El rastro de la tifoidea, el Atari y los caseríos: los años poco conocidos de León XIV en Chulucanas, su “primer amor pastoral”

El periodista Lucas Jiménez reconstruye el paso de Robert Prevost por la prelatura piurana, donde llegó en los ochentas, acompañó a comunidades rurales y dejó una huella que sus habitantes aún esperan volver a ver

León XIV
El libro propone mirar a Robert Prevost antes del Vaticano: un sacerdote joven que encontró en la prelatura de Chulucanas su primer territorio de misión y, según monseñor Daniel Turley, su “primer amor pastoral”
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La clínica Roma ya no existe. El edificio de tres pisos que ocupaba una esquina en el centro de Piura, en el norte del Perú, fue demolido y con él se borró una escena de 1985, cuando un Robert Prevost de 30 años fue ingresado con fiebre tifoidea.

El periodista Lucas Jiménez siguió esa pista hasta donde pudo. No encontró la clínica ni documentos sobre aquella internación, pero la búsqueda le permitió recuperar una escena íntima: la de un sacerdote joven que, debilitado en una cama, le pedía a Dios que lo dejara morir si ese era su designio.

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El episodio integra Donde todo empezó. Chulucanas en el corazón del papa (Artífice), el libro que acaba de publicar sobre los años en que Prevost construyó su vínculo con el país.

Cada papa tiene un territorio inicial, un punto de partida que suele quedar sepultado bajo los cargos, las ceremonias y la historia posterior. La parroquia de Niegowić, en Polonia, fue el de Karol Wojtyła. San Martín, en Alemania, lo fue para Joseph Ratzinger. La parroquia Patriarca San José, en Argentina, para Jorge Mario Bergoglio. Para Prevost, ese lugar fue Chulucanas.

Era un territorio marcado todavía por las consecuencias de El Niño de 1983, donde las distancias no se medían solo en kilómetros, sino también en horas de viaje, barro y pendientes.

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León XIV
Prevost llegó a una región que aún sufría los efectos de El Niño de 1983. Aprendió a cabalgar, recorrió comunidades aisladas, gestionó alimentos y recursos, y acompañó a familias y jóvenes en un territorio de distancias difíciles

Prevost aprendió a cabalgar para llegar a los poblados de altura. Gestionó alimentos, acompañó a jóvenes de bajos recursos y recorrió zonas que aún cargaban las heridas del desastre climático. En la oficina de la prelatura, jugaba Atari con seminaristas y aspirantes al sacerdocio. Cambió la comida de Chicago por los platos piuranos y formó vínculos que sobrevivieron al paso de las décadas, entre ellos el de una ahijada.

Jiménez reúne diez crónicas, testimonios, documentos y fotografías para reconstruir a ese hombre anterior al líder de la Iglesia católica. La búsqueda sigue una línea que el autor conoce bien. Durante años, desde la redacción de El Tiempo, diario del que fue editor, cubrió historias que exigían salir de los relatos oficiales: la muerte de policías en una frontera atravesada por el narcotráfico y la fuga de Jhinna Pinchi, sobreviviente de una red de trata.

Ahora, reconstruye el paso fundacional de León XIV por Chulucanas en una entrega que aparece pocos días antes de su gira por Perú. El itinerario no contempla una escala en esa localidad piurana, aunque sus habitantes esperan que regrese “algún día”. La última vez que volvió celebró una misa, meses antes de que el cónclave lo eligiera para suceder a Francisco.

—Hay muchas maneras de contar la historia de León XIV, pero elegiste regresar al origen, a una diócesis del norte peruano que probablemente muchos ni siquiera sabían que había sido tan importante en la vida del papa. ¿En qué momento entendiste que ahí había una historia que merecía ser contada?

—Por lo que acabas de mencionar. Revisé los inicios misioneros y pastorales de algunos papas. Se enfocaban, como es habitual, en el lado de la anécdota. Pero soy muy desconfiado del anecdotismo peruano porque es peligroso. La persona que cuenta una anécdota puede repetirla tantas veces que termina forzando su memoria para encajar en un molde.

