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De niño criado por Sendero Luminoso a jefe en el VRAEM: quién era el ‘camarada Richard’ y los crímenes que se le atribuye

Durante casi una década, el abatido ‘camarada Richard’ controló el eje Mantaro, una estratégica ruta del narcotráfico en el VRAEM. Infobae Perú reconstruye su perfil con información del especialista Pedro Yaranga

Hombre de tez morena con camiseta gris, chaleco táctico y rifle, en medio de la vegetación de la selva. Su rostro presenta una expresión seria
Camarada Richard, miembro del Militarizado Partido Comunista del Perú, aparece con su rifle en un entorno selvático. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Durante casi una década, Jhonny Curo Rojas, alias ‘camarada Richard’, fue uno de los hombres más temidos por las comunidades del VRAEM. Las autoridades lo identificaban como el encargado de custodiar uno de los principales corredores del narcotráfico en la selva central, planificar ataques contra las fuerzas del orden y mantener bajo amenazas a pobladores que vivían en zonas dominadas por los remanentes de Sendero Luminoso.

Su historia terminó el último 29 de julio en Alto Mantaro, en el distrito de Vizcatán del Ene (Junín), donde fue abatido durante la operación ‘Quiñones’, ejecutada por el Comando Especial VRAEM y la Policía Nacional. Para las Fuerzas Armadas, su muerte representa uno de los golpes más significativos contra la estructura del denominado Militarizado Partido Comunista del Perú (MPCP), la facción senderista liderada por Víctor Quispe Palomino, alias ‘José’.

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El joven mando que creció dentro de Sendero Luminoso

A diferencia de los históricos dirigentes senderistas, el ‘camarada Richard’ pertenecía a una nueva generación. Según explicó a Infobae Perú el investigador especializado en terrorismo Pedro Yaranga, el subversivo no superaba los 30 años y habría nacido dentro de la propia organización.

“Muchos de los que nacen dentro de la organización ni siquiera conocen a sus verdaderos padres. Son criados desde pequeños por madres sustitutas y formados para convertirse en combatientes”, señaló.

Para Yaranga, ese perfil explica por qué Víctor Quispe Palomino empezó a confiarle responsabilidades cada vez mayores.

“Los mandos históricos ya tienen una edad avanzada y han perdido capacidad para desplazarse y dirigir operaciones. Por eso José ha preferido rodearse de familiares y jóvenes. Richard ya ocupaba aproximadamente el cuarto nivel del Comité Central como mando militar”, precisó.

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El hombre que controlaba el corredor del narcotráfico

Un díptico con el rostro de un hombre en primer plano y una vista aérea de montañas con vegetación, que incluye dos fusiles montados
Un retrato de Jhonny Curo Rojas, alias ‘Camarada Richard’, se expone junto a una vista aérea del Vraem con armamento militar que señala el área de su abatimiento en un operativo.

Más que un jefe de combate, Jhonny Curo era el encargado de asegurar el funcionamiento de una de las zonas más estratégicas para el MPCP.

Desde hacía aproximadamente ocho años tenía bajo su responsabilidad el denominado eje Mantaro, una extensa franja ubicada en ambas márgenes del río Mantaro y colindante con Vizcatán del Ene.

Según Yaranga, más del 90 % de ese territorio permanece bajo influencia de la organización, lo que convierte al lugar en un corredor clave para el traslado de droga e insumos químicos.

“Su función era controlar esa zona y garantizar el desplazamiento de mandos importantes como Chato Mendoza”, explicó el especialista.

Ese dominio territorial también significaba ejercer control sobre las comunidades asentadas en la zona.

Los crímenes que marcaron su trayectoria

El nombre del camarada Richard aparece vinculado a algunos de los episodios más violentos registrados en el VRAEM durante los últimos años.

Las investigaciones lo señalan como uno de los responsables de la masacre de Huarcatán, perpetrada el 24 de marzo de 2021, cuando un comando terrorista asesinó a cinco personas, entre ellas dos adolescentes de 15 y 16 años, en el distrito ayacuchano de Pucacolpa. Según Yaranga, los subversivos acusaron a la familia, sin pruebas, de colaborar con las Fuerzas Armadas.

“Eran campesinos bastante pobres. Los secuestraron y, durante el trayecto hacia la selva, los fueron asesinando uno por uno; incluso colgaron algunos cuerpos en los árboles”, relató.

Sin embargo, ese no sería el único ataque en el que participó.

De acuerdo con Pedro Yaranga, también integró el grupo que perpetró el asesinato de 16 personas en Vizcatán del Ene, ocurrido días después de la matanza de Huarcatán, en vísperas de las elecciones generales de 2021.

“Después de Huarcatán viene el asesinato de las dieciséis personas en Vizcatán del Ene. En ese crimen también participó él”, afirmó.

El especialista también lo vincula con el secuestro de un trabajador del sector Salud en Alto Mantaro y con la desaparición de un trabajador del sector Agricultura, quien presuntamente fue ejecutado tras ser acusado de colaborar con las Fuerzas Armadas.

“Toda esa zona estaba bajo su mando. Los pobladores vivían bajo amenaza permanente y probablemente hubo otros secuestros y asesinatos selectivos que nunca fueron registrados oficialmente”, sostuvo.

Militarizado Partido Comunista del Perú, remanente de Sendero Luminoso

Para Yaranga, el MPCP nunca abandonó las prácticas violentas que caracterizaron a Sendero Luminoso durante el conflicto armado interno.

Aunque desde 2009 la organización empezó a presentarse como el Militarizado Partido Comunista del Perú, el cambio de nombre solo buscó distanciarse de la imagen de Sendero Luminoso.

“Ellos decían que ya no eran terroristas y que no cometerían matanzas, pero solo era una estrategia para ganarse la confianza de la población. Después aplicaron el mismo método de siempre: asesinatos selectivos, emboscadas, secuestros y amenazas”, explicó.

Según el investigador, maestros, personal de salud y agricultores que trabajan en comunidades alejadas continúan siendo vigilados por la organización. Si son considerados informantes de la Policía o de las Fuerzas Armadas, pueden ser secuestrados e incluso asesinados.

El arsenal que quedó al descubierto

Tras la muerte del camarada Richard, agentes de la Dirección Contra el Terrorismo (Dircote) hallaron un arsenal oculto en un forado de Vizcatán del Ene, territorio que permanecía bajo su influencia.

Durante la intervención fueron incautados tres fusiles, una subametralladora HK con silenciador, dos mini Uzi, dos ametralladoras MGP, dos pistolas Glock y Smith & Wesson, además de abundante munición y prendas utilizadas por integrantes del MPCP.

Según la Policía, ese armamento iba a ser empleado para fortalecer la estructura militar de la organización, entrenar nuevos cuadros —incluidos menores de edad— y ejecutar futuros ataques contra las fuerzas del orden.

Con la muerte de Richard, el MPCP pierde a uno de los hombres que durante años garantizó el control de uno de sus principales corredores logísticos. Sin embargo, para los especialistas, el desafío continúa: la estructura encabezada por Víctor Quispe Palomino mantiene presencia en amplios sectores del VRAEM y conserva capacidad para reorganizarse.

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