
Cumplir 50 años hoy ocurre en un escenario muy distinto al que enfrentaron las generaciones anteriores. Los peruanos viven, en promedio, más de tres décadas adicionales que a mediados del siglo pasado, una transformación que está obligando a revisar ideas tradicionales sobre jubilación, productividad, relaciones personales y proyectos de vida.
Para describir esa etapa cada vez más larga entre la madurez y la vejez, la empresaria y mentora Mirian Lau utiliza el término “midelescencia”. La fundadora de La Segunda Mordida la sitúa aproximadamente entre los 50 y 70 años, un periodo atravesado por cambios profesionales, familiares, físicos y personales.
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No se trata de una categoría médica ni psicológica reconocida formalmente, sino de una manera de nombrar un fenómeno asociado con la mayor longevidad y la posibilidad de permanecer activos durante más años.

De vivir 43 años a superar los 77
El cambio demográfico ayuda a entender por qué la mitad de la vida empieza a verse de otra manera.
Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la esperanza de vida al nacer en Perú pasó de 43,8 años en 1950 a 77,4 años en 2024. En el caso de las mujeres alcanzó los 80 años y entre los hombres llegó a 74,7.
Eso significa que una persona que llega a los 50 años puede tener todavía varias décadas por delante, aunque la cantidad y calidad de esos años dependerán de factores como su salud, condiciones económicas, entorno y hábitos.
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La transformación también tiene consecuencias económicas. La Generación X, formada habitualmente por quienes nacieron entre 1965 y 1980, representa alrededor del 17% de la población mundial y se estima que impulsó unos US$15,2 billones en gasto de consumo durante 2025.

Reinventarse laboralmente después de los 50
Una vida más larga no garantiza, sin embargo, una permanencia sencilla en el mercado laboral.
En Perú, el 85% de los trabajadores considera que existe discriminación por edad, según un estudio de Bumeran. Entre las prácticas identificadas, 41% menciona que las empresas evitan incorporar personas mayores de 45 años y 46% percibe que se privilegia a trabajadores más jóvenes para determinados proyectos o reconocimientos.
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Para Lau, esta realidad obliga a revisar la idea de una trayectoria profesional lineal que termina con la jubilación.
La especialista plantea que, durante esta etapa, una persona puede combinar distintas actividades como consultoría, mentoría, participación en directorios, emprendimientos o proyectos independientes, en lugar de depender exclusivamente de un empleador.
Esto también puede implicar actualizar el perfil profesional, adquirir nuevas competencias digitales y reconstruir redes de contacto después de años dentro de una misma organización.

Salud, vínculos y propósito: qué cambia en esta etapa
La reinvención no se limita al trabajo. Lau identifica otros tres ámbitos que adquieren especial importancia: salud, relaciones personales y propósito.
En materia de bienestar, recomienda incorporar los chequeos médicos a la planificación cotidiana y mantener actividad física regular, además de prestar atención a la salud emocional.
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También plantea continuar aprendiendo durante la adultez, desde idiomas hasta nuevas herramientas tecnológicas. La idea no es simplemente acumular conocimientos, sino conservar espacios de estímulo intelectual y adaptación frente a un entorno laboral y social que cambia rápidamente.
En las relaciones personales, propone priorizar vínculos significativos y combatir el aislamiento, un aspecto especialmente relevante cuando los hijos dejan el hogar, cambia la rutina laboral o se producen pérdidas dentro del entorno cercano.

¿Crisis de la mediana edad o una nueva etapa?
Durante décadas, llegar a determinada edad estuvo asociado con conceptos como “crisis de la mediana edad” o con el inicio de una retirada progresiva de la vida profesional.
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La denominada midelescencia propone una mirada distinta: no negar los cambios asociados con la edad, sino preguntarse qué hacer con los años adicionales que hoy forman parte de la expectativa de vida.
“Dejas de contar los años y empiezas a medir tu vida en energía, determinación y pasión renovada”, sostiene Lau.

Entre sus recomendaciones aparece también identificar actividades pendientes, experimentar antes de adoptar un nuevo proyecto y pensar qué conocimientos o experiencias pueden transmitirse a otras generaciones mediante mentorías, voluntariado o enseñanza.
La mayor longevidad no significa que todas las personas lleguen a esta etapa con las mismas condiciones económicas, laborales o de salud. Pero sí introduce una pregunta que hace algunas décadas tenía mucho menos espacio: si la vida puede extenderse durante 20 o 30 años después de los 50, ¿cómo queremos vivir esa segunda mitad?
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