El videojuego que llevó desde Estados Unidos no aparece solo como una anécdota. Formaba parte de una manera de relacionarse con los jóvenes y los aspirantes al sacerdocio, en una prelatura que buscaba fomentar vocaciones religiosas
El videojuego que llevó desde Estados Unidos no aparece solo como una anécdota. Formaba parte de una manera de relacionarse con los jóvenes y los aspirantes al sacerdocio, en una prelatura que buscaba fomentar vocaciones religiosas

Hacer una historia verosímil, con estética e investigación periodística, como un documental, requiere profundizar e ir más allá de la simple anécdota. Era necesario esperar a que bajara esa marea, para que las personas que manejan la información estuvieran más dispuestas a abrir su memoria.

No es lo mismo contar un hecho en pocas palabras ante un grupo de periodistas que ir con calma a la casa de una persona, recordar y ver qué cambios han generado esos recuerdos. Los acontecimientos también han cambiado, no solo antes de la elección, sino después.

En periodismo narrativo, lo que es noticia para el periodismo diario no necesariamente lo es para quien quiere escribir una historia que se lea con más tiempo. Había un botín narrativo que no era una primicia: el inicio pastoral de León XIV en Chulucanas.

—¿Qué te motivó a contar esta historia?

—He escrito mucho sobre muerte, tragedias y dolor, pero la muerte no tiene sentido sin la vida. Era un siguiente paso: complementar el oficio con alguien que defiende la vida y la paz desarmada y desarmante. Qué mejor que escribir sobre la vida y sobre un personaje universal. Hay maestros de este oficio que consideran que escribir sobre una persona nunca deja indiferente a quien lo hace.

Además, somos incapaces de separarnos de nuestros orígenes. Tengo, por el lado familiar, mucha cercanía con el ambiente cristiano y católico. Si uno crece desde niño y adolescente en ese ambiente, es difícil no verse influenciado por las iglesias, las sotanas y las campanas. Alguna vez fui sacristán de la parroquia Nuestra Señora del Pilar de Ayabaca.

Mildred Gianella Camacho Dioses se reunió con el papa León XIV en el Vaticano. Facebook: Mildred Gianella Camacho Dioses
Mildred Gianella Camacho Dioses se reunió con el papa León XIV en el Vaticano. Facebook: Mildred Gianella Camacho Dioses

Siempre tuve la idea de que podía presentarse la ocasión de escribir sobre la vida dentro de las iglesias, debajo de las sotanas. No imaginé que sería con un vicario de Cristo. Las circunstancias calzaban. Vivo cerca de Chulucanas; Piura está a una hora y media. Conocía a algunos sacerdotes. Nadie tomaba la historia y yo la tenía muy cerca. Indagué, pregunté y llamé.

—¿A qué primera historia o personaje llegaste después de la elección papal?

—Me gusta estar abierto a lo que pueda encontrar mientras busco información. Las historias, los personajes y los escenarios fueron surgiendo conforme hacía la reportería.

Uno puede tener una idea, pero llega a la realidad y esta puede ser distinta. Para mí es importante no ir con prejuicios. A veces uno cree que hay una historia y no la hay. La realidad va marcando el camino.

—En el libro reconstruyes la fiebre tifoidea que puso en riesgo la vida de Robert Prevost e intentas dar con los documentos clínicos de aquella internación. ¿Qué lugar ocupa Chulucanas en la historia de sus primeros años pastorales?

—Él tendría que decir qué representa Chulucanas para él. Pero lo que sí creo que podemos decir como un posible significado de Chulucanas para el santo padre no es una conjetura. Se lo pregunté directamente a alguien muy cercano a él, porque fue el primer agustino que le habló del Perú: el actual obispo emérito de Chulucanas, monseñor Daniel Turley.

Aunque la gira de León XIV por Perú no incluye a Chulucanas, la ciudad conserva la expectativa de volver a recibirlo. El libro recupera esa memoria a través de testimonios de quienes lo conocieron, incluida su ahijada, Mildred Camacho
Aunque la gira de León XIV por Perú no incluye a Chulucanas, la ciudad conserva la expectativa de volver a recibirlo. El libro recupera esa memoria a través de testimonios de quienes lo conocieron, incluida su ahijada, Mildred Camacho

Cuando era sacerdote, coincidió dos meses con él en el convento de los agustinos, en Chicago. Allí se conocieron y después compartieron la misión en Chulucanas. Recibir el testimonio de monseñor Turley fue una de las tareas que demandó demasiados meses de espera. Iba a llegar una fecha, después dijeron otra y finalmente llegó, pero estaba totalmente ocupado. Al final, sí dio la declaración.

