Roberto Sánchez pierde la presidencia del Perú ante Keiko Fujimori: los errores del heredero del sombrero de Castillo que le costaron la elección

Según los primeros resultados oficiales de la ONPE, Keiko Fujimori se impuso a Roberto Sánchez en la segunda vuelta del 7 de junio. El candidato izquierdista, que competía en nombre del encarcelado expresidente Pedro Castillo, no logró revertir la ventaja de la candidata de Fuerza Popular y consumó su derrota en el balotaje más polarizado de la última década peruana

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Roberto Sánchez, heredero político de Pedro Castillo, no logró superar al fujimorismo y quedó fuera de Palacio pese al respaldo rural, las alianzas estratégicas y la promesa de continuidad. REUTERS/Alessandro Cinque
Roberto Sánchez, heredero político de Pedro Castillo, no logró superar al fujimorismo y quedó fuera de Palacio pese al respaldo rural, las alianzas estratégicas y la promesa de continuidad. REUTERS/Alessandro Cinque

Roberto Helbert Sánchez Palomino no pudo con el fujimorismo. El psicólogo de 57 años que llegó a esta segunda vuelta con el sombrero del encarcelado expresidente Pedro Castillo como marca de campaña, con la promesa de liberarlo y con el respaldo del voto rural y serrano del Perú profundo, cayó derrotado ante la derechista Keiko Fujimori, según los resultados oficiales al 100% de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). El fujimorismo regresa al poder después de 26 años alejado del Gobierno, y el proyecto castillista vuelve a perder en las urnas frente al mismo apellido que venció en 2021.

La derrota de quien llegó como heredero de Castillo

La historia de Sánchez Palomino en esta elección es la de un político que convirtió un lastre en un activo y que, sin embargo, no logró que ese activo fuera suficiente. Fue el único ministro del gobierno de Castillo que sobrevivió a todos los cambios de gabinete sin ser destituido ni enjuiciado. Cuando Castillo intentó disolver el Congreso en diciembre de 2022 en un fallido golpe de Estado, Sánchez renunció horas antes y se abstuvo de votar la moción de vacancia que terminó destituyendo al presidente. Esa postura ambigua lo salvó políticamente: no se hundió con Castillo, pero tampoco se alejó de él.

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Roberto Sánchez sonriente levantando un sombrero, con la imagen de Pedro Castillo en escala de grises y una multitud en un paisaje montañoso peruano al fondo
La promesa de indultar a Pedro Castillo fue uno de los pilares del discurso de Sánchez durante toda la campaña. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Castillo, condenado a 11 años, 5 meses y 15 días de prisión por conspiración para la rebelión, no le guardó rencor. En una de sus últimas comparecencias judiciales, pidió explícitamente el voto para Sánchez. Ese respaldo fue la palanca que Juntos por el Perú utilizó para movilizar al electorado castillista en la primera vuelta del 12 de abril, donde Sánchez obtuvo el 12,03% de los votos válidos, superando al ultraderechista Rafael López Aliaga por apenas 21.000 sufragios para acceder al balotaje.

La marca de campaña fue tan simple como reconocible: el sombrero chotano, el mismo que usaba Castillo en sus mítines y que se convirtió en el símbolo más visible de su presidencia. Sánchez lo adoptó desde el inicio y lo mantuvo en cada aparición pública, en cada recorrido por el interior del país, en cada debate. El mensaje era inequívoco: esto es continuidad, no ruptura.

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El perfil del candidato que no pudo llegar a Palacio

Nacido el 3 de febrero de 1969 en Huaral, provincia agrícola a unos 75 kilómetros al norte de Lima, Sánchez es hijo de migrantes de la sierra andina. Estudió psicología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y tiene una maestría en Políticas Sociales por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Antes de ingresar a la política pasó por el seminario y trabajó como psicoterapeuta individual y grupal durante la década de 1990.

Congresista Roberto Sánchez mostró cartel que pedía la libertad de Pedro Castillo
En el congreso, como parlamentario, Roberto Sánchez abogó por la libertad de Pedro Castillo

Su trayectoria política comenzó en el Partido Humanista del exministro Yehude Simón, quien lo acusó de “traidor” al haberle arrebatado la conducción del partido desde 2017, cuando lo rebautizó como Juntos por el Perú. Trabajó como gerente en las municipalidades de Huaura, Huaral y San Borja, fue elegido congresista en 2021 y ese mismo año el presidente Castillo lo nombró ministro de Comercio Exterior y Turismo, cargo que ocupó durante todo el mandato como uno de sus funcionarios más estables.

A diferencia de Castillo —un maestro rural y líder sindical que incursionaba por primera vez en la política nacional cuando ganó las elecciones de 2021—, Sánchez acumuló una larga trayectoria en la gestión pública antes de postularse a la presidencia. Esa experiencia fue uno de sus argumentos de campaña, pero también fue cuestionada por quienes lo acusaban de haber permanecido demasiado cerca de un gobierno marcado por la corrupción y la inestabilidad.

