
Desde Tandil, la adopción del intendente Miguel Lunghi de un nuevo esquema sanitario por el coronavirus renovó el agrietado vínculo entre el oficialismo y la oposición. En el peor momento de la pandemia, la dirigencia de Juntos por el Cambio salió en bloque a apoyar al tandilense, que fue cuestionado con dureza por el gobierno de Axel Kicillof por no ajustarse al cronograma preventivo que es el sello de la gestión sanitaria.
En La Plata, la medida anunciada por Tandil de establecer un sistema de “semáforo” epidemiológico fue considerada como un desafío abierto a la administración de la pandemia. Y el hecho hubiese quedado apenas en una controversia formal si no fuera que el propio jefe de Gabinete, Carlos Bianco, subió al escenario la rebeldía de Lunghi. “Parece la República separatista de Tandil”, le endilgó, y le advirtió que su comportamiento podría tener consecuencias “legales”.
La disputa escaló de manera inesperada, al punto que desde Tandil buscaban por estas horas bajarle el tono a la decisión municipal. En conferencia de prensa, Lunghi aclaró que “no abrirán nada nuevo” por lo pronto, y que en los estadios del semáforo se jerararquizará, además de los contagios, la ocupación de camas, la situación del personal médico y la “realidad local”. Sin embargo, el cruce con el gabinete de Kicillof generó una oportunidad en Juntos por el Cambio para dar una nueva batalla contra el kirchnerismo.

“Amenazar a un intendente como lo hicieron con Lunghi demuestra tres cosas: prepotencia institucional, desconocimiento de la autonomía municipal y que no conocen la provincia”, fustigó el intendente de Vicente López, Jorge Macri. “Sería bueno que el gobernador le explique a su Gabinete que los intendentes fuimos electos el mismo día que él y tenemos rango constitucional. Esto no es una estudiantina a la que se llevan puesta con prepotencia”, continuó.
Jorge Macri tiene un peso gravitante en el armado del macrismo bonaerense. Su comentario hostil no es habitual de parte del primo del ex presidente, que mantiene una línea de diálogo abierta con el Gobierno. En Vicente López manejan un criterio menos restrictivo para la cuarentena, donde se habilitan permisos que no necesariamente requieren de la aprobación del gobernador.
"Desde hace tiempo funciona así en la práctica” en muchos municipios, reconocen desde Vicente López, que desde junio viene reclamando aperturas. El propio Lunghi habló de esa desregulación de facto para implementar el esquema del semáforo. “Hay más de 15 ciudades de fase 4 que tienen abiertos gimnasios y natatorios, pero lo hacen sin informar, haciendo la vista gorda. No es lo que nosotros queríamos hacer, sino trabajar con transparencia y previsibilidad”, contrastó Lunghi sobre la realidad bonaerense.
En el municipio de San Isidro, el intendente radical Gustavo Posse, se mostró afín con la mirada de Tandil. Pionero del take away “plus” con mesas de bares al aire libre, aclaró se van a mantener dentro de los esquemas establecidos, aunque con una perspectiva de reaperturas ante la estabilización de los contagios. “Es muy difícil decirle a alguien a 500 km de distancia qué puede funcionar y qué no. Cada municipio tiene su propio sistema de salud y su propia realidad. En la primera parte de la pandemia estábamos todos de acuerdo en cerrar, en esta etapa, ¿por qué le vas a imponer a un municipio qué hacer?”, sostuvo el jefe comunal.
Según Posse, el cortocircuito con el gobernador desnuda un viejo desacople entre La Plata y los gobiernos municipales, que desde 1994 -con la reforma de la Constitución Nacional- no tuvo una readecuación del régimen municipal bonaerense. ″Esto pone en tela de juicio las autonomías. Que venga a alguien desde la Capital con su mirada empezó hace 30 años con nosotros, los radicales, se dio con Graciela Fernandez Meijide, Carlos Ruckauf y siguió. No quiero meterlo a Kicillof en esto, que viene de una muy buena elección, es algo que trasciende a los partidos", planteó el intendente de San Isidro.
El mensaje opositor cuestiona la autoridad de Axel Kicillof en la gestión sanitaria, cuya lapicera permite regular las autorizaciones y permisos de actividades económicas en cada distrito. Aunque la disconformidad de la oposición sobre los criterios de aperturas no es nueva, ese tipo de fisuras no se habían observado ni con la Ciudad de Buenos Aires, donde los cruces por las aperturas son frecuentes. El jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, siempre esperó el aval del presidente Alberto Fernández para decretar las habilitaciones. Otra intendencia opositora, de buen diálogo con el Frente de Todos, dijo a este medio que iba a mantenerse en el esquema de autorizaciones.

Como era previsible, el Comité Nacional de la UCR apuntó contra “los ataques” que recibió Lunghi de parte de funcionarios de Axel Kicillof. También se pronunció el ala “dura” del partido, como el jefe de la bancada de Juntos por el Cambio en Diputados, Mario Negri. “Los criterios para manejar la pandemia tienen que ser solidaridad y responsabilidad. Si Tandil decidió generar un semáforo de riesgo según condiciones sanitarias objetivas, es un paso adelante. Salud y economía se protegen con buena gestión y no con discursos vacíos”, dijo el legislador.
En esa línea, la máxima autoridad de la UCR bonaerense, Daniel Salvador, también salió a acompañar al intendente díscolo. “El gobierno de Tandil es un orgullo para los radicales de la provincia. Mi absoluto respaldo a las decisiones del intendente Miguel Lunghi, porque no solo es un hombre comprometido con sus vecinos sino también por la salud pública de su ciudad”, planteó el ex gobernador de María Eugenia Vidal en su cuenta de Twitter.
Desde el interior bonaerense, una intendenta del radicalismo reivindicó lo hecho por Tandil. “Los intendentes conocemos el territorio, la esencia y lo que le pasa a la gente. Lunghi, además, tiene un plus: es médico y conoce mucho de salud. ¡Vaya que tiene autoridad para armar su propio esquema!”, señaló Érica Revilla, de General Arenales.
La tensión sanitaria con la provincia de Buenos Aires llega en un momento bisagra para el radicalismo. Es que hay importantes diferencias sobre cómo encarar la relación con el Gobierno y la mirada sobre la pandemia, ante un escenario de creciente deterioro económico y social. Aunque los contagios no merman, la UCR bonaerense que conduce Daniel Salvador decidió avanzar en una interna electoral el 11 de octubre, que enfrentará al diputado Maximiliano Abad con Gustavo Posse. La UCR porteña, que respalda al intendente de San Isidro, decidió desmarcarse para priorizar la salud de sus correligionarios, y aplazó el evento hasta el 28 de marzo de 2021.
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