El portero del cielo

Las celebraciones en honor a san Juan Macías se prolongaron hasta el mes de noviembre, cuando llegó a Lima la Bula Papal que declaraba oficialmente su elevación a los altares, 330 años después de su muerte

Guardar
San Juan Macías, el 'ladrón
San Juan Macías, el 'ladrón del purgatorio'. (Arzobispado de Piura / PlaN VE)

Al conmemorarse los 50 años de la canonización de san Juan Macías, los dominicos del Perú celebran con una serie de actividades, como la veneración de reliquias, misas, procesiones y conferencias. Su ejemplo de vida permanece en el corazón de los peruanos.

Juan Macías nació en Ribera del Fresno (España), el 2 de marzo de 1585. Huérfano desde niño, trabajó como pastor, dedicando tiempo a la oración. A los 34 años, se embarcó hacia el Nuevo Mundo y llegó a Lima en 1620. Trabajó cuidando el ganado del comerciante Pedro Jiménez Menacho. Poco después, ingresó a la Orden de Santo Domingo y fue recibido en el convento de Santa María Magdalena, conocido como La Recoleta (actual plaza Francia). Tomó el hábito dominico en 1622 y poco tiempo después fue nombrado portero del convento. Desde la portería distribuía alimentos a los pobres y, en sus momentos de recogimiento, rezaba el rosario frente a la imagen de Nuestra Señora de Belén. Se distinguió por su incansable sufragio por las almas del purgatorio. Juan Macías falleció el 16 de setiembre de 1645, a los 60 años, con fama de santidad. Fue beatificado en 1837 por el papa Gregorio XVI.

En 1949 ocurrió un milagro atribuido a su intercesión –la multiplicación del arroz en Olivenza (España)– y concedido a Leandra Rebollo Vásquez. Este hecho fue reconocido oficialmente por la Iglesia y permitió la apertura de su causa de canonización en 1960.

Finalmente, el 28 de setiembre de 1975, a las 9:30 de la mañana, españoles y peruanos presenciaron con profundo fervor la canonización del beato Juan Macías, celebrada en la Basílica de San Pedro por el papa Pablo VI. La delegación peruana estuvo encabezada por el cardenal Juan Landázuri Ricketts, y también asistieron representantes de la Marina de Guerra del Perú. España estuvo representada por el arzobispo de Madrid, Vicente Enrique y Tarancón, junto a otros prelados.

Según informó un diario local, aproximadamente cincuenta mil fieles asistieron a la solemne misa de canonización. Cuatro embajadores representaron al Perú: la Santa Sede, Italia, Yugoslavia y la UNESCO. Durante la presentación de las ofrendas participaron mujeres de Extremadura y dos oficiales peruanos. Asimismo, dos frailes dominicos entregaron palomas y cirios, y dos campesinas arequipeñas presentaron un ramo de flores ante el altar. Leandra Rebollo Vásquez también estuvo presente en Roma.

En Lima, diversas delegaciones se congregaron en la plazuela de Santo Domingo. Al mediodía, las campanas repicaron con júbilo en honor al nuevo santo peruano: un dominico que se sumaba al culto de santa Rosa de Lima y san Martín de Porres. Los actos litúrgicos fueron presididos por los obispos auxiliares de Lima, junto con los superiores de todas las comunidades religiosas, y con la participación de miles de católicos. Las celebraciones en honor a san Juan Macías se prolongaron hasta el mes de noviembre, cuando llegó a Lima la Bula Papal que declaraba oficialmente su elevación a los altares, 330 años después de su muerte.

San Juan Macías es reconocido como abogado de las almas del purgatorio, amigo de los niños huérfanos, protector de los emigrantes, patrón de los pastores y padre de los pobres. Sus devotos lo recuerdan por su admirable testimonio de humildad, servicio y vida espiritual, siempre con el rosario en las manos y su canasta colmada de pan para los pobres.