Cáncer de mama: ¿Por qué los controles deben iniciarse desde los 40 años y cuál es la importancia de una mamografía?

Bultos, secreciones por el pezón, manchas o alteraciones de la piel deben ser evaluados por especialistas, según advirtió la oncóloga Patricia Pimentel

Una especialista médica dialoga en cabina sobre la detección temprana y los chequeos preventivos contra el cáncer de mama. Durante la transmisión informativa de Exitosa, se muestran secuencias de autoexploración mamaria y procedimientos de mamografía, mientras se detalla la recomendación clínica de iniciar evaluaciones médicas periódicas a partir de los 40 años de edad.
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Los controles clínicos anuales desde los 40 años pueden favorecer la detección temprana del cáncer de mama, una enfermedad que presenta mejores perspectivas cuando se identifica en etapas iniciales. La oncóloga Patricia Pimentel Álvarez, de la Clínica San Gabriel, señaló que conocer las características habituales de las mamas, atender posibles cambios y consultar de acuerdo con la edad y los factores de riesgo permite actuar antes de que aparezcan lesiones avanzadas.

La especialista recomendó que las mujeres incorporen una revisión personal periódica, que incluya la observación y la palpación de las mamas. El objetivo es reconocer su forma, textura y aspecto habitual para advertir variaciones que requieran una evaluación médica. Un bulto, una mancha, secreción por el pezón, alteraciones de la piel o cambios en la forma de la mama deben motivar una consulta.

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En quienes todavía menstrúan, la autoexploración puede realizarse después del período, cuando suele disminuir la inflamación del tejido mamario. Para las mujeres que atravesaron la menopausia, la recomendación es elegir una fecha fija cada mes. La regularidad permite transformar la revisión en una rutina y facilita la identificación de cambios que antes no estaban presentes.

Una mujer sentada de perfil frente a un mamógrafo que manipula una técnica con uniforme celeste en una habitación blanca.
Una profesional de la salud calibra un mamógrafo junto a una paciente sentada en una sala de diagnóstico clínico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El examen personal debe complementarse con una evaluación médica

Pimentel Álvarez indicó que los controles preventivos deberían comenzar desde los 40 años, tanto en mujeres que tuvieron hijos como en aquellas que no los tuvieron. El autoexamen puede servir para advertir señales de alerta, aunque no reemplaza la valoración de un profesional de salud. La consulta clínica permite identificar alteraciones que pueden pasar inadvertidas durante la revisión personal.

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Un profesional de la salud sujetando con delicadeza una placa de mamografía y ecografía transparente frente a una pantalla de luz blanca limpia
Un profesional de la salud sujetando con delicadeza una placa de mamografía y ecografía transparente frente a una pantalla de luz blanca limpia (Imagen Ilustrativa Infobae)

La edad hasta la cual deben mantenerse esos controles es objeto de discusión dentro de la práctica médica. Algunas recomendaciones los sitúan hasta los 60 o 70 años, aunque el aumento de la expectativa de vida lleva a considerar su continuidad durante más tiempo. La decisión depende de la condición general de cada paciente, sus antecedentes y la evaluación de su equipo médico.

Una mujer con bata sostiene una mamografía con zonas rojas resaltadas frente a un panel de luz.
Una médica analiza una mamografía con anomalías marcadas en rojo para la evaluación diagnóstica de un tumor de mama. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre los factores que requieren una atención mayor figuran los antecedentes de cáncer de mama en madres, hermanas o tías. También deben considerarse el exceso de peso, el tabaquismo y el consumo elevado de alcohol. La oncóloga añadió que las mujeres que no tuvieron hijos o que no dieron de lactar presentan un riesgo más alto, por lo que deberían conversar con un especialista sobre la frecuencia de sus controles.

Una mujer de espaldas frente a un espejo que refleja su torso, con una libreta, un lápiz y un frasco sobre una repisa de madera.
Una mujer observa su torso frente al espejo durante una rutina orientada a identificar posibles alteraciones corporales y acudir a una consulta especializada. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los antecedentes familiares explican una parte reducida de los diagnósticos

Solo el 5% de las neoplasias mamarias son hereditarias, según precisó Pimentel Álvarez. Los antecedentes familiares, por lo tanto, no explican la mayoría de los casos, aunque constituyen un elemento relevante para definir el seguimiento de cada mujer. La presencia de familiares directos con diagnóstico de cáncer de mama debe ser informada durante la consulta para evaluar si corresponde indicar estudios o vigilancia adicional.