Dijo que Chulucanas es para él (León XIV) su primer amor pastoral, su inicio pastoral, un lugar que tiene grabado en su mente, en su corazón y en su alma; un lugar que nunca va a olvidar, aunque sea papa. Eso le dio bastante contundencia al libro.

—También cuentas el episodio del Atari, que Prevost compartía con chicos y sacerdotes. ¿Qué dicen esos recuerdos sobre su personalidad?

—Demuestran que tanto Prevost como los agustinos que trabajaban desde los años sesenta estaban empeñados en hacer realidad una tarea que les había pedido el papa Juan XXIII: ayudar a incrementar las vocaciones religiosas.

Una de las estrategias era invitar a los jóvenes a la playa o al cine, para que se sintieran a gusto y vieran las posibilidades de acceder a la vida religiosa. El objetivo no era solo mostrar que el padre Prevost era cercano, sino sumarse a la búsqueda de vocaciones para una diócesis muy grande como Chulucanas.

A los pocos meses de llegar, fue a visitar a su familia y aprovechó para comprar un videojuego Atari. Al regresar, invitaba a los aspirantes al sacerdocio y a los seminaristas. El testimonio me lo dio Marlon Vicente, entonces seminarista y hoy diácono en la Catedral de Chulucanas.

En 1985 no había celulares ni redes sociales. Ver esa tecnología lúdica era muy atractivo. El padre Prevost los invitaba a su oficina en la Prelatura de Chulucanas. Como eran muchos, los hacía formar y él también se ubicaba en la fila.

Eso demuestra que siempre buscó acercarse a las comunidades donde estuvo, no solo a los jóvenes, sino también a las familias. Le causaba felicidad que la gente compartiera con él su comida o una fruta de la zona.

La señora Elena Lozada me contó que podía estar una tarde cualquiera en el caserío El Carmen, compartiendo con la gente. Ella recuerda que el sacerdote Prevost se quedaba mirando atentamente los rostros de las personas. Interpreta que era su manera de conocer la cultura y la idiosincrasia de las familias de Chulucanas y de la región.

—Chulucanas finalmente no fue incluida en la gira papal, pero en el libro aparecen testimonios de personas que esperan su regreso. ¿Qué te sorprendió de esas reacciones?

—En los caseríos que visité, mucha gente estaba convencida de que el papa iba a ir a Chulucanas. No tenían por qué conocer los protocolos de seguridad de la Santa Sede o las coordinaciones entre gobiernos.

Si alguien vivió en la parroquia donde uno va a misa y de pronto se convierte en papa, es natural seguir sintiéndolo cercano.

Lo percibí en personajes como Gina Palacios, que decía que soñaba con el Papa. Ella lo vio llegar cuando todavía se sentían los estragos del fenómeno de El Niño de 1983. Él llegó en 1985, pero persistía la desesperanza: estaban cortados los caminos, las carreteras y la infraestructura de riego. Los caseríos cercanos a Chulucanas dependen de la agricultura.

Aunque la gira de León XIV por Perú no incluye a Chulucanas, la ciudad conserva la expectativa de volver a recibirlo. El libro recupera esa memoria a través de testimonios de quienes lo conocieron, incluida su ahijada, Mildred Camacho
Aunque la gira de León XIV por Perú no incluye a Chulucanas, la ciudad conserva la expectativa de volver a recibirlo. El libro recupera esa memoria a través de testimonios de quienes lo conocieron, incluida su ahijada, Mildred Camacho

Ella hablaba como si estuviera leyendo la Biblia: “En aquellos tiempos...”, decía antes de contar lo que hacía el padre Prevost. Gestionaba ayuda, incluso motobombas, como recuerda otro extrabajador de la Prelatura de Chulucanas.

Llevaba esperanza, pero no se quedaba en las palabras: pasaba a la acción. El mensaje de los agustinos desde los años sesenta, al que se sumó Prevost, era llevar una renovación eclesiástica y parroquial.

La parroquia debía ser un lugar donde la gente no fuera solo a obtener un servicio, sino a conocerse, compartir conocimientos, experiencias y fe. Una fe llevada a la acción.

