El dilema de los gobernadores de Juntos por el Cambio: cómo depender de la ayuda de Alberto Fernández sin perder el perfil opositor

Los mandatarios de la Ciudad de Buenos Aires, Mendoza, Jujuy y Corrientes aceleran las charlas para formar un bloque más homogéneo. Con serios problemas financieros, su principal auxilio lo brinda el Estado nacional. Cómo es la relación entre ellos y con el Gobierno

Horacio Rodríguez Larreta, Rodolfo Suárez, Gerardo Morales y Gustavo Valdés
Horacio Rodríguez Larreta, Rodolfo Suárez, Gerardo Morales y Gustavo Valdés

Si Juntos por el Cambio cruje en estas horas por las diferencias entre los duros y los dialoguistas respecto de su postura ante el Gobierno, hay cuatro dirigentes de ese espacio sobre quienes impacta de lleno el complejo dilema de cómo hacer equilibrio para asegurar la gobernabilidad sin perder el sesgo opositor que los llevó al poder.

Se trata de los gobernadores de esta coalición opositora, uno surgido del PRO, Horacio Rodríguez Larreta (Ciudad de Buenos Aires), y tres de la UCR, Gerardo Morales (Jujuy), Rodolfo Suarez (Mendoza) y Gustavo Valdés (Corrientes), que intensificaron los contactos entre ellos para coordinar sus acciones por una dura realidad que los une y un futuro cercano que los hermanará más todavía.

La realidad no es la misma para los políticos opositores que no tienen que gestionar un distrito y pueden extremar su postura contra el Gobierno que para los que necesitan del apoyo oficial: es que las provincias son cada vez más dependientes de la Nación en materia financiera porque las recaudaciones de los gobiernos locales en todo el país se desplomaron por la pandemia y el Estado nacional es su única fuente de financiamiento (y a la vez, el único que puede emitir dinero).

Tampoco ayuda al perfil combativo de los gobernadores opositores el hecho de que la Casa Rosada distribuya discrecionalmente los fondos públicos: es obvio que sería mucho peor el castigo oficial si alguna provincia pasara de una oposición política moderada a la enemistad manifiesta.

Rodríguez Larreta y Fernández
Rodríguez Larreta y Fernández

Para graficar ese riesgo circula un informe de la consultora Aerarium que tiene números sugestivos: las transferencias discrecionales del Estado nacional a las provincias bajaron entre enero y julio en distritos distanciados del Gobierno como Córdoba (9,2 puntos), Ciudad de Buenos Aires (2), Mendoza (1,2), Corrientes (1,5) o Jujuy (0,6), por ejemplo, mientras que en la provincia de Buenos Aires crecieron en un 660% los giros realizados por el Tesoro Nacional, ya que pasó de recibir $12.866 millones a más de $97.840 millones, o sea de una participación del 19,7% a una del 48,7% del total transferido.

Por eso la disyuntiva para los gobernadores de la oposición es clara: si se suben a la ofensiva de los halcones de Juntos por el Cambio contra Alberto Fernández, no podrán pagar los sueldos. Pero si se pegan demasiado a la Casa Rosada, se desperfilarán y su electorado puede darles la espalda.

El banderazo puso al desnudo estas necesidades distintas en las filas opositoras. Rodríguez Larreta sabe que tiene un margen de maniobra limitado en política en la medida en que se mantenga la emergencia sanitaria. Está obligado a coordinar las acciones para enfrentar la pandemia con el gobierno nacional y el bonaerense, y eso lo llevó a mirar con recelo una protesta callejera como la del 17A que, más allá de sus motivaciones, contradecía sus prevenciones contra los contagios.

Pero si la marcha opositora lo complicaba en múltiples sentidos, también es cierto que el jefe de gobierno tiene sobre su escritorio las encuestas que marcan que su imagen positiva ha crecido en la medida que se muestra moderado y con un franco espíritu de colaboración con la Casa Rosada.

En diciembre, el Presidente recibió a los tres gobernadores radicales
En diciembre, el Presidente recibió a los tres gobernadores radicales

De todas formas, y aunque Alberto Fernández lo consideró públicamente un “amigo”, Rodríguez Larreta cree que cuando pase lo peor de la pandemia se terminará la tregua y el Gobierno, por ejemplo, volverá a la carga para reducir por decreto los fondos de coparticipación para la Ciudad de Buenos Aires, como amagó a principios de año y luego congeló ante la irrupción del COVID-19.

El jefe de gobierno porteño mantiene una buena relación con los gobernadores de Juntos por el Cambio, pero el diálogo está lejos de convertirse en una estrategia común para encarar el vínculo con el Gobierno o para afrontar las diferencias internas en Juntos por el Cambio. Uno de ellos le dijo a Infobae que “tarde o temprano, vamos a tener que acercarnos y manejarnos en bloque”.

Aunque con matices, los cuatro coinciden en que Mauricio Macri debería dar un paso al costado para permitir una oxigenación opositora y el surgimiento de un liderazgo distinto, con una figura que exprese el 41% de votos de las últimas elecciones, pero sin el peso que representa la imagen negativa del ex presidente en el resto de la sociedad y que impediría hoy el sueño de volver al poder.

