El autismo no es un “castigo de Dios” ni un insulto: los prejuicios que vulneran la dignidad de las personas autistas

Las expresiones del empresario Eduardo Capuñay contra su sobrino provocaron el rechazo de asociaciones que advierten cómo los estigmas sobre la discapacidad alimentan la discriminación y la exclusión

Un video difundido en redes expuso el enfrentamiento entre Eduardo y Evelynn por la administración de empresas de radiodifusión fundadas por su padre, Higinio Capuñay Sarpán. TikTok/ Karibeña

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Eduardo Capuñay Quispe, administrador de Radio Exitosa, quedó en el centro de las críticas tras la difusión de un video en el que insulta a su media hermana, Evelynn Capuñay Lara, y utiliza la condición de autismo de su sobrino menor de edad para ofenderla. “¿Por qué crees que tienes un hijo mongolito? […] Te castiga. Diosito castiga”, se escucha decir a Capuñay en la grabación, en la que también aparece Esther Capuñay Quispe, quien interviene solo para decir: “Toda acción tiene una reacción”.

El empresario ofreció posteriormente disculpas públicas y reconoció que su reacción fue desproporcionada. Sin embargo, las palabras utilizadas provocaron el rechazo de organizaciones que representan a personas autistas y sus familias, no solo por el término ofensivo, sino por asociar la discapacidad de un niño con un supuesto castigo divino.

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Para las familias que conviven con el autismo, este tipo de expresiones no es una cuestión menor. Alimenta la idea de que una condición del neurodesarrollo es algo vergonzoso o una desgracia, en lugar de una característica de la persona que no disminuye sus derechos ni su dignidad.

Asociaciones de autismo rechazan las expresiones contra el menor

Las Asociaciones Unidas de Autismo del Perú (AUNAPE) advirtieron que los comentarios difundidos “perpetúan prejuicios, alimentan la discriminación y desconocen el valor y los derechos de las personas con discapacidad”. La organización también recordó que los niños no deben ser involucrados ni utilizados como blanco de agresiones en conflictos entre adultos.

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Sami es un niño que fue diagnosticado con autismo nivel 2.
Sami es un niño que fue diagnosticado con autismo nivel 2. Foto: El peruano

En Ayacucho, la asociación Mentes de Colores se sumó al rechazo bajo el lema “¡Con nuestros hijos, no!“. ‘Soy Autista y Qué’, por su parte, pidió que el episodio sirva para generar conciencia y reflexionar sobre el daño que ocasiona utilizar la discapacidad para humillar.

“¡NINGÚN HIJO CON DISCAPACIDAD ES UN CASTIGO DE DIOS!“, señaló esta última organización en su pronunciamiento.

El estigma puede convertirse en una barrera para la inclusión

La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que el trastorno del espectro autista comprende un conjunto diverso de condiciones relacionadas con el desarrollo del cerebro. Las características, capacidades y necesidades de apoyo varían de una persona a otra; por eso, un diagnóstico no determina por sí solo lo que alguien puede aprender, hacer o alcanzar.

La OMS también advierte que las personas autistas pueden enfrentar estigmatización y discriminación, además de dificultades para acceder a la educación, la atención sanitaria y otras oportunidades. Los prejuicios no se quedan necesariamente en las palabras: también pueden influir en la forma en que una persona es recibida en una escuela, tratada en un servicio público o incorporada a su comunidad.

Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo.
Cada 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. - Crédito: difusión

En el Perú, esta preocupación también ha aparecido en el ámbito educativo. La diputada Graciela Chipana Condori afronta un proceso judicial por presunta discriminación agravada contra un niño de tres años con autismo, por hechos que se remontan a 2025, cuando trabajaba como docente en Moquegua. La acusación fiscal incluye el presunto impedimento de ingreso del menor al aula. La Fiscalía solicitó dos años y cuatro meses de pena; el proceso deberá establecer las responsabilidades correspondientes y no existe una condena firme.

Desechemos los estigmas que alimentan la discriminación

Milagros Huamán Lu, directora de la asociación Soy Autista y Qué, reflexionó sobre la discriminación hacia las personas con discapacidad en una columna publicada en el diario La Razón, a propósito del caso de Graciela Chipana. “En el Perú, tener una discapacidad todavía puede significar enfrentarse a puertas cerradas, oportunidades negadas y derechos que existen en el papel, pero que resultan difíciles de ejercer”, escribió.

La discriminación no solo se manifiesta cuando se niegan oportunidades o se excluye a una persona. También se reproduce a través de prejuicios y estigmas que presentan el autismo como una desgracia o un castigo. Estas ideas refuerzan la percepción de que las personas autistas son una carga y pueden justificar actitudes de rechazo y humillación.

Por eso, el debate no debería agotarse en las disculpas de quien profirió los insultos ni en la condena pública de sus palabras. La inclusión también implica que los niños autistas puedan estudiar, participar en actividades y desenvolverse en la sociedad sin ser señalados o menospreciados por su condición.

Las expresiones de Eduardo Capuñay quedaron registradas en un video, pero el prejuicio que reflejan trasciende una disputa familiar. Ningún niño debería ser humillado por su condición, ni una familia tendría que defender el valor de su hijo frente a comentarios que lo presentan como un castigo.

El autismo no es un castigo ni un insulto. Dejar de utilizarlo como tal exige reconocer los prejuicios que persisten en la sociedad y entender que las personas autistas tienen los mismos derechos y merecen el mismo respeto que cualquier otra persona.

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