En plena campaña electoral, los candidatos presidenciales saturan los medios, las pantallas y las redes con sus declaraciones, propuestas y disputas políticas. Inevitablemente tienden a repetirse y a buscar instalar una imagen de sí mismos con mensajes supervisados por sus equipos de asesores y de comunicación.

Pero ¿cómo eran los aspirantes a la Casa Rosada de jóvenes? ¿Cómo son en su vida cotidiana más allá de la política? ¿Qué les gusta hacer cuando están fuera de la escena pública? Infobae consultó a amigos muy cercanos de los seis candidatos y esto fue lo que contaron sobre ellos.

“Delirante” de Nebbia

“A Alberto lo conozco desde que él tenía 18 años y yo 20. Éramos compañeros en la Facultad de Derecho de la UBA y los dos trabajábamos en Tribunales, él en el fuero penal y yo en el laboral. No podíamos no trabajar, era parte de nuestra esencia peronista, pese a que veníamos de familias que nos hubieran permitido solo estudiar”, recuerda Eduardo Valdés, uno de los amigos más cercanos del candidato del Frente de Todos.

Jugábamos al fútbol en un torneo interfueros. Era arquero y creía que era bueno, pero nosotros queríamos que fuese el arquero del equipo rival”, agrega sobre aquellos años a comienzos de la dictadura militar el ex embajador ante el Vaticano durante el gobierno de Cristina Kirchner. “Alberto siempre fue muy futbolero y es fanático de Argentino Juniors desde chico. Se hizo hincha porque iba a la escuela cerca de la cancha y todos sus amigos y compañeros eran del ‘Bicho’”.

Fernández en la cancha de Argentino Juniors, durante el entretiempo del partido con River el 28 de julio pasado.
Fernández en la cancha de Argentino Juniors, durante el entretiempo del partido con River el 28 de julio pasado.

Pero Fernández no sólo disfruta del fútbol. “Le gustan mucho la música y el rock, ocupan un lugar importante en su vida”, afirma Valdés sobre el candidato que hoy está en el primer plano de la escena pública. A los 14, sus amigos Carlos López y Daniel Paz lo impulsaron a estudiar guitarra con Litto Nebbia, de quien era admirador y se pasó un año hasta aprender los acordes y el rasguido de una de sus canciones emblemáticas del cantautor, “Solo de trata de vivir”.

Fue su gran influencia musical. Todo lo que toca en la guitarra, lo toca y canta como Litto. Se dejó los bigotes para parecerse a él, aunque se parezca más al Sargento García”, relata el dirigente kirchnerista.

Alberto Fernández empezó a tocar la guitarra en su adolescencia (Álbum familiar)
Alberto Fernández empezó a tocar la guitarra en su adolescencia (Álbum familiar)

Poco después de que Cristina Kirchner lo anunciara como su candidato a presidente, Valdés entrevistó en su programa de radio por AM750 a Nebbia y al propio Fernández, que así contó cómo admiraba al músico y cantante pionero del rock nacional. “Tenía 16 años, y ya era un delirante de Nebbia. Iba al Mariano Moreno y ya tocaba a guitarra. Un día agarré un poster y lo puse en una cartulina. Desde ese día y hasta que terminé el colegio -habrá sido de tercero a quinto año- llevaba todos los días el poster de Nebbia y lo colgaba como figura de patrono del aula, a un costado de la foto de San Martín. Y todos los días, me lo llevaba a mi casa para que no lo rompan. Y hace no mucho, cuando fui a la casa de Litto, vi que tiene encuadrada esa misma foto donde está tocando, con esa polera verde y un piano vertical”.

Esa admiración desde la juventud derivó luego en una amistad que sigue vigente hoy en día. "Incluso Nebbia lo acompañó en 1999 en una caravana electoral, cuando Alberto se presentaba como precandidato a vicejefe de gobierno de la Ciudad por el PJ, como compañero (Jorge) Argüello, que terminó perdiendo por poco”, recuerda Valdés.

Jorge Arguello, Litto Nebbia, Alberto Fernández y Alejandro Dolina, en 1999.
Jorge Arguello, Litto Nebbia, Alberto Fernández y Alejandro Dolina, en 1999.

