Un Cambiemos de Cambiemos: el panperonismo afina su estrategia y siente que puede ganar

Las turbulencias que afronta el Gobierno y la victoria en la batalla legislativa por las tarifas de los servicios públicos revitalizaron a una parte de la oposición que por primera vez en mucho tiempo se siente una alternativa real de poder para 2019

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De origen griego, el prefijo pan ("todo") se utiliza para formar nombres con un sentido de amplitud o conjunto, dando lugar a palabras de uso cada vez más habitual en el lenguaje. En base a esta definición, el panperonismo podría entenderse como un término que alude a un grupo de dirigentes políticos que reconocen un origen común.

En términos políticos, el panperonismo se ha convertido en la denominación elegida para señalar a un sector de la dirigencia opositora que sueña con convertirse en una alternativa real de poder en 2019 y que, por primera vez en mucho tiempo, cree que puede hacerlo en virtud de los problemas de gestión que ostenta el Gobierno. Los límites ideológicos de la construcción son tan difusos como la cantidad de personas que arropa. 

Este sector se anotó la semana pasada una victoria importante en la batalla legislativa por las tarifas de los servicios públicos. Demostró que tiene la voluntad política y el peso necesario como para estorbarle el camino al oficialismo. Con ese triunfo revitalizó además la idea de un espacio que algunos proyectan como un germen del Cambiemos de Cambiemos.

La ocurrencia alude al proceso político que atravesó la Argentina en 2015 y a las raíces de la coalición gobernante, que nació con el sueño -no concretado- de convertirse en una concertación de partidos a la chilena.

Como Cambiemos, cuyo origen se remonta a la Convención radical, este grupo reconoce su génesis en Gualeguaychú. La ciudad entrerriana fue sede de la primera foto conjunta de dirigentes peronistas de distintas vertientes que -según firmaron- buscan construir una "propuesta moderna y democrática".

Legisladores del peronismo federal, en abril, en Gualeguaychú
Legisladores del peronismo federal, en abril, en Gualeguaychú

El camino para ponerle nombres a una boleta competitiva es largo y probablemente se dirima en una elección primaria amplísima en donde confluyan expresiones representadas por distintos liderazgos. Antes, hay que definir las reglas de juego y una identidad que agrupe a las distintas vertientes bajo un mismo paraguas. Ese proceso podría producirse en las próximas semanas, quizás durante el Mundial.

El primer anotado de este espacio en la carrera por la sucesión presidencial es el gobernador Juan Manuel Urtubey. Sin posibilidades constitucionales de ir por un tercer mandato en Salta, ya anunció públicamente que aspira a competir por la Casa Rosada. Sus movimientos a veces generan dudas. Por ejemplo, muchos no entendieron por qué le "prestó" la provincia a Mauricio Macri para que desde allí anunciara oficialmente el veto a la ley de tarifas que con tanto esfuerzo habían sancionado sus aliados en el Congreso.

El salteño ensayó una explicación institucional. Dice que la visita se había pautado tiempo atrás y de casualidad coincidió con el debate en el Senado. Y en el plano político recuerda que recientemente izó la bandera para que la Capital y la provincia de Buenos Aires -donde gobierna el oficialismo- asuman el control de las empresas prestadoras de servicios.

Macri recibió a Urtubey en su despacho personal el pasado 21 de mayo. Se volvieron a ver el jueves en Salta.
Macri recibió a Urtubey en su despacho personal el pasado 21 de mayo. Se volvieron a ver el jueves en Salta.

Sergio Massa también se identifica dentro de este sector. Es más, lo promueve y busca organizarlo pese a que no está lanzado decididamente detrás de una candidatura. "Soy parte de un equipo y voy a jugar en el puesto que me necesiten, de arquero, de lateral o de delantero", dice en clave futbolera cuando le preguntan por su rol.

En charlas informarles se jacta de haberle anticipado a los integrantes de su partido, el Frente Renovador, las dificultades políticas y económicas que enfrenta el Gobierno. Vaticina un futuro aún más complicado, con una inflación anual por encima del 30% y un dólar en diciembre a 29 pesos. "No vamos a tener un 2001 desde lo económico, pero sí desde lo político", aseguró en un encuentro con sus colaboradores.

