El presidente Mauricio Macri al frente de la última reunión de gabinete el pasado jueves
El presidente Mauricio Macri al frente de la última reunión de gabinete el pasado jueves

Los ministros Guillermo Dietrich y Nicolás Dujovne; el procurador Bernardo Saravia Frías; el presidente del Banco Central, Luis Caputo, y Fabián Rodríguez Simón, uno de los principales asesores jurídicos de Macri, trabajan a destajo para salvar los proyectos de PPP, una obsesión histórica del jefe de Estado que podría naufragar por las dificultades para conseguir financiamiento que probablemente afrontarán las empresas involucradas en el escándalo de los cuadernos de las coimas K. Es una de las inquietudes que reina por estas horas en la cúpula del poder, atravesada por tensiones del más alto nivel. Las incesantes revelaciones en torno a la megainvestigación de Bonadio alargan la tormenta.

En el seno de Cambiemos hay catarsis colectiva. Solo un sector cada vez más minoritario de la Jefatura de Gabinete no está atravesado por la amargura del contexto económico y de la crisis social.

Vidal y Rodríguez Larreta (Foto: Adrián Escandar)
Vidal y Rodríguez Larreta (Foto: Adrián Escandar)

Peña, el funcionario más influyente del modelo oficial, "está muy presionado", según la visión de uno de los integrantes de la mesa chica del Gobierno. La severa turbulencia del programa económico agigantó la grieta entre el jefe de Gabinete y el tándem conformado por Vidal y Rodríguez Larreta, que pidieron cambios bruscos en el manejo político. Macri, de todos modos, no va a sacrificar nunca a su funcionario más influyente. Es tan descabellado como la versión que corrió hace algunas semanas sobre la posibilidad de que el jefe de Gobierno porteño dejara su cargo en la Ciudad, desde donde construye su carrera nacional, para reemplazar al jefe de Gabinete.

El caso de los aportes truchos en la campaña del año pasado del oficialismo en la provincia de Buenos Aires aporta otro factor de tensión en la cima del poder. A Vidal nadie le va a sacar de la cabeza que Peña no hizo lo suficiente para defenderla en público de uno de los mayores dolores de cabeza que tuvo desde que asumió en la Provincia.

El Gobierno quiso salir airoso del escándalo de los aportes y presentó a las apuradas el proyecto de ley que modifica el sistema de financiamiento de las campañas políticas. Si hace poco más de un mes parecía probable que el Congreso se encaminara a aprobar la vuelta de los aportes de empresas a las campañas, la aparición de los cuadernos de Centeno sembraron un manto de dudas a esa posibilidad. Hace tres semanas, Graciela Ocaña, que encabezó la lista de Diputados de la Provincia en el 2017, presentó su propio iniciativa. Plantea aportes solo del Estado y de afiliados, y los privados tienen permitido donar pero con límites estrictos y a un fondo que distribuye la Justicia electoral.

En la Casa Rosada, donde no había titubeos sobre las contribuciones empresarias, empezaron a aparecer voces disonantes. El proyecto de financiamiento navega en ese sentido en un mar de inquietudes. Nadie puede arriesgar, más aún con la apretada agenda parlamentaria, si el Congreso será capaz de sancionar una ley que reemplace a la 26.215 actual que regula la recaudación de los partidos políticos.

Ante ese escenario, ¿quién va a pasar la gorra para la reelección de Macri? ¿Qué empresarios van a querer aportar?

Peña tiene un problema. Aunque antes deberán definir con la mesa política que toma las decisiones centrales si adelantan el cronograma de elecciones de la ciudad de Buenos Aires, que se encamina a aprobar el nuevo Código Electoral. ¿Podrían además anticipar los comicios bonaerenses?

Peña y Dujovne, en gabinete
Peña y Dujovne, en gabinete

Por ahora es solo un globo de ensayo. Es que nadie puede predecir todavía si el próximo año será mayor el empuje hacia arriba de Vidal y de Rodríguez Larreta que el tironeo hacia abajo de Macri, castigado en las encuestas.

Otra de las preguntas incómodas ante el frente de tormenta que no pasa. Nadie es capaz de predecir cuándo saldrá el sol. El clima interno, mientras tanto, empeora.

Rogelio Frigerio, tal vez uno de los funcionarios más racionales y sincero del Gobierno, entró atribulado hace un par de semanas a uno de los salones de Olivos a una reunión con sus principales colaboradores, con la corrida del dólar como eje central de las preocupaciones de ese día. "A esta altura ya no aspiramos a ser el mejor gobierno de los últimos 50 años, si no a que no nos recuerden como el peor", se desahogó exagerado, entre risas. La causa de los "cuadernos de las coimas K", con testimonios cada vez más crudos de la corrupción sistemática de la anterior administración, recién empezaba a ver la luz.