El alma mater de los torneos deportivos

Mucho antes de que Mauricio Macri llegara a la presidencia de Boca Juniors, en 1995, el candidato de Juntos por el Cambio ya había organizado innumerable cantidad de torneos deportivos, a través de los cuales forjó amistades que convocó a su Gabinete cuando llegó a la Casa Rosada.

“Siempre le gustó organizar todo. Y como siempre le gustó el deporte y lo que se generaba alrededor, después que terminamos el Colegio era el que organizaba la Copa Amistad de fútbol, tenis, golf, o lo que fuera. Muchos nos mantuvimos en contacto por esos torneos que él armaba”, relata José Torello, amigo y jefe de asesores de Macri desde que éste asumió la presidencia. Torello fue también al exclusivo Cardenal Newman, aunque era de una promoción un año más joven que la del primer mandatario.


Macri con su amigo y compañero en el Colegio Cardenal Newman José Torello, hoy asesor presidencial, 20 años atrás.
Macri con su amigo y compañero en el Colegio Cardenal Newman José Torello, hoy asesor presidencial, 20 años atrás.

Cuenta que se hicieron amigos en el colegio por compartir partidos y campeonatos. “Nunca fue un superdotado en el deporte pero siempre daba el máximo de lo que podía. Sustituía lo que le faltaba con esfuerzo y con la cabeza”, señala el también apoderado del PRO.

“No era de los calentones. Siempre había otro que se calentaba más. Igual era muy divertido ganarle, porque no le gustaba perder. Nuestra camada era mejor que la de él”, asegura.

Torello recuerda que Macri no solo fue el organizador de los torneos, sino además el anfitrión de una gran fiesta a fin de año en su casa, en la que reunía a todos los grupos que armaba para los distintos deportes que le gustaba jugar.

Macri con amigos en uno de los torneos de golf que solía organizar.
Macri con amigos en uno de los torneos de golf que solía organizar.

Otro de los compañeros del Newman de aquella época es el secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Pablo Clusellas, amigo de Macri desde la infancia. También coincide en destacar el rol del primer mandatario como organizador de los eventos deportivos. “Era el que convocaba a los jugadores y buscaba en qué Copa jugar. Era el mentor de esta idea del deporte y la amistad como espacio para juntarse y verse. Aún si no jugabas un día, ibas para encontrarte con el resto y, luego del partido, comer todos juntos”.

¿Cómo era Macri como jugador de fútbol?, le preguntó Infobae. “Como metódico que es, en el fútbol también iba mejorando con la práctica. Y era muy criterioso a la hora de distribuir la pelota”, responde benévolo.

Macri jugando uno de sus deportes favoritos en 2011.
Macri jugando uno de sus deportes favoritos en 2011.

¿Cómo era Macri como jugador de fútbol?, le preguntó Infobae. “Como metódico que es, en el fútbol también iba mejorando con la práctica. Y era muy criterioso a la hora de distribuir la pelota”, responde benévolo.

Clusellas recuerda que, después, Macri “se hizo una cancha en la quinta de su padre, Los Abrojos (donde pasa los fines de semanas actualmente) y organizaba ahí un campeonato. Su equipo era Cardenales”. La práctica futbolera la mantuvo -con algunas intermitencias- en la Quinta de Olivos, con los “picados” de los miércoles con funcionarios.

El deporte siempre fue para él la excusa para juntarse. Nunca le atrajo especialmente la comida, excepto los dulces. En un asado, quizás comía un poco de carne y nada más, pero era y es ‘postrero’. En su casa siempre había tortas”, sostiene el secretario Legal y Técnico.

Este desinterés por la comida del hoy Presidente se reflejaba en los festejos que organizaba como anfitrión, según asegura risueño Clusellas. “Organizaba, al menos una vez al año, una fiesta en su casa e íbamos todos. Primero en la quinta de su madre y después en la de Franco, Los Abrojos. Nos juntábamos muchos y había música hasta tarde, pero no había mucho de comer. Con suerte te daba un pancho. Y como tampoco era muy tomador, habría algunas cervezas, pero no mucho más”.

Humor ácido y sueño profundo

La imagen sobria y estructurada del candidato de Consenso Federal, Roberto Lavagna, no deja ver otra faceta de su personalidad mucho menos conocida.

