La lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, relató que pasó más de 480 días en prisión sin recibir condena, una experiencia que describió como el inicio de una etapa que cambió su vida y anticipó escenarios aún más complejos. Su primer arresto, ocurrido en octubre de 2018 durante una investigación vinculada a la campaña presidencial de 2016, marcó un quiebre personal y político.
Según su testimonio, esa jornada comenzó con un interrogatorio en la fiscalía y derivó en una detención que ella consideró arbitraria. En el segundo capítulo de “Confesiones”, la dirigente explicó que la investigación experimentó un giro decisivo cuando se produjo el cambio del fiscal a cargo y se ordenaron nuevas diligencias, entre ellas allanamientos a su entorno político.
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El inicio del proceso y la percepción de arbitrariedad
Para Keiko Fujimori, el proceso judicial incluyó episodios que describió como abusivos y extraños. Señaló que, pese a que su partido colaboraba con la justicia, la pesquisa adquirió un tono hostil. Recordó que, antes de presentarse ante la fiscalía, preparó las loncheras de sus hijas y se despidió asegurando que regresaría por la tarde, aunque presentía que algo adverso podía suceder.
Durante el interrogatorio, un oficial de policía le preguntó si estaba bajo orden de arresto. En ese momento, Fujimori avisó a su esposo, Mark Vito Villanella, que la detenían y le solicitó que transmitiera tranquilidad a sus hijas. Ese acto marcó el inicio de una serie de traslados y procedimientos que se extenderían por varios días.
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Traslados, exámenes y la mediatización del caso
La lideresa de Fuerza Popular relató que la primera semana incluyó traslados a distintas dependencias policiales, exámenes médicos y psicológicos, y la presentación de una apelación al séptimo día. Dijo que fue llevada primero a una comisaría y luego a la prefectura, donde solicitó papel y lapicero a su abogada, Giuliana Loza, para escribir una carta que buscaba explicar su situación a la militancia y la comunidad internacional.
Fujimori observó que los vehículos que la trasladaban avanzaban a baja velocidad, rodeados de prensa nacional e internacional, lo que interpretó como un intento de convertir el proceso en un espectáculo público. “Se intentaba convertir la detención en un circo”, afirmó en su relato.
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Condiciones de detención y contacto con la militancia
Durante el control de identidad, Fujimori presenció cómo las cámaras de televisión enfocaban sus manos esposadas y su rostro. Posteriormente, fue sometida a exámenes médicos, psicológicos, dentales y análisis de sangre y orina, en una secuencia que no pudo completarse el primer día por su extensión.
En la prefectura, la dirigente se encontró con Adriana, una militante mayor del partido, y relató que procuró mantener la serenidad para transmitirle calma. Le cedió el único colchón disponible, mientras ella descansaba sobre una tarima. Sobre esa primera noche, Fujimori fue explícita: “Lloré muchísimo. Lloré en silencio”. Dijo que evitó mostrar su angustia para no preocupar a su acompañante, aunque ambas reconocieron su estado emocional al día siguiente.
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Espera, vigilancia y apelación
Al tercer día de detención, Fujimori preguntó cuándo podría salir y recibió como respuesta que la apelación había sido presentada, pero el trámite aún demoraría. Solicitó ropa desde su casa para asearse, pero su abogada le advirtió sobre la posibilidad de vigilancia constante, incluso en espacios privados como el baño o la ducha. “Están filmando cada movimiento tuyo”, le advirtió Loza.
La excongresista señaló que la audiencia de apelación se autorizó al séptimo día. Su abogada le recomendó preparar una intervención breve, de no más de cinco minutos, ya que ese sería el tiempo disponible ante la sala. Antes de partir, un policía le colocó un chaleco con la palabra “detenido” y le indicó que cumplía órdenes superiores.
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Resolución judicial y liberación
Fujimori aseguró que la sala resolvió con rapidez y que lo que más recuerda del fallo fue el argumento central: la resolución judicial que ordenó su arresto habría sido elaborada a partir de un “copia y pega”, replicando los pedidos de la fiscalía sin un análisis propio. “La decisión de arresto había sido elaborada con un ‘copia y pega’”, indicó.
Esa misma noche recibió la notificación de su liberación y regresó a su domicilio para reencontrarse con sus hijas. Cerró su relato con una advertencia sobre el futuro: “Lo peor estaba todavía por venir”. La experiencia de detención sin condena, según Fujimori, marcó un antes y un después en su vida y en el escenario político de Perú.
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