa, España, Francia e Italia, la lectura no se limita a los deseos de Olivos. El kirchnerismo duro se encargó de sumar sus líneas, precisas y visibles, en cada caso. Desde el Senado, con el Presidente en Europa. Con una declaración pública, en la antesala del contacto pendiente y de mayor peso. Es un mensaje que supera por mucho la avanzada en la interna del poder: pega en un punto estratégico.
El mensaje se ha vuelto más ajustado y no sólo simbólico. Cuando el Presidente iba concluyendo su semana europea, el bloque de senadores oficialistas, que responde de manera vertical a Cristina Fernández de Kirchner, impuso un proyecto de declaración que buscó marcar el terreo con un reclamo al Ministerio de Economía sobre el destino de la ampliación de DEG que hará el FMI. Como si se tratara de una cuestión de caja, solicita que ese giro -equivalente a unos 4.300 millones de dólares- no sea utilizado pagar deuda sino para atender las necesidades que impone el coronavirus.
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Se dijo entonces desde el Gobierno que eso no complicaba, que no jugaba a contrapierna de la visión oficial y, sobre todo, que finalmente era un proyecto de declaración sin efecto práctico legal. Sin embargo, a nadie la pasaba inadvertido el sentido político, con la posición de Martín Guzmán golpeada por el caso del despido frustrado de un subsecretario de Estado y con la pulseada por las tarifas agotada, al menos de momento.
La lectura era compensada, y en ese cálculo también superada, por el supuesto impacto de la gira en el mismo terreno doméstico. El Presidente se había reunido con los líderes de Francia, España, Italia y Portugal. También con el Papa Francisco. Y había concretado el primer encuentro personal con la titular del FMI, Kristalina Georgieva. Hubo gestos y en los próximos días comenzará a verse hasta adónde llegan los efectos reales.
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Esta vez, la urgencia del calendario es más perceptible, porque en pocos días debería haber una señal concreta para dilatar el compromiso con el Club de París, que ronda en los 2.400 millones de dólares. Y la movida del kirchnerismo duro trasciende el “simbolismo” sobre el destino de los esperados DEG, como distribución del FMI a todos sus países miembro. La declaración, bajo el título desmedido de “Proclama del 25 de Mayo”, va más allá.
El texto repite el reclamo de los senadores y agrega, dato central, que el Gobierno apunte a la suspensión de los pagos por capital a intereses al Fondo y al Club de París. No habla de refinanciar los vencimientos que vienen y renegociar las deudas. Incluye sí, en su listado, el pedido de poda de intereses y cargas.
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Existe frente a este cuadro una especulación que cada tanto reaparece en círculos próximos al kirchnerismo. Y suena con melodía local. Interpreta que semejantes señales de presión de CFK y su círculo podrían jugar a favor de brindarle oxígeno al Presidente, como expresión “moderada” del oficialismo. Eso, como una apuesta frente a posiciones geopolíticas que en caso contrario, profundizarían los gestos hacia China y Rusia, y dejarían en segundo plano a Estados Unidos y los países de mayor peso en la Unión Europea.

Lo cierto es que la “proclama” del kirchnerismo llegó en la previa al contacto del Presidente con la canciller alemana. No expresa una cuestión de simple coincidencia con la fecha del 25 de Mayo. Y en todo caso, lo que sí demandaría un movimiento ajustado al calendario y sin tensiones domésticas son los compromisos que asoman en el muy corto plazo. Alemania es una pieza clave en ese tablero.
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El Gobierno necesita aval político externo para allanar el camino a un entendimiento con el Club de París, que por sus características constitutivas demanda un trato previo del país con el FMI. Una especie de garantía a ser monitoreada por ese organismo. Por esa razón urgente, se busca al menos un compromiso inicial que el Club de París pueda considerar suficiente para postergar el vencimiento que viene y rediscutir luego los plazos.
Lo que está a la vista como pedido es una enorme consideración política. A nadie resulta indiferente otro foco de tensión en tiempos de pandemia. Pero el oficialismo entra en zona de riesgo con las batallas internas. Es eso lo que expone el juego que viene dañando el poder presidencial. En este caso, con texto explícito. Y en otros, como el pliego pisado de Daniel Rafecas, con silencio expresivo.
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