Él también habló de eso en una entrevista con la periodista estadounidense Elise Ann Allen. Dijo que el plan pastoral que encontró en la Prelatura de Chulucanas —que comprende Ayabaca, Morropón y Huancabamba— promovía una participación protagónica de los fieles y los laicos.

Ese plan calzó con la cultura comunitaria de la gente. Si tienen que arreglar una acequia, un colegio o construir un puente artesanal, se unen y lo hacen. Esa cultura ya existía antes de la colonización española.

—Reconstruyes la última misa de Prevost en Chulucanas, cuando ya era prefecto del Dicasterio para los Obispos. ¿Qué había cambiado y qué permanecía igual?

—Físicamente había cambiado mucho. Ya no era el sacerdote que llegó en los años ochenta, sino un clérigo que se movía en los niveles de la Curia romana. La gente imaginaba que sería más difícil tratarlo con la cercanía de antes.

Pero Robert Prevost estuvo en Chulucanas en 1985 y 1986, y no se fue para olvidarse. Regresaba cuando tenía que llevar a sus seminaristas a la sierra de Piura o por otras coordinaciones. La visita de 2024 fue una más de varias. Los propios agustinos dicen que estaba en otras regiones, pero su corazón seguía en Chulucanas.

Esa última misa tenía un alto valor simbólico y narrativo. Los personajes se despedían de un amigo querido que volvía con seguridad y con un alto cargo como prefecto del Dicasterio para los Obispos. Nueve meses después, todo cambiaría.

—¿Cuál fue el episodio más difícil de reconstruir y cuál te sorprendió más?

—La historia a la que di muchas vueltas fue la del vicario pastoral Fidel Alvarado. Su vida transmite cómo era Robert Prevost como formador de seminaristas agustinos.

Aunque la gira de León XIV por Perú no incluye a Chulucanas, la ciudad conserva la expectativa de volver a recibirlo. El libro recupera esa memoria a través de testimonios de quienes lo conocieron, incluida su ahijada, Mildred Camacho
Aunque la gira de León XIV por Perú no incluye a Chulucanas, la ciudad conserva la expectativa de volver a recibirlo. El libro recupera esa memoria a través de testimonios de quienes lo conocieron, incluida su ahijada, Mildred Camacho

En este oficio de reconstruir con palabras un hecho importante, no hay mejor cosa que ponerlo en escena. Fidel Alvarado niño, seminarista y adulto cuenta, sin necesidad de adjetivos, cómo el padre Prevost acompañaba a quienes decidían ser sacerdotes agustinos.

—El libro recoge hallazgos de otras publicaciones sobre el papa. ¿Cómo equilibraste esas fuentes con tu propia investigación?

—Tuve paciencia y le di rienda suelta a la pasión periodística. Una de las dificultades fue reunir las piezas exactas para contar cada historia. Por lo general, esas piezas están dispersas.

Fue un apoyo que se publicaran otros libros. Tuve tiempo para leer cómo enfocaron ellos la historia, porque cada libro tiene su propósito. Había cosas importantes que no podían faltar en este libro, porque si no habría quedado incompleto.

—Concluyes con el reencuentro de su ahijada con él en el Vaticano. Ella pensaba decirle muchas cosas, pero se quedó en silencio. ¿Por qué elegiste ese cierre?

—El propósito del trabajo era profundizar más allá de lo que ya se había dicho. A Mildred Camacho le han hecho muchas entrevistas. A mí me interesaba saber en qué medida era una de las chulucanenses que querían que el papa volviera a Chulucanas, a su prelatura, a su inicio pastoral, a su primer amor pastoral.

Ella no solo esperaba que volviera, sino que se convirtió en una especie de delegada de los chulucanenses. En Piura se hizo un pedido mediante una carta firmada por autoridades municipales, regionales y religiosas. El arzobispo de Piura también firmó, igual que las autoridades de Chulucanas y de la provincia de Morropón.

Mientras otros repetían: “Dicen que va a volver”, Mildred fue hasta el Vaticano. Era un final que caía por su propio peso. También muestra algo humano: esperó ese momento durante mucho tiempo, se emocionó y no le dijo todo lo que había pensado decirle.

—¿Crees que León XIV hará alguna mención a Chulucanas?

—Prefiero no entrar en el terreno de la elucubración. Más importante que se pronuncie o no sobre Chulucanas, creo que para él será grato reencontrarse con las personas de Chulucanas que estén presentes durante sus actividades oficiales.

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