En silencio -hace varios meses que no da entrevistas-, está abocado a su estudio de abogados (presentó amparos contra la reforma jubilatoria y el aumento de los precios de los servicios) y a comprender algunos desafíos sobre la revolución educativa y su integración con los empleos del futuro. Admite que tiene buena relación con Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, pero jura que la semana pasada no almorzó con ellos en la parrilla La Brigada. Tampoco que se haya visto con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, como circuló.

Massa sigue de cerca la actividad de su bloque  en el Congreso. Recuerda con melancolía la noche que por una picardía suya (observó que había más mujeres que hombres en el recinto) impulsó una jugada junto a Victoria Donda para que se aprobara la ley de paridad de género en la Cámara de Diputados. Recientemente se reunió con los legisladores de su espacio para darles absoluta libertad en la discusión por el aborto, pese a que él no tiene dudas: está decididamente a favor de la despenalización. En ese encuentro -cuentan- se sorprendió cuando Carla Pitiot y Vanesa Massetani se pronunciaron en contra del proyecto.

Su espacio impulsará en las próximas semanas dos proyectos que generarán debate en la legislatura bonaerense: la autonomía de los intendentes para que definan las fechas de elecciones locales y la boleta limpia (sin impuestos ni agregados extraños) para los servicios públicos. Mientras tanto, insiste con su idea de dividir La Matanza e incluso la provincia de Buenos Aires. "El próximo gobernador tiene que estar dispuesto a ser el último", le dijo recientemente a Florencio Randazzo en una de las cada vez más asiduas reuniones que compartieron.

Massa, en abril, viajó a Chicago para disertar en una clase pública
Massa, en abril, viajó a Chicago para disertar en una clase pública

El ex ministro de Transporte y el ex intendente de Tigre lograron limar viejas asperezas. Cuando compartían la función pública, casi no se podían ver. Los "malos entendidos" comenzaron a despejarse el año pasado cuando intentaron un acercamiento para las elecciones legislativas, pero "El Flaco" finalmente decidió jugar solo. El resultado está a la vista: no le fue bien y aún hoy hace garabatos en un papel para enumerar la cantidad de intendentes que lo impulsaron a que se lanzara y finalmente terminaron apoyando a Cristina Kirchner.

Miguel Pichetto también integra el grupo de dirigentes que cree que el peronismo puede recuperar el poder el año que viene. En la madrugada del jueves, después del cierre del debate en el Congreso, recibió llamados y mensajes con felicitaciones por su discurso en el Senado. Quienes se quedaron con la TV prendida hasta tarde, escucharon cómo le atribuyó con lucidez la crisis de las tarifas a los aliados del PRO en el Gobierno.

El tenor de su mensaje -dirigido al Presidente- describe el espíritu de su pensamiento político para el futuro del país: "Yo no creo que puedan solos. Necesitan de una gran convocatoria. Tienen que sentar a los gobernadores, a los legisladores, a los empresarios y a los sindicalistas a un gran acuerdo que permita llevar a un camino de crecimiento razonable".

Miguel Pichetto, líder del peronismo en el Senado (Nicolás Stulberg)
Miguel Pichetto, líder del peronismo en el Senado (Nicolás Stulberg)

El convite para formar una gran colación es amplio. Incluye a otros gobernadores y ex mandatarios, como José Manuel de la Sota, y a dirigentes que no necesariamente se formaron con la doctrina de Juan Domingo Perón.

Por ejemplo, Margarita Stolbizer ya dejó trascender que no tiene pruritos de integrarse a un acuerdo de estas características. Su límite es Cristina Kirchner y todos los ex funcionarios a quienes denunció por escándalos de corrupción. Otros quieren sumar a los socialistas de Santa Fe e incluso imaginan un armado que contenga al ¿oficialista? Martín Lousteau.

Los operadores de este espacio se imaginan un escenario electoral de tercios para 2019, con el Gobierno apostando a la reelección de Mauricio Macri y Unidad Ciudadana con CFK como estandarte. Sin embargo, asoma como un desafío complejo, casi imposible, visualizar lo que puede suceder durante los próximos meses en la Argentina. ¿O acaso quién se imaginaba en octubre de 2017, tras la victoria de Cambiemos, el escenario actual?