Gerardo Morales fue el que se acercó más a reconocer esa postura cuando criticó el viaje de Macri a Europa en medio de la pandemia. Afirmó que no le gustaban “algunas actitudes desde el exterior” del ex presidente y que “no es el jefe de la oposición”. Incluso dijo: “Hace un par de meses que no tengo contacto con Macri y el Presidente me llama día por medio preguntando cómo puede ayudar”.

Gerardo Morales, en el Congreso, luego de una reunión con diputados radicales
Gerardo Morales, en el Congreso, luego de una reunión con diputados radicales

Para algunos, Morales “sobreactúa” su buena relación con Alberto Fernández en busca de alguna tregua política porque siente que está cercado por el kirchnerismo: nadie se olvida que en marzo se alentaba la intervención del Poder Judicial jujeño y que hay presiones para que Milagro Sala sea liberada, mientras sus opositores agitan el colapso sanitario provincial para debilitarlo.

Los esfuerzos del mandatario de Jujuy para emitir señales positivas hacia el Gobierno son una concesión al pragmatismo, pero también implican el peligro de que se desdibuje su rol opositor y quede fuera de carrera como una de las máximas figuras nacionales de Juntos por el Cambio.

Morales volvió a hablar hace pocas semanas con Rodríguez Larreta, con quien estaba distanciado luego de la fuerte pelea que tuvieron en abril pasado, cuando la Policía de la Ciudad de Buenos Aires detuvo a un micro con 61 pasajeros que venía desde Jujuy, pese a que habían hecho la cuarentena.

Desde Corrientes, Gustavo Valdés puede mostrar una continuidad de solvencia fiscal en la provincia, aunque en los últimos tiempos no pudo evitar sobresaltos en las cuentas públicas. Hay quienes le atribuyen a esa situación una sugestiva definición que brindó en las últimas horas: a contramano de la postura de sus correligionarios radicales y de sus pares de Juntos por el Cambio, dijo que “hay que debatir” la reforma judicial que impulsa la Casa Rosada y que los cambios en el Poder Judicial necesitan “ser consensuados, y para que haya consensos se necesitan discusión y acuerdos”.

Valdés, reunido con el ministro del Interior, Eduardo Wado de Pedro
Valdés, reunido con el ministro del Interior, Eduardo Wado de Pedro

En mayo, el mandatario correntino ya se había alejado de los más intransigentes de Juntos por el Cambio, como Macri y Patricia Bullrich, cuando invitó a sus pares a “trabajar todos juntos” y a imitar “la foto de Alberto Fernández con Rodríguez Larreta” y llamó “aprender de los países desarrollados” en los que “no hay uno solo que esté juzgando a sus dirigentes políticos en el momento de la tormenta”.

Tres meses después, el 8 de agosto, Alberto Fernández le anunció a Valdés durante una videoconferencia que Corrientes se beneficiará con la puesta en marcha de obras cloacales y viales que representan una inversión de unos 5.000 millones de pesos. Por eso a nadie le pareció casual la postura del gobernador ante el banderazo: “No estoy en contra de los que protestan, pero no debe haber aglomeración de personas. No estoy politizando la protesta, hay gente que tiene cansancio. Tenemos que tener cuidado con este tipo de cosas porque pueden complicar la situación”.

En el caso del mendocino Suarez, la relación con el Gobierno es más sinuosa. Algunos lo atribuyen a la influencia que ejerce sobre el gobernador el titular de la UCR y diputado nacional, Alfredo Cornejo, aunque no ayudó a un vínculo fluido, por ejemplo, la renuencia del gobierno nacional en seguir financiando la central hidroeléctrica de Portezuelo del Viento por un conflicto con La Pampa.

Rodolfo Suárez
Rodolfo Suárez

El gobernador de Mendoza tuvo un cortocircuito con el Presidente a principios de agosto luego de que, durante un anuncio sobre la extensión de la cuarentena, puso como ejemplo a esa provincia, a Santa Fe y Córdoba para demostrar cómo crecían los contagios cuando pasaban a etapas más flexibles del aislamiento obligatorio. “Son apreciaciones inexactas”, escribió Suarez en su cuenta de Twitter.

Con Rodríguez Larreta, el mandatario provincial habla con frecuencia y tienen una relación que comenzó cuando Suarez fue intendente de la ciudad de Mendoza y ambos integraban el Grupo RIL (Red de Innovación Local), que propicia la coordinación de la tarea de jefes comunales de todo el país. En abril, para que no queden dudas, “Rody” Suarez difundió en Twitter una videconferencia que mantuvo con el jefe de gobierno porteño para administrar acciones en común contra la pandemia.

Ahora, los cuatro gobernadores de Juntos por el Cambio tienen nuevos motivos para estar unidos: el Gobierno quiere debatir en forma urgente en la Cámara de Diputados un proyecto de ley para refinanciar $126.000 millones que adeudan las provincias por medio del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS). De los 21 distritos involucrados, la Ciudad de Buenos Aires, Mendoza, Jujuy y Corrientes tienen en conjunto una deuda con la Anses que supera a los 5.000 millones de pesos.

Alberto Fernández aceptó una tregua de 45 días en este conflictivo panorama hasta que se sancione la norma, aunque las provincias se quejan de que ya les descontaron los fondos. Algunos malpensados sospechan de una maniobra del Gobierno para “canjear” este salvataje financiero por el respaldo de los legisladores provinciales a la polémica reforma judicial. ¿Qué harán los mandatarios opositores?

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