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Del optimismo a la inversión: la agenda pendiente del Perú

La economía futura demandará habilidades tecnológicas y de inteligencia artificial, por lo que se plantea articular inversión y empleo con formación y reconversión laboral, además de entrenamiento continuo para elevar productividad

Mujer de espaldas con traje y maletín mira por una ventana. Vista de ciudad, puerto con barco de carga y grúas, y una red global digital superpuesta
El último dato de Datum indicó que seis de cada diez peruanos miran el futuro del país con optimismo. (Imagen referencial Infobae)
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El último dato de Datum es alentador: seis de cada diez peruanos miran el futuro del país con optimismo. Desde el mundo empresarial, deberíamos leerlo como una oportunidad y, a la vez, como una responsabilidad, porque el optimismo por sí solo no mueve una inversión. Lo que mueve una inversión es la confianza sostenida en el tiempo, y esa confianza se construye con predictibilidad.

Las empresas no toman decisiones de largo plazo sobre la base de un buen momento anímico, sino de reglas de juego claras, seguridad jurídica y capacidad real de ejecución. Si el nuevo escenario político y económico ofrece señales concretas en esa dirección, el optimismo actual puede convertirse en decisiones de inversión reales.

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Hay, además, una tarea impostergable en el destrabe de proyectos. Perú tiene una cartera importante de iniciativas de inversión e infraestructura que necesitan pasar de la intención a la ejecución con mayor velocidad; la simplificación de procesos suele marcar la diferencia entre un proyecto que se concreta y uno que se posterga indefinidamente.

A esto se suma una oportunidad que no podemos dejar pasar: la productividad a través de la tecnología. La adopción de inteligencia artificial y herramientas digitales, en empresas y en el Estado, debe ser uno de los motores más potentes para que el crecimiento no dependa solo de más inversión, sino de mejor inversión.

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Hombre con gafas teclea en laptop; proyecciones holográficas de gráficos y la sigla AI flotan sobre la pantalla. Otros empleados trabajan en oficina
La productividad en Perú puede crecer con la adopción de inteligencia artificial y herramientas digitales en las empresas y en el Estado. (Imagen ilustrativa Infobae)

Una pregunta legítima es cuánto tiempo toma que una mayor inversión empresarial se traduzca en empleo e ingresos. Depende del tipo de inversión, pero en sectores como construcción, servicios y tecnología, la activación de proveedores y la generación de empleo pueden verse en cuestión de meses.

El verdadero reto no es activar ese primer impulso, sino sostenerlo, y ahí entra un elemento poco mencionado en la conversación pública: el talento. La economía del futuro demandará cada vez más capacidades digitales y de inteligencia artificial, por lo que la agenda de inversión y empleo deben ir de la mano de una agenda de formación y reconversión laboral. No es solo crear más puestos, sino empleos de mayor productividad y mejores oportunidades reales, con capacidad de entrenamiento continuo.

Es cierto que el empresariado y la ciudadanía miran el mismo momento del país desde ángulos distintos. Las empresas siguen de cerca variables como estabilidad, productividad y competitividad; los ciudadanos esperan que todo eso se traduzca, cuanto antes, en su vida diaria: un mejor empleo, más ingresos, seguridad y mejores servicios públicos.

Pero estas dos miradas no son contradictorias, son complementarias. El desafío real está en lograr que el crecimiento económico se sienta en el día a día de las personas. Y para que ambas expectativas empiecen a converger, el gobierno tendrá que mostrar resultados visibles y tempranos en seguridad, generación de empleo formal, destrabe de inversiones e infraestructura. El crecimiento que no se siente en la vida cotidiana termina siendo, para la mayoría, una cifra abstracta.

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El crecimiento económico debe traducirse en mejor empleo, más ingresos, seguridad y mejores servicios públicos para los peruanos.

Los primeros meses de cualquier gestión son determinantes para consolidar o erosionar la confianza empresarial. Entre las señales más relevantes para sostenerla, y convertirla en decisiones de inversión de largo plazo, destacaría la seguridad, la estabilidad regulatoria, el destrabe efectivo de proyectos, la simplificación de trámites y una agenda clara de infraestructura y tecnología.

A esto se suma la necesidad de avanzar en la modernización del Estado y en el desarrollo de talento digital. La competitividad del Perú de los próximos años va a depender, en buena medida, de nuestra capacidad para incorporar tecnología, innovación con rigor e inteligencia artificial en los distintos sectores de la economía, tanto públicos como privados.

El Perú tiene, hoy, una oportunidad que no siempre se presenta: un nivel de optimismo ciudadano y empresarial que rara vez coincide. Si logramos combinar estabilidad, inversión, tecnología, talento y capacidad de ejecución, ese optimismo puede dejar de ser una expectativa y convertirse en un ciclo de crecimiento sostenido e inclusivo, uno que finalmente se sienta en la vida de todos los peruanos.

Lorena Rojas, Country Head de Tata Consultancy Services Perú

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