“En público es terriblemente serio, demasiado formal. Pero en la intimidad es muy divertido. Aunque parezca sorprendente, es graciosísimo. No porque sea chistoso, sino por su manejo de la ironía. Hay que saberlo interpretar porque es muy ácido, tiene un humor británico”, revela Rodolfo Gil, quien conoce al ex ministro de Economía desde el retorno democrático y comenzaron a ser amigos hace 15 años.

Este ex embajador argentino ante la OEA agrega que Lavagna tiene “una capacidad de autoironizarse muy grande, se ríe de sí mismo y si recibe bromas, no se enoja”.

Lavagna de
Lavagna de "entrecasa" con sus ya famosas sandalias con medias.

Gil describe otras dos características de la personalidad del ex ministro: “Duerme aún en las situaciones de máxima tensión, y es difícil que se enoje, salvo ante la ineficiencia. Si encarga una tarea, y la hacen mal, tiene paciencia. Pero lo enoja el descuido o sino se le presta atención al hacerla”.

Este abogado y analista internacional con militancia peronista revela un hobby que tiene el actual candidato de Consenso federal: plantar árboles. “Empezó a hacerlo en su casa en Saavedra, en Capital, donde tiene un jardín grande. Pero ya no tenía más lugar y luego siguió en la chacra que se compró y en la que se dedica con su esposa, Claudine, a la cría de ganado vacuno de excelencia. Se presentan en muchas ferias durante años y han ganado varios premios”.

“Sensible y apasionado”

A Nicolás del Caño, el candidato del Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT), Eduardo Castilla lo define como “un tipo muy sensible” y “apasionado”.

Cuando habla, le mete pasión a lo que dice y es así de apasionado en la vida real. Cuando ve una injusticia, le genera una bronca genuina. No es impostada. Si ve a una persona viviendo en la calle, empieza a las puteadas y se queja de cómo puede ser que eso suceda. A todos nos genera un malestar, pero el tipo se enoja de verdad”, lo describe Castilla.

Se conocieron en 1996 en Córdoba, de donde ambos son oriundos, a través de la militancia en la Juventud de PTS. Nunca dejaron de estar en contacto pese a que el actual diputado nacional del FIT, luego de cursar Filosofía y Humanidades en la Universidad Nacional de Córdoba, se mudó en 2006 a Mendoza. En esa provincia continuó su militancia y estudió sociología​ en la Universidad de Cuyo, al tiempo que trabajaba como vendedor de ropa y empleado de un call center.

Nicolás del Caño con su amigo Eduardo Castilla en Córdoba, en 2011.
Nicolás del Caño con su amigo Eduardo Castilla en Córdoba, en 2011.

Vos lo ves combativo cuando habla, pero tiene un nivel de sensibilidad y de preocupación por los demás muy grande. Cuando se murió mi vieja a fines de 2013, ya hacía tiempo que no vivía en Córdoba, justo había sido electo diputado nacional, y no le importó. Dejó todo en ese momento y se instaló 10 días en mi casa para estar conmigo”, recuerda emocionado.

Castilla también menciona otra vez que lo llamó desde Mendoza, indignado: “Quería contarme la situación de los trabajadores del ajo, en condiciones de casi esclavos, con chicos de 15 años trabajando no sé cuántas horas. No era un discurso político, me lo contaba realmente enojado. Él es así, como se muestra”.

El combatiente de las mil batallas

“Uno gana, no por llegar a la victoria, sino desde el momento en que decide dar la batalla”. Esa fue una de las frases que lo marcó a Miguel Del Castillo, admirador desde joven de Juan José Gómez Centurión por su desempeño en Malvinas. Pese a tener 20 años menos que el actual candidato presidencial del Frente NOS, con el tiempo se convertiría en su amigo y asesor de confianza.

“Cuando lo nombraron al frente de la Aduana, en diciembre 2015, me dijo que fuera con él a trabajar. Los procedimientos los encabezada él, a las dos o tres de la mañana, si hacía falta. Y eso no salía en ningún lado porque su trabajo era técnico. La gente se emocionaba cuando él lideraba operativos en lugares de frontera donde no había ido nunca un funcionario antes”, relata.

