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Neuropsicóloga advierte sobre un error en la enseñanza a niños autistas: “Enseñar no es obligar a cualquier costo”

La especialista señaló que padres y docentes deben cambiar la mirada frente a ciertas conductas y preguntarse qué necesita el niño para alcanzar un aprendizaje

Elementos visuales de la Semana Azul, incluyendo material educativo y pulseras de concienciación sobre el autismo - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Actividades y charlas de concienciación sobre el autismo y el déficit de atención en la Semana Azul - (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que requiere comprensión, acompañamiento y estrategias adaptadas a las necesidades de cada persona. En el Perú, se estima que alrededor de 300 mil personas viven con esta condición; sin embargo, existe una importante brecha entre la población estimada y los diagnósticos registrados oficialmente, lo que también evidencia la necesidad de fortalecer la información y la comprensión sobre las distintas formas en que se manifiesta el autismo.

En este contexto, la neuropsicóloga infantil Luz Daniela Ramos compartió un video en sus redes sociales en el que cuestionó una práctica que, según explicó, todavía está presente en algunos espacios educativos y familiares: interpretar que un niño autista “no quiere” hacer algo y responder obligándolo hasta que cumpla la actividad.

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La especialista señaló que una conducta de rechazo no siempre está relacionada con falta de voluntad, sino que puede estar vinculada con las habilidades que el niño aún necesita desarrollar o con las barreras que enfrenta para realizar determinada tarea.

“Muchas veces se asume que un niño no quiere hacer algo porque no le da la gana”, explicó Ramos, quien pidió cambiar la mirada y pasar de la pregunta “¿por qué no quiere hacerlo?” a “¿qué le está impidiendo hacerlo y qué necesita para lograrlo?”.

Las conductas de frustración también comunican

Maestra asiste a niño llorando con su escritura en un cuaderno. El aula tiene estanterías con libros, mochilas y otros estudiantes sentados en sus mesas
Una profesora guía la mano de un niño que llora mientras escribe en un cuaderno, con otros alumnos observando en el aula. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante su explicación, la neuropsicóloga indicó que algunos niños dentro del espectro autista pueden presentar desafíos motores, sensoriales o de coordinación que dificultan actividades que para otras personas pueden parecer sencillas.

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Entre estas dificultades mencionó condiciones como alteraciones en el tono muscular, problemas de coordinación motora, dificultades para registrar las sensaciones del propio cuerpo o para regular la fuerza y precisión de sus movimientos.

Por ello, señaló que cuando un niño llega a niveles elevados de frustración, como gritar, llorar, golpearse o presentar una crisis, esto puede ser una señal de que la exigencia planteada supera las herramientas y habilidades que posee en ese momento.

“No significa que el niño no pueda aprender ni que debamos dejar de exigirle. Significa que debemos encontrar el equilibrio entre el desafío y los apoyos que necesita para alcanzar ese aprendizaje”, explicó.

Enseñar no significa forzar hasta generar sufrimiento

Ramos remarcó que acompañar a un niño autista no implica eliminar los objetivos educativos, sino buscar estrategias que permitan alcanzarlos respetando su proceso y sus necesidades individuales.

La especialista cuestionó la idea de justificar una enseñanza basada únicamente en la obligación, incluso si el niño atraviesa episodios constantes de ansiedad o desregulación durante el proceso.

“Enseñar no es obligar a cualquier costo”, enfatizó, al señalar que el aprendizaje debe construirse entendiendo qué apoyos requiere cada niño.

Finalmente, recomendó a padres, cuidadores y docentes observar las conductas desde otra perspectiva: una crisis o una negativa pueden ser una forma de comunicar que existe una dificultad, una incomodidad o una necesidad que todavía no ha sido atendida.

El Minsa también destaca que la intervención temprana y el acompañamiento adecuado son fundamentales para favorecer el desarrollo de niños y niñas con TEA, así como para orientar a sus familias.

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