
La Avenida La Marina y su vecina Pershing se presentan ante la ciudad como ejes de transporte y actividad comercial. Durante la jornada mantienen movimiento de pasajeros, servicios y comercio. Cuando baja la luz, ese escenario cambia: usuarios del transporte público describen temor y amenazas que alteran la rutina diaria.
Testimonios reunidos por Panorama señalan que el cobro de cupos se extendió desde sectores populares hacia vías centrales y de alto tránsito. Un pasajero relató lo que pasó en un atentado: “me dio mucho miedo. Estoy con mucho nervio.” Otra persona que vivió un intento de extorsión dijo que el agresor pronunció: “tienes que pagarme cupo, tu sabes si no se van a morir tu familia”. Esas frases reflejan una violencia directa contra conductores y pasajeros.
Extorsión con marca visible

En varias unidades del transporte informal aparece un mismo sello visual: la frase en inglés “Rápidos y furiosos” seguida de un número. Conductores y pasajeros identifican ese distintivo como señal de pertenencia a una red de cobro. Un testigo aseguró: “esa ruta La Marina hasta Pershing pertenece a gente del Callao”. Otro chofer afirmó que las combis “están marcadas / como ganados, como si tuvieran propiedad o ‘protección’”.
La presencia de estos stickers coincide con la circulación de colectivos informales que detienen el flujo vehicular y obligan a los conductores a pagar por operar. Un pasajero contó: “le pido al conductor que pagara su cupo y le estaba amenazando con revolver”. Esa amenaza funcionó como método de control.
Violencia y amenazas en la vía pública

Los episodios de violencia no son solo intimidación verbal. Investigaciones mencionan un caso grave en el Óvalo La Perla: “varios disparos acabaron con la vida de este jalador de colectivos delante de decenas de personas y bajo la luz del sol”, según registros de prensa citados en las fuentes. Esa acción envió un mensaje claro entre quienes resisten el cobro: “aquí la orden es matar para que no nos paseen”.
Una víctima que vivió un asalto por usar un colectivo relató el instante al borde de la muerte: “se me pasó que no veía más a mis hijos, a mi nieto”. El agresor colocó al grupo en una situación de riesgo y exigió dinero con frases como “págame mi cupo”. El recuerdo dejó secuelas emocionales en quienes presenciaron el hecho.
Segmentación criminal y alcance territorial
Fuentes consultadas indican que las bandas operan con división territorial. Un informante señaló: “todo está segmentado, todos pagan y sino ya saben las consecuencias”. Según esa versión, grupos con base en el Callao controlan tramos de La Marina y Pershing. Los cobros llegan a paraderos clave y a cruces con avenidas importantes: Faucett, Universitaria, Sucre, Salaverry y Javier Prado.
El dinero que genera la extorsión proviene del efectivo que circula a diario en el transporte informal. Un conductor explicó que el cupo resulta “dinero rápido, efectivo”. Esa rentabilidad facilita la expansión hacia rutas consideradas antes seguras o de alto perfil.
Ante la gravedad, especialistas en seguridad proponen cambios en la estrategia operativa. Rogelio Rivas, exministro de seguridad de El Salvador, planteó para Panorama un punto central: “sin inteligencia (como punto medular y de partida) cualquier operación, captura o solución, es inviable”. Rivas recordó la experiencia salvadoreña al señalar que un país golpeado por maras “muestra hoy cifras revertidas a su favor”. Su diagnóstico coloca la inteligencia como condición necesaria para cualquier intervención eficaz.
Rivas añadió que el problema principal del Perú “convive sin agazaparse en el transporte que tomamos a diario”. Esa observación ubica al transporte público como foco prioritario para políticas de prevención y operación.
Impacto cotidiano y silencios

Conductores y pasajeros prefieren la discreción. Muchos rehúsan hablar por temor a represalias. Una fuente resumió esa actitud: “no se puede hablar, no se puede hablar por miedo”. Ese silencio dificulta las pesquisas y alimenta la sensación de impunidad.
En el registro público también aparece un episodio de captura: agentes detuvieron a un falso colectivo en La Marina que presentaba placa adulterada y la leyenda “Rápidos y fuiosos” en grandes letras. La policía considera que ese sujeto “sea parte de una banda” y que su rol incluía el cobro de dinero.
El relato de quienes transitan esas avenidas describe un paisaje donde el tránsito cotidiano convive con una lógica de cobro y amenaza. Usuarios, conductores y autoridades enfrentan un problema que combina señalización de grupos, violencia explícita y temor generalizado.
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