Las alianzas que le costaron votos

La candidatura de Sánchez no estuvo exenta de sombras. La más comentada fue su alianza con los etnocaceristas, la corriente política de supremacía de la raza andina liderada por el ultranacionalista Antauro Humala, hermano del expresidente Ollanta Humala (2011-2016), quien salió de la cárcel en 2022 tras 17 años preso por el Andahuaylazo, una sublevación militar en 2005 que dejó cinco policías muertos.

Sánchez ha intentado desvincularse de Humala tras pasar a la segunda vuelta. Foto: composición Infobae
Sánchez ha intentado desvincularse de Humala tras pasar a la segunda vuelta. Foto: composición Infobae

Antauro Humala se convirtió en el aliado más incómodo de Sánchez. Sus posturas radicales —fusilar a los expresidentes condenados por corrupción, incluido su propio hermano Ollanta, e ir a la guerra con Chile para recuperar las regiones perdidas en la Guerra del Pacífico— generaron alarma en amplios sectores de la población. Sánchez dijo no compartir esas ideas, pero la alianza no podía deshacerse sin arriesgar una reacción adversa de su base electoral, según advirtieron analistas durante la campaña.

También incorporó en sus listas electorales a familiares directos del expresidente Castillo, como su hermano José Mercedes e Irma Castillo, y a su cuñada Yenifer Paredes, lo que reforzó la imagen de continuidad con el gobierno destituido pero también concentró el rechazo de quienes asociaban a ese entorno con los escándalos de corrupción que marcaron el mandato de Castillo.

El viraje económico que llegó tarde

En el tramo final de campaña, Sánchez moderó su discurso. Nombró como asesor principal a Pedro Francke, exministro de Economía de Castillo considerado menos radical, quien aseguró a los inversionistas que Sánchez respetaría los contratos mineros y la independencia del banco central. “Poner los pies en la tierra significa dejar de soñar. Insistir en algo inviable no tiene sentido”, declaró el propio candidato.

Ilustración de Roberto Sánchez dividido en dos escenas: a la izquierda con vestimenta andina y fondo rural; a la derecha con camisa blanca y fondo urbano de Lima
El candidato presidencial Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, presenta dos versiones de su plan de gobierno 2026-2031, simbolizando la evolución de su propuesta política. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El analista Nicholas Watson, de la consultora Teneo, describió el dilema central de la campaña de Sánchez: “Uno de los principales retos es atraer a los votantes centristas sin alienar a su base de apoyo principal”. Ese equilibrio resultó difícil de mantener. La incorporación de Francke fue vista con escepticismo por el ala más radical de su coalición, mientras que el voto de centro no terminó de confiar en la moderación de un candidato que hasta semanas antes hablaba de impuestos a las ganancias “extraordinarias” del sector minero y de integrar al Perú al bloque BRICS.

Sánchez también afronta cuestionamientos judiciales que pesaron en la campaña: la Fiscalía solicitó en enero de 2026 cinco años y cuatro meses de prisión en su contra por presunto falseamiento de información sobre aportes a su partido entre 2018 y 2020. El candidato rechazó las acusaciones, pero el proceso judicial fue utilizado por sus adversarios para cuestionar su idoneidad.

El nuevo plan de gobierno de Roberto Sánchez generó sorpresa por sus rápidos cambios, incluyendo la eliminación de un párrafo sobre la nacionalización de Telefónica. Se analizan las diferencias entre el plan original y el actual, un movimiento estratégico clave de cara a las elecciones. | América Noticias

Lo que Sánchez prometió y no podrá cumplir

Su agenda de gobierno incluía propuestas que ahora quedan sin ejecutar: la convocatoria de un referéndum para reemplazar la Constitución de 1993, que su programa calificaba como el producto de un “autogolpe” de Alberto Fujimori; el indulto a Pedro Castillo, a quien consideraba un preso político; la diversificación de las relaciones internacionales con especial interés en el bloque BRICS; y un impuesto a las ganancias “extraordinarias” del sector minero para redistribuir la riqueza hacia las comunidades donde se extrae el mineral.

“Treinta años de minería y los pueblos mineros siguen siendo los más pobres de nuestro país”, había declarado Sánchez durante la campaña. También prometió elevar la Remuneración Mínima Vital a S/ 1.500, aumentar el presupuesto educativo del 6% al 10% del PBI en cinco años y crear un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

El voto que no alcanzó

Sánchez construyó su estrategia sobre el voto rural, serrano y del sur del país, el mismo territorio que llevó a Castillo al poder en 2021. Recorrió las 25 regiones y 67 provincias del país, con especial intensidad en Cusco, Puno, Huancavelica, Junín y Piura. Esa presencia territorial fue determinante para consolidar su base en la primera vuelta, pero no fue suficiente para compensar la ventaja que Fujimori construyó en Lima y las ciudades intermedias.

Con su derrota, el proyecto castillista pierde por segunda vez consecutiva frente al fujimorismo. Castillo venció a Fujimori en 2021 por décimas. Sánchez no pudo repetir ese resultado. El sombrero chotano que portó durante toda la campaña no llegó a Palacio de Gobierno.

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