Sin embargo, este historiador, docente y “malvinero” -como se define- advierte que ese puesto “tuvo un costo personal muy alto (para Gómez Centurión), al punto que le hicieron una cama para sacarlo. Y la peleó solo”. Luego de que la Justicia lo desvinculara de la causa por supuesto sobornos a empresarios importadores para habilitar el contrabando de materiales de China, Gómez Centurión fue restituido en su cargo. “Le dije si valía la pena y él me respondió esa frase que fue una enseñanza muy importante para mí. Luego se agravó su problema de salud, porque la Aduana es una picadora de carne, y tuvo que tomar licencia”, sostiene Del Castillo.

“Mientras estuvo internado esos dos meses, yo seguía en funciones. Todos los días recibía un montón de gente que hacía quizás 20 años que no lo veía y que se había enterado porque había salido en todos lados que Macri había ido a verlo. No eran varios, eran decenas de personas que lo habían conocido a lo largo de su vida y que se ofrecían para lo que necesitara. Desde un gran empresario hasta un soldado, un tipo humilde que hacía 20 años que no lo veía, que había estado a sus órdenes en Malvinas, y se ofrecía para cuidarlo. Muchos de los que venían o llamaban por teléfono decían que le debían su formación, sus valores. Marcó a mucha gente como me marcó a mí”, señala aún sorprendido por las muestras de afecto y agradecimiento a su amigo y entonces jefe.

Gómez Centurión en el partido de rugby en homenaje a los veteranos de Malvinas organizado por el Club Champagnat.
Gómez Centurión en el partido de rugby en homenaje a los veteranos de Malvinas organizado por el Club Champagnat.

Del Castillo recuerda que Gómez Centurión solía decir que los valores del rugby, un deporte al que el hoy candidato siempre jugó, “lo habían ayudado en guerra” por requerir “sacrificio y mucha disciplina". Por ese motivo, el candidato de NOS participa de los partidos homenaje a los Veteranos de Guerra de Malvinas, que organiza el Club Champagnat desde hace ocho años, junto a ex combatientes argentinos y británicos, y ex jugadores de esa institución.

El que se hizo este año fue en septiembre y asistió el embajador británico, Mark Kent. Al finalizar la jornada, que terminó con un triunfo del Champagnat sobre el equipo XV MIL, de Gómez Centurión, le entregó la capitanía del equipo a su sucesor, el veterano Aldo Franco.

“El catalán”

A José Luis Espert todos en Pergamino, su ciudad natal, lo conocen como “el catalán”, como lo llamaban desde chico.

Una de ellas fue Marisa Balcarcel. “Yo tenía 12 para 13 años y lo conocí al ingresar al Colegio Marista. Fui parte de la primera camada de mujeres. Siempre fue divertido y se destacaba por enfrentar a los profesores. Se sentía seguro de lo que iba a responder y los desafiaba. No era común en esa época cuando había mucha disciplina y, al ingresar, teníamos que rezar el Padrenuestro al lado del banquito”, recuerda esta empresaria Pyme maderera que sigue viviendo en Pergamino.

José Luis Espert, a los 24 años (Álbum familiar)
José Luis Espert, a los 24 años (Álbum familiar)

“Salíamos mucho en grupo y compartíamos los ‘asaltos’. Era muy buen alumno en la escuela, siempre le encantaron los números, era rapidísimo. Cuando se fue a Buenos Aires a estudiar Economía no dejamos de ver porque cada uno siguió su vida y se casó. Pero nos volvimos a encontrar hace unos 10 años, con él y varios de la promoción de 1979 del Colegio. Nos contamos nuestras vidas y fue como si nunca hubiera dejado de verlo”, cuenta esta amiga de la adolescencia sobre el candidato de UNITE.

“Y lo que me sorprendió después de todos esos años es que su mirada sigue siendo la misma. Te mira de frente. Te estudia y sabe lo que te va a decir. Siempre fue así de frontal y seguro ‘el catalán’. No cambió. Y lo que piensa lo sigue sosteniendo en el tiempo. Y como candidato, si te fijás, también es así”, concluye.

El candidato de UNITE con su padre y su hijo, en 1996 (Álbum familiar)
El candidato de UNITE con su padre y su hijo, en 1996 (Álbum familiar)