Señor de los Milagros: la historia del mural que sobrevivió y moviliza a Lima

El culto surgió tras la permanencia de una pintura de Cristo durante la destrucción de 1655 y se extendió con procesiones, testimonios religiosos y el hábito morado

Pared de adobe con una pintura de la crucifixión intacta entre escombros de edificios caídos y personas arrodilladas en actitud de rezo
Varios devotos rezan ante la pintura del Señor de los Milagros conservada en pie sobre un muro de adobe tras un terremoto en la Lima virreinal. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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En octubre, la devoción al Señor de los Milagros reúne en Lima a miles de fieles que recuerdan una historia vinculada a terremotos, curaciones y promesas. La imagen, conocida también como Cristo Moreno o Cristo de Pachacamilla, se convirtió en una de las expresiones religiosas más extendidas del Perú y conserva seguidores dentro y fuera del país.

El origen de este culto se remonta a 1655, cuando un terremoto destruyó gran parte de Lima y el Callao. En medio de los daños, permaneció en pie una pared de adobe que pertenecía a la cofradía de los angoleños. Sobre ese muro estaba pintada una imagen de Cristo crucificado, que no sufrió daños pese al derrumbe de construcciones cercanas.

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La permanencia del mural adquirió un significado religioso para los habitantes de la ciudad. La tradición señala que autoridades civiles y eclesiásticas intentaron cubrir o derribar la pared al considerar que las reuniones alrededor de la imagen carecían de orden. Sin embargo, esos planes no avanzaron. Los relatos transmitidos durante generaciones sostienen que quienes recibieron la orden se negaron a actuar o atravesaron situaciones que atribuyeron a la presencia del Cristo de Pachacamilla.

Composición de dos imágenes: primer plano del rostro pintado de Cristo y una persona que interviene la obra mural con un pincel fino
Un especialista realiza trabajos de conservación pictórica sobre el mural original del Señor de los Milagros en el Santuario de las Nazarenas de Lima. (BCP / Daniel Giannoni / Álvaro Sandoval)

El terremoto de 1687 dio origen a las procesiones de octubre

La devoción se afianzó en las décadas posteriores al primer sismo. En 1671, Andrés de León, vecino del barrio de San Marcelo y encargado de limpiar el espacio donde se conservaba la pintura, aseguró haber sanado de una enfermedad terminal luego de rezar ante la imagen. El padecimiento era conocido entonces como cancro y los médicos lo consideraban irreversible.

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Ilustración de un muro de adobe con una pintura de Cristo crucificado, rodeado de escombros de vigas y tejas, frente a una catedral con humo
Una recreación visual ilustra la permanencia del muro de adobe con la pintura del Señor de los Milagros en medio de las ruinas causadas por los terremotos del periodo virreinal en Lima. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El 20 de octubre de 1687, otro terremoto afectó a Lima y destruyó la capilla inicial que resguardaba el mural. Frente a la emergencia, las autoridades dispusieron que una copia al óleo de la imagen recorriera las calles. Ese traslado abrió el camino para una práctica que se mantuvo durante siglos y que convirtió a octubre en el mes central de la devoción al Señor de los Milagros.

Vista cenital en blanco y negro de hombres que alzan en hombros un anda religiosa con flores en medio de una multitud de personas
Una multitud de fieles acompaña y eleva en hombros la réplica de la imagen del Señor de los Milagros, antes de la construcción de su anda, durante un recorrido procesional en Lima. (Biblioteca Nacional del Perú)

La relación entre la imagen y los terremotos volvió a ocupar un lugar central el 28 de octubre de 1746. Ese día, Lima sufrió uno de los movimientos sísmicos más graves de su historia. Según la tradición oral y diversos testimonios de la época, una réplica del lienzo salió en procesión entre la población y los temblores cesaron durante el recorrido. El episodio reforzó la identificación del Cristo Moreno con la protección frente a desastres naturales.

Grabado de un hombre de espaldas que pinta a Cristo en la cruz sobre un muro, rodeado por varias personas con velas y faroles encendidos.
Un esclavo africano pinta la figura del Señor de los Milagros sobre un muro de adobe rodeado por personas que iluminan el espacio con velas y faroles en Pachacamilla en 1651. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Iglesia de las Nazarenas concentra la fe de los devotos

La expansión del culto derivó en la construcción de la Iglesia de las Nazarenas, santuario ubicado en Lima donde se rinde homenaje a la imagen original. Cada octubre, devotos vestidos con hábitos morados acompañan las salidas procesionales y recuerdan la supervivencia del mural de adobe, además de los terremotos que marcaron los primeros años de esta tradición.