La mamografía suele recomendarse después de los 50 años, explicó la médica, debido a que las mamas más jóvenes suelen presentar mayor densidad. Esa condición puede dificultar la lectura de las imágenes y reducir la capacidad del estudio para distinguir ciertas lesiones. En esos casos, el médico puede considerar otros métodos, como la ecografía o la resonancia mamaria, según las características de la paciente.

La especialista diferenció los controles realizados en ausencia de síntomas de la detección temprana que ocurre cuando aparece una señal de alerta. Dolor persistente, un bulto, una sensación diferente en una mama o la salida de líquido por el pezón requieren atención médica. “Démonos un día para hacernos un chequeo. Démonos la oportunidad”, expresó Pimentel Álvarez al dirigirse a quienes postergan las consultas por falta de tiempo o temor.

Modelo anatómico del torso masculino en rayos X con un tumor rojo en el pecho izquierdo junto a textos explicativos.
Una infografía médica tridimensional señala la localización de un carcinoma mamario frente al tejido sano en el tórax masculino. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una mamografía puede identificar lesiones de menos de 5 milímetros

Una mamografía preventiva puede detectar lesiones no palpables de menos de 5 mm, de acuerdo con la explicación de la oncóloga. Cuando el cáncer se identifica en estadio uno, la proyección de vida puede acercarse al 100% a más de 10 años, sin una alteración de la supervivencia de la paciente. Por esa razón, los controles adquieren importancia incluso cuando no existen molestias ni cambios visibles.

Pimentel Álvarez señaló que las neoplasias mamarias en mujeres jóvenes pueden tener un comportamiento más agresivo que en pacientes de mayor edad. También mencionó una expresión genética a la que denominó “GER”, que, según indicó, estaría presente en el 35% de las mujeres en Perú. La médica vinculó esa característica con formas de enfermedad de mayor agresividad, un aspecto que debe ser evaluado por equipos especializados.

El diagnóstico de cáncer no se confirma únicamente mediante una imagen. La Clínica San Gabriel recordó que se requiere una evaluación anatomopatológica para establecer la existencia de la enfermedad y sus características. La especialista advirtió que la primera comunicación de una sospecha o diagnóstico debería estar a cargo de profesionales capacitados, con formación en oncología o ginecología oncológica.

Una médica con bata blanca mira una mamografía en un monitor mientras una paciente de espaldas se apoya en un mamógrafo.
Una médica revisa la imagen de una mamografía en una pantalla mientras una paciente realiza el estudio en el equipo radiológico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estadio cuatro puede tratarse como una enfermedad crónica en algunos casos

El estadio cuatro no debe interpretarse de manera automática como una sentencia de muerte, sostuvo la médica. En ciertos cuadros con afectación ósea, explicó, el cáncer de mama puede controlarse como una enfermedad crónica, con tratamientos y seguimiento continuo. Esa situación requiere cuidados para prevenir caídas y fracturas, aunque la presencia de lesiones óseas no supone por sí misma una reducción de la supervivencia.

Los tratamientos disponibles incluyen inmunoterapia, terapias dirigidas, quimioterapia oral y medicamentos para controlar efectos adversos, como las náuseas. Algunas pacientes pueden recibir atención durante períodos breves y retomar luego sus actividades cotidianas o laborales. Pimentel Álvarez señaló que ciertas terapias no requieren premedicación y pueden reducir efectos que suelen generar preocupación, entre ellos la caída del cabello.

Una mano con guante azul sostiene una pantalla con una mamografía, frente a un equipo clínico desenfocado al fondo.
Una pantalla médica presenta una imagen mamográfica orientada a la detección de alteraciones en el tejido que no son perceptibles al tacto. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La atención también debe contemplar la salud emocional de la paciente y su entorno. La oncóloga aclaró que las emociones no causan cáncer, aunque una depresión o una pérdida podrían adelantar su aparición en personas con predisposición genética, según su explicación. El acompañamiento familiar, psicológico o psiquiátrico puede resultar necesario durante el proceso, junto con actividades recreativas, espacios al aire libre y grupos de apoyo que ayuden a sostener la calidad de vida.

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