A continuación, el texto completo del mensaje enviado por Eduardo Valdés con el título "Vida sí, pena no":

Quizás esta sea la nota que jamás hubiera querido escribir, porque me siento muy COMPAÑERO de muchos de los militantes de mi fuerza que defienden el derecho a interrumpir el embarazo mediante el aborto, pero quiero ser honesto: no encuentro razones que me indiquen que cuando hay embrión no hay vida.

Desecho en esta opinión cualquier condena penal para la mujer, prefiero que el Estado no se saque el problema de encima prometiendo penas y se ocupe en cambio de abordar el contexto social de esa mujer que intenta abortar proponiéndole alternativas de otras familias a las que la vida les ha negado la posibilidad de tener hijos o bien acompañarla con ayuda si los impedimentos son económicos; algo mucho mas barato que la cárcel y más humano también.

La discusión para algunos es: ¿cuándo ese feto es persona?, mientras que la madre sí lo es y con capacidad de decisión. Pues bien, soy de los que piensan que el feto es vida y esta vida es la más desprotegida y encima carece de voz, mucho más que los trabajadores que luchan por sus derechos, los grupos étnicos perseguidos, etc, etc.

La biología ha evolucionado mucho. Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in vitro y el ADN con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser. Tanto es así que en los modernos sistemas jurídicos –incluido el nuestro– el ADN se ha transformado en la "prueba reina" para determinar la identidad de las personas, independientemente de su edad, incluso en hipótesis de devastación, o sea cuando prácticamente ya no queda nada del ser humano, transcurrido mucho tiempo.

Uno de los principios de la medicina hipocrática caracterizan al médico por actuar a favor de la vida y de la integridad física.

En esta situación hay tres derechos. El primero, el del concebido, es el fundamental; los otros, el de la mujer y el de la sociedad, son derechos derivados. Por otro lado, y para mí este es el punto central, el derecho de la mujer y el de la sociedad, que suelen esgrimirse para justificar el aborto, pueden ser satisfechos sin necesidad de recurrir al aborto, evitando la concepción. Pero una vez que hay concepción, el derecho del concebido sólo puede ser satisfecho dejándolo nacer.

Mis convicciones me marcan como prioridad la protección del más débil y la no violencia contra el embrión. ¿Puede atentarse libremente contra una vida desamparada? ¿Nada importa su debilidad si su eliminación se efectúa mediante una violencia indolora, científica y esterilizada? Seguramente los demás fetos callarán, no pueden hacer manifestaciones en las calles, no pueden protestar, son más débiles que los débiles cuyos derechos decimos proteger.

Siempre hemos estado peleando por la noble igualdad, como nos enseña nuestro himno, por los derechos de los más vulnerables.

El propio sistema universal de protección de los derechos humanos se ha pronunciado en forma unánime y repetida. En el Pacto de San José de Costa Rica, en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y, por último en la Declaración Universal de Derechos Humanos, se encuentra clara y rotundamente reconocido este derecho a la vida. Como vemos semejante mandato esencial no se encuentra ni podría encontrarse en discusión.

Sin formularla explícitamente, Cristina Kirchner llevó adelante una política natalista, como cuando promovió la Asignación Universal por Hijo y sobre todo cuando la extendió a la mujer embarazada, es decir, al niño por nacer.

El progresismo, a mi entender, es defender la vida, la más pequeña, contra toda agresión social. Soy peronista, soy de los que militan para defender a los indefensos y rechazo la violencia, soy de los que piensan que la náusea se produce ante los gases de la policía, ante una explosión de bomba o un quirófano esterilizado.