La última entrega del “banderazo” no modificó el análisis dominante en el oficialismo: creen que los temas que motorizan las protestas –y en particular el capítulo de la Justicia- constituyen pretextos de una franja de la clase media, antiperonista, y que las cuestiones de interés social van por otro lado. No todos piensan igual, pero esa es la lectura que predomina, mezcla de malestar y subestimación. El ranking de preocupaciones sociales, según los muchos sondeos que circulan, sería encabezado por cuestiones de la economía. Nada para celebrar, entre otras razones porque corre en paralelo con la desconsideración del manejo de la pandemia. No es la agenda post pandemia imaginada.
Algunas encuestas que llegan a Olivos no son del entero agrado presidencial en líneas generales, aún aquellas que ponen lejos de la punta las reacciones críticas por la ofensiva oficialista en el frente judicial. Parece razonable. Expertos en el mundo de los sondeos de opinión señalan siempre que la tabla de posiciones depende del menú temático que se presenta. Un ejemplo: el recorte de fondos a la Ciudad de Buenos Aires no figura entre las preocupaciones si se aguardan respuestas espontáneas frente a una pregunta abierta, genérica. Pero un par de trabajos recientes muestran desacuerdo mayoritario –incluso bastante por encima del 50 por ciento- cuando se pregunta de manera directa sobre esa disputa.
Algo parecido ocurre con la cuestión de la Justicia y cuando se consulta acerca de la “reforma Judicial” o la presión sobre la Corte Suprema. También, con la impunidad o la corrupción como problemas de arrastre si son incluidas expresamente en los punteos cualitativos. Hay además un par de cuestiones que ningún consultor con kilometraje subestima. La primera es que el malestar -como los temores o preocupaciones- suele ser condensado en pocos rubros de manera espontánea y según la coyuntura: el coronavirus, un caso policial de alto impacto, un pico inflacionario. La segunda refiere a la condición contagiante de la clase media en términos de tendencias de opinión.

Las encuestas, aún tomadas con prevenciones, marcan similitudes en algunos puntos pero con diferencias porcentuales considerables. Las tendencias al menos asoman coincidentes. En esa línea se anota la valoración de la imagen presidencial, con un pico en marzo-abril y una pendiente sostenida desde entonces, de alrededor de 20 puntos. Algunos trabajos hablan de unos 50 puntos actuales y otros bajan a poco menos de 40.
En medio de tantos números, aparece un registro que refiere al sentido común: el desgaste de la cuarentena. Y aún los relevamientos de consultoras más vinculadas al Gobierno, exponen una fuerte caída de la consideración sobre el manejo de las restricciones frente al covid-19.
El Gobierno, por supuesto, hace rato comenzó a advertir ese mensaje. El paso en falso del Gobierno para comunicar el penúltimo capítulo de la cuarentena –sin Alberto Fernández- expresó una reacción frente al esmiralamiento de la figura presidencial en ese terreno. No fue bueno el remedio y resultó corregido en la última entrega. Del mismo modo, se sucedieron distintos intentos de instalar una “agenda post pandemia”, en positivo. Es decir, que saliera del monotema por el lado de la recuperación económica.

En sentido contrario vienen operando el dólar, las cifras del parate económico en agosto después de un módico oxígeno desde fines de mayo, y otra vez los precios, especialmente de alimentos y otros productos de primera necesidad, con tarifas pisadas. Hoy llegan las cifras del Indec sobre septiembre. Se verá también la proyección sobre octubre.
Ese tema –y en rigor, el conjunto de temas económicos- escalan por encima de otros asuntos en los trabajos de consultores. Y vienen relegando como renglón de preocupación a títulos como el temor frente al coronavirus. La Justicia no figura de manera espontánea en las primeras líneas. Sí crecen las referencias a la inseguridad: después del tramo más restrictivo de la cuarentena, aumentó de manera sostenida como preocupación.
En síntesis, las expresiones de la crisis económica y social encabezan el listado de los sondeos: el empleo –el desempleo- , la inflación y la pobreza, en primera línea. Detrás, viene la inseguridad. No son temas de una agenda post pandemia deseada y tampoco sirven para bajarle el precio a otras demandas o inquietudes sociales.
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