Docentes arriesgan la vida en la sierra de Piura: rutas colapsadas y ríos crecidos marcan el inicio de clases

El impacto del Fenómeno de El Niño Costero deja escuelas inhabitables y pone en peligro la vida de docentes en cada jornada

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Las lluvias han transformado el
Las lluvias han transformado el acceso a las escuelas en una actividad de alto riesgo. Los docentes deben cruzar ríos crecidos, caminar sobre barro profundo y atravesar zonas con derrumbes activos. (Composición: Infobae)

Las lluvias no solo alteran el paisaje en la sierra de Piura. También cambian la rutina de quienes sostienen el sistema educativo en zonas rurales. Cada jornada de clases inicia con una decisión que trasciende lo pedagógico: avanzar o no en medio de caminos inestables, ríos crecidos y cerros que ceden.

En ese escenario, docentes recorren rutas que ya no existen como tales. El barro cubre senderos y obliga a improvisar pasos sobre troncos o piedras. El traslado deja de ser un trámite cotidiano y se convierte en una prueba física que pone en riesgo la vida. La escena se repite sin anuncios oficiales ni soluciones inmediatas.

Las imágenes registradas en la zona muestran un patrón constante. Profesores con mochilas al hombro, algunos descalzos, otros con botas que no resisten el terreno, avanzan con dificultad. En cada tramo, la posibilidad de un derrumbe o una caída acompaña el trayecto.

Cruces peligrosos en rutas colapsadas

El traslado dejó de ser
El traslado dejó de ser una rutina para convertirse en una situación extrema donde cada paso implica peligro real. Facebook

Las vías que conectan comunidades en la sierra piurana quedaron interrumpidas por deslizamientos y quebradas activadas. En varios puntos, el tránsito vehicular resulta imposible. Mototaxis y motocicletas permanecen detenidas frente a montículos de tierra que bloquean el paso.

En ese contexto, docentes continúan a pie. “Aferrados a lo que pueden y con el barro hasta las rodillas”, describe otro testimonio, mientras se observa a un grupo intentando cruzar una zona afectada por derrumbe. La falta de rutas seguras obliga a elegir trayectos improvisados, donde cada paso requiere equilibrio.

Otra escena muestra a una docente intentando cruzar un río sobre un tronco caído. La corriente avanza con fuerza y no existen puentes cercanos. La única opción consiste en mantener el equilibrio mientras el agua corre a pocos centímetros.

Docentes atrapados en el lodo

El riesgo no se limita a caídas. En varios puntos, el lodo alcanza niveles que inmovilizan. Una maestra queda atrapada hasta las rodillas sin poder avanzar ni retroceder.

Sus colegas intentan liberarla con esfuerzo. La escena refleja el nivel de exposición al que se enfrentan durante el trayecto. Las botas no cumplen su función en ese tipo de terreno. En algunos casos, el desplazamiento requiere arrastrarse para salir de zonas más densas.

Las dificultades no terminan al llegar a la escuela. En el distrito de Sapillica, también en la región de Piura, cerca de 400 estudiantes enfrentan condiciones que afectan el desarrollo de sus clases.

El deterioro de la infraestructura obligó a declarar inhabitables al menos seis aulas. Las evaluaciones detectaron debilidad en las estructuras de adobe, agravada por las lluvias recientes. El riesgo de colapso o daño por movimientos sísmicos motivó la reubicación de los estudiantes.

“Se va a condicionar este baño como aula porque el aula podría colapsar, existe el riesgo de caerse”, explicó un docente al detallar las medidas adoptadas. Ante la falta de espacios seguros, la comunidad educativa optó por habilitar servicios higiénicos y un almacén como salones temporales.

Estas soluciones no cubren la demanda total. Los espacios resultan reducidos y no cuentan con condiciones adecuadas para el aprendizaje. Aun así, representan la única alternativa disponible en el corto plazo.

Reclamos sin respuesta y medidas provisionales

Padres de familia realizaron gestiones ante la Dirección Regional de Educación de Piura para solicitar aulas prefabricadas. Hasta el momento, no existe una respuesta concreta. La falta de intervención obligó a la comunidad a sostener medidas de emergencia con recursos limitados.

La situación expone una cadena de problemas que combina factores climáticos, infraestructura precaria y ausencia de respuesta oportuna. Mientras tanto, estudiantes asisten a clases en entornos que no garantizan seguridad.

El fenómeno climático asociado al Fenómeno de El Niño Costero intensifica estos escenarios. Especialistas advierten que sus efectos ya se manifiestan en distintas regiones del país, con lluvias intensas y deslizamientos frecuentes.

En ese contexto, la comunidad educativa mantiene su pedido dirigido al Ministerio de Educación del Perú. La demanda apunta a soluciones temporales que permitan restablecer condiciones básicas para el desarrollo de clases, mientras persisten los riesgos en los caminos y dentro de las propias escuelas.