
Cada uno puede especular sobre cuál es el motivo por el que Cristina Fernández eligió la fórmula Fernández-Fernández. En todo caso, si Cristina Fernández no gana, el que pierde es Alberto Fernández y ella conserva los fueros de senadora; y si gana, puede gobernar desde la sombras. La famosa: Alberto Fernández al gobierno, Cristina al poder. Si este fuera el caso, tiene bastante lógica desde el punto de vista económico, ya que ella no va a poder hacer el populismo característico de su primer mandato. Alberto Fernández podría ser el Remes Lenicov de Cristina Fernández.
Veamos: en 2007, cuando ella gana las elecciones, llega al poder con un gasto público consolidado del 26,4% del PBI y lo deja en el 45% del producto. Es decir, hizo tanto populismo que casi duplicó el gasto
público consolidado. Por otro lado, recibió una carga tributaria consolidada de 33% del PBI y lo dejó con 39,4%. Actualmente es del 42 por ciento.
Si Cristina Fernández hubiese sido candidata a presidente y hubiese ganado las elecciones, ¿tenía margen para hacer el mismo populismo que hizo durante su gestión? Recordemos que Néstor Kirchner le dejó un superávit fiscal consolidado del 0,46% del PBI y ella se fue del gobierno con 7,24% de déficit fiscal consolidado. Lo que muestra que el populismo que ejerció generó un desastre fiscal que heredó Cambiemos y que nunca pudo resolver.
Quien gane las elecciones este año tendrá que resolver la herencia K sumada a la que dejará Cambiemos por el endeudamiento derivado del gradualismo aplicado, además del problema de las Leliq. El flanco fiscal va a ser muy complicado para el que gane.

Considerando que Cristina Fernández es una populista compulsiva, ¿tendría margen para financiar estos niveles de populismo? Aumentar los impuestos puede, pero a riesgo de terminar de fundir la economía. Colocar deuda externa no puede porque no genera confianza en los inversores y el FMI no va a ser tan condescendiente con ella. Es más, ahora no tendría margen para cancelar la deuda que tenemos con el Fondo, por lo que acceso al crédito externo no va a tener. El presidente venezolano Nicolás Maduro no está en condiciones de prestarle como antes hacía Hugo Chávez y dudo de que el FMI le preste un centavo para hacer más populismo.
Tampoco hay mucho margen para deuda interna porque los depósitos en el sistema financiero representan sólo el 14% del PBI, uno de los más bajos del mundo. Le quedaría emitir moneda, pero con estos niveles de demanda de pesos, sería caer inmediatamente en la hiperinflación.
Las condiciones en las que hoy asumiría Cristina Fernández, si fuera elegida presidente, serían absolutamente diferentes a las condiciones con las que asumió la presidencia en 2007. Su gestión se caracterizó por recibir un superávit fiscal consolidado de 0,46% del PBI y entregar un déficit de 7,24%, un recorrido de deterioro de 7,7 puntos del producto. Encima, su segundo mandato, a pesar del populismo y el aumento del gasto público, estancó la economía.
Cristina recibió 3 millones de jubilados y entregó 7 millones, un sistema que está quebrado y que, además, al estar indexadas las jubilaciones, cualquier llamarada inflacionaria dispararía ese gasto. Agreguemos la legión de planes sociales, y el gasto es inmanejable.
En definitiva, la herencia que le dejó a Macri continúa agravada por la deuda pública externa e interna, de manera que le volvería como un bumerang en caso de ser ella la presidente. Así que, tal vez, esté pensando en que no es el mejor momento para asumir la presidencia con una situación económica que requiere de dos cosas: 1) una profunda reforma del estado, impositiva y laboral, como mínimo o 2) ir a un sistema autocrático, algo que no le desagradaría, pero que tal vez no tenga margen para instaurar si no tiene mayoría en el Congreso.

La historia económica muestra que en situaciones de crisis económicas extremas se termina en gobiernos autocráticos o en reformas estructurales. No imagino a Alberto Fernández haciendo reformas estructurales, pero sí defaulteando la deuda para no pagar los intereses, repetir lo hecho por Adolfo Rodríguez Saa y haciendo un plan Bonex para cancelar las Leliqs.
Es decir, parte del trabajo sucio lo haría Alberto Fernández pagando el costo político y, en caso de que la justicia emitiera fallos contra ella, él podría indultarla. Mientras que si ella fuera presidente, no podría autoindultarse.
Por ahora, a modo de especulación, todo parece indicar que el miedo no es zonzo, y si Cristina Fernández sabe lo que le espera al próximo presidente en materia económica, luce lógico que lo mande a la parrilla a Alberto Fernández, quien parece acomodarse a cualquier situación política. Desde denostar sin piedad el segundo mandato de Cristina, hasta encabezar una fórmula con ella en una de las condiciones económicas más complicadas del
país.
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