Infografía con una línea de tiempo de cinco etapas ilustradas sobre el origen de la devoción del Señor de los Milagros en Lima
Una infografía presenta la cronología histórica del Señor de los Milagros en Lima, desde la creación de la pintura en 1651 hasta la primera procesión en 1687. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La fecha del 28 de octubre tiene un valor especial para la feligresía. Conmemora el terremoto de 1746 y se vincula con la resistencia de la pared que conservó la pintura desde 1655. Las procesiones congregan a personas que llegan desde distintas regiones del Perú y desde otros países, con pedidos de salud, trabajo, protección para sus familias o agradecimientos por favores que consideran recibidos.

Pintura de Jesucristo crucificado con dos figuras a sus pies y dos columnas doradas a los lados en una hornacina
El altar mayor del Santuario de las Nazarenas en Lima conserva la pintura mural del siglo XVII que dio origen a la devoción del Señor de los Milagros.

Los creyentes también atribuyeron al Cristo de Pachacamilla protección ante epidemias y enfermedades. Entre los hechos mencionados por la tradición figura la fiebre amarilla de 1868, cuando numerosos habitantes recurrieron a la imagen en busca de amparo. Las promesas de los devotos incluyen desde la recuperación de familiares enfermos hasta la obtención de vivienda, empleo o estabilidad económica, peticiones que forman parte de la relación cotidiana de muchos fieles con el Señor de los Milagros.

Jesucristo crucificado con una paloma arriba, el sol, la luna y dos mujeres con mantos a los lados frente a un cielo con nubes
El mural virreinal del Señor de los Milagros en el Santuario de las Nazarenas de Lima representa la crucifixión de Jesucristo junto a la Virgen María y María Magdalena. (BCP / Alberto Phumpiu)

Testimonios de salud, agradecimiento y promesas de fe

En 1920 circuló en Lima el caso de Rosa Angélica Castro, una joven de origen modesto que había pasado por dos operaciones y permanecía inmovilizada de ambas piernas. Su familia no tenía un diagnóstico definitivo sobre las causas de su condición. Durante el segundo día de la procesión de octubre, Castro y su madre ingresaron al Templo de la Encarnación para pedir por su recuperación.

De acuerdo con el relato difundido entonces, cuando el templo quedó casi vacío, la joven dejó la silla en la que se desplazaba, se puso de pie y caminó. Para los creyentes, el hecho constituyó una muestra de la misericordia atribuida al Cristo Moreno. El caso se incorporó a una larga serie de historias de personas que sostienen haber recibido una curación después de acercarse a la imagen o participar de las procesiones.

Una multitud vestida con túnicas moradas y velos blancos acompaña un anda procesional con flores frente a una iglesia de piedra.
Fieles vestidos con hábitos morados cargan el anda del Señor de los Milagros frente al Santuario de las Nazarenas en el centro histórico de Lima. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Alejandrina Ponce relató que su hijo sufrió una caída por las escaleras a los dos años y fue llevado al Hospital del Niño, en Breña, donde los médicos lo desahuciaron. “Para mí es un misterio cómo llegué a la procesión del Cristo de Pachacamilla aquella vez, porque yo lo ignoraba. Buscaba a Dios en persona, pero desconocía la imagen”, afirmó. Ponce contó que llevó al niño frente al altar y prometió vestir el hábito morado hasta el final de su vida si sobrevivía. “En ese momento, una luz alumbró a mi hijo y empezó a mover su cabecita. En el hospital me dijeron que era un milagro”, sostuvo.

Imagen dividida con el anda del Señor de los Milagros llevada por fieles a la izquierda y el rostro de una anciana con gorra a la derecha
Una mujer de 98 años asiste en Lima a la procesión del Señor de los Milagros, una tradición religiosa que mantiene junto a su familia desde hace décadas. (Infobae Perú)

Luis Díaz, integrante de la hermandad desde hace unos 27 años, afirmó que su madre le contó cómo se recuperó cuando él tenía 15 años. “Desde ahí empecé a tener una fe tremenda. En agradecimiento dije: ‘Señor, si tú quieres, algún día levantaré tu anda’, y tuve la oportunidad de hacerlo y más aún, de pertenecer a la hermandad”, expresó. Para muchos miembros de la hermandad, cargar las andas representa el cumplimiento de una promesa personal.

Estela Poma señaló que participa de las celebraciones desde que era niña y atribuye a su fe la protección de sus hijos, su vivienda y la salud de su familia. “Hace años le pedí que nos diera un techo para vivir con mis hijitos y me ayudó. Ahora tengo mi casa, mis hijos ya crecieron y tienen trabajo, tienen salud. Todo es gracias a Dios”, afirmó. Su testimonio refleja una devoción que, más de tres siglos después del terremoto de 1655, mantiene al Señor de los Milagros como una referencia religiosa para miles de familias.

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