
En la residencia presidencial siempre hay agua mineral baja en sodio, edulcorante natural y té de dulce de leche. Aunque por la cuarentena Alberto Fernández se ve poco con su Vicepresidenta, pide comprar lo que a ella le gusta. Para él, gaseosa sabor pomelo y mate cocido.
Desde que decretó el aislamiento el Presidente mudó su trabajo de la Casa Rosada a la jefatura de gabinete en la quinta de Olivos, el sitio que hizo reacondicionar su amigo Néstor Kirchner y que Cristina Fernández utilizó incluso tanto o más que las oficinas de Balcarce 50.

De lunes a sábado pasa más tiempo ahí que en el chalet donde se instala sólo los domingos. Con la vice se hablan a diario, aunque en los últimos 50 días sólo se vieron personalmente tres veces. Las charlas fueron a solas, excepto el anuncio público que compartieron con ministros y gobernadores para anunciar la propuesta a los acreedores privados. A ella la recibe en el chalet, como a los amigos más íntimos que lo visitan los domingos, casi siempre para hablar de política aunque en un tono apenas más distendido.
Celoso de su intimidad, son pocos los que traspasan el límite familiar en el que se destacan Fabiola Yáñez (que sólo va a “Jefatura” para reuniones vinculadas con la niñez, como la última con representantes de Unicef) y Daniel Rodríguez, el intendente de la quinta que es a la vez el hombre que mantiene todo en orden y un fiel amigo.
Del Grupo Callao con el que encaró la campaña presidencial, a quien más se ve es Santiago Cafiero. El jefe de Gabinete suele trabajar por la mañana en Casa Rosada y por la tarde en Olivos. Si llega temprano, alcanza a sumarse al almuerzo de equipo.
Estanislao Fernández, el hijo del Presidente, llegó a la casa de huéspedes unos días antes del decreto de aislamiento social. A instancias de su padre se instaló con Galactus, su gato gris. Discreto, no cede a los pedidos de sus fans para mostrar en sus charlas en vivo por las redes sociales, dónde y cómo vive. Apenas se ve un sillón gris, la mesa del comedor y la mayoría de las veces alguna ventana o puerta detrás suyo. La casa tiene habitaciones preparadas para el caso de que algún colaborador presidencial necesite alguna noche quedarse a dormir.

Además de las reuniones formales con empresarios, sindicalistas, gobernadores, intendentes y epidemiólogos, hay un grupo más reducido que la mesa chica presidencial que acompaña a Fernández en forma permanente desde hace 50 días. De los ministros, los más asiduos son Ginés González García, de Salud, con parte de su equipo, y Martín Guzmán, con el que más se entiende y habla Cristina Fernández de Kirchner. Por el ala política, a Cafiero se le suma Eduardo ‘Wado’ De Pedro, también favorito de CFK. Ambos van de la Rosada a la quinta casi todos los días. Eventualmente, por cuestiones de coyuntura, han sido convocados tanto el canciller Felipe Solá como el ministro de Obras Públicas Gabriel Katopodis y el intendente de Hurlingham, Juan Zabaleta, que tiende puentes incluso con sus colegas de la oposición.
Son menos que en la Rosada los que se ven a diario en Olivos. Entre ellos se destacan viejos amigos del peronismo porteño como el secretario general Julio Vitobello, que permanece no menos de diez o doce horas en la residencia presidencial. Al menos tres veces a la semana es llamado a la quinta por el propio Presidente el diputado nacional Eduardo Valdés, que se quedó con las ganas de festejarle el cumpleaños el 2 de abril, y también Juan Manuel Olmos, su jefe de asesores y amigo.
El secretario de Comunicación y Prensa Juan Pablo Biondi es tan omnipresente como Vitobello y Gustavo Béliz, el hombre que prácticamente se ha convertido en puntal de cada decisión, especialmente en materia económica, de deuda y gestor ante organismos multilaterales. Día a día, el secretario de Asuntos Estratégicos se ha vuelto imprescindible. Alberto Fernández le agradece a él y a los amigos en común que se haya sumado al Gobierno.

El Presidente no se saltea las comidas. La hora del almuerzo es una excusa para puntear gestión. Son reuniones de trabajo en las que el chef prepara pastas, risottos y polenta. Casi todos platos excedidos en calorías que evitan los más frugales: Béliz y Vitobello. Algunos mediodías Fernández acepta bife con ensalada, según la recomendación médica. No siempre hace caso a la dieta y él mismo reconoció en varias entrevistas que subió de peso en campaña y volvió a subir en lo que va del aislamiento. En la Rosada sus almuerzos eran distintos, solía aprovecharlos para tener algún gesto diferencial y comía a solas con algún gobernador, ministro o dirigente importante.
De los asesores, algunos días se puede ver atravesando el portón de la calle Villate al antropólogo Alejandro Grimson. Y casi es un habitué Julián Leunda, vicejefe de asesores. El secretario de Relaciones Parlamentarias, Fernando ‘Chino’ Navarro, se divide entre el Conurbano profundo, su despacho en Casa Rosada y algunas visitas a Olivos. Como Sergio Massa y Máximo Kirchner, presidente de Diputados y del bloque del Frente de Todos respectivamente, aunque en ambos casos van por cuestiones bien puntuales. Sin mucho detalle dicen que el hijo de CFK hace un par de semanas no va a la quinta.
Como única distracción, el Presidente toca a veces la guitarra y se ha devorado algunas series que recomienda como Poco Ortodoxa, Califato y Fauda. En ocasiones, cuando termina la jornada laboral, camina por los mismos senderos que caminaba conversando con Néstor Kirchner en medio de los jardines. Lo hizo incluso con Cristina Fernández la tarde en que convocó a los gobernadores. También se traslada en carrito de golf, aunque no practique ese deporte. Lo usó obligado en los días en que le dolía un tobillo después de haber pisado mal un escalón.
En las reuniones suele colarse el collie Dylan que hasta se queda junto a la mesa en los almuerzos colectivos. Al Presidente se le afloja la sonrisa cuando aparece su perro al que le dedica unas caricias en medio de cualquier reunión. Casi parece que lo ayuda a liberar alguna tensión.

Lo que escasea es la presencia femenina. En la conferencia de prensa de ayer Fernández lamentó no haber podido abrazar a Cecilia Todesca, vicejefa de gabinete, en el día de su cumpleaños. La saludó vía teleconferencia. Es uno de los pocos nombres de mujer que se oye en los discursos presidenciales. Carla Vizzotti, la vice de Salud, es una de las pocas que llega a Olivos que ha ganado aceptación general y se destaca en los informes cotidianos.
La más asidua visitante es además defensora y militante de género y lidera junto a otras funcionarias la red femenina del Gobierno. Vilma Ibarra además no se queda callada y en la semana volvió a quejarse porque en una foto importante no hubo referentes mujeres. Ibarra goza de la máxima confianza presidencial y tiene permitido el reclamo hasta en Twitter. A cargo de la redacción de los decretos que a toda hora se suben al Boletín Oficial tiene además el privilegio de usar el escritorio presidencial, aunque no logre aún que le hagan caso con el cupo femenino.
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