Omar Garay Campones ingresó a la clínica Sanna con una molestia común. Era el 19 de marzo y tenía programada una intervención sencilla: una cirugía menor por una fístula. A la una de la tarde lo admitieron. Tres horas después, lo trasladaron al quirófano. Nada parecía fuera de lo normal. El hombre llegó con nervios, pero confiado. Lo que ocurrió a continuación alteró su vida por completo. En medio del procedimiento, tras recibir el suero fisiológico que debía mantenerlo estable, comenzó a experimentar un dolor intenso. El anestesiólogo ya no estaba en la sala.
“No deberían volver a ocurrir tantas negligencias y dejarlos así nada más. Fui por una operación simple”, expresó. Desde ese momento, su relato se convirtió en testimonio. “Yo me sentía tranquilo… pero cuando el anestesiólogo me pone la vía y empieza a ingresar el suero, el anestesiólogo se va y fue todo en automático. Yo empecé a sentir demasiado dolor".
Garay sobrevivió. Otros no tuvieron esa suerte. Siete personas perdieron la vida en el Perú tras recibir el mismo suero que casi lo mata. Entre ellas, una bebé de apenas un año. Todas fueron atendidas en clínicas privadas donde el producto defectuoso fue administrado sin advertencias. El origen de esta cadena de muertes lleva el nombre de Medifarma, un laboratorio peruano que colocó más de quince mil frascos en el mercado, con composiciones químicas que, en algunos casos, multiplicaban por seis los niveles seguros de sodio.
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Alejandra Landers Carpio tenía 25 años cuando ingresó a la misma clínica Sanna, en San Borja, el 18 de marzo. Había acudido por un resfriado y buscaba atención médica especializada, ya que era alérgica a algunos medicamentos. Al día siguiente, cumplía años. Nunca despertó. El diagnóstico fue muerte cerebral y, tras permanecer conectada a máquinas por semanas, falleció el 18 de abril.
Un día antes de la muerte de Alejandra, otra mujer fue víctima del mismo error. Rosa Castro Ventura, de 46 años, ingresó a Sanna para ser operada de un tumor benigno. Su esposo, Eduardo Rossel, dijo que todo estaba en orden. “Ella se hizo evaluaciones prequirúrgicas en la misma clínica y también, particularmente, con médicos de cabecera. Nos dijeron que todo estaba bien”, comentó a Panamericana Televisión. Pese a los controles previos, Rosa terminó en coma y luego falleció. “Fue un tumorcito tratable y ahora me la están matando”.
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El 23 de marzo, otra tragedia tuvo lugar en el mismo recinto médico. Kayla Iparraguirre Zevallos, una bebé de un año, murió tras recibir el suero contaminado. La familia no fue informada a tiempo sobre los riesgos.

Los casos no se limitaron a Lima. En Trujillo, en la costa norte, Elva Ramírez, de 71 años, y Santiago Yan, de 91, perdieron la vida en la clínica Sánchez Ferrer, también perteneciente a la red Sanna. Ambos habían recibido el suero semanas antes, en procedimientos distintos. Permanecieron en coma por varios días antes de fallecer.
En Cusco, otras dos víctimas jóvenes sumaron sus nombres a la lista. Melissa Guzmán, de 33 años, y Daniela Quispe, de 24, acudieron a la clínica O2 Medical Network para realizarse procedimientos estéticos. Ninguna salió viva.
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Responsabilidades fragmentadas

La empresa afirma que los hechos fueron responsabilidad de dos extrabajadores ya separados del cargo. Según su comunicado, un error puntual en el control de calidad provocó la distribución de más de 15.000 frascos defectuosos del lote N.º 2123624. Pero los familiares de las víctimas no aceptan esta versión. “No puede ser que toda una estructura esté funcionando mal y que solo dos personas tengan la culpa”, indica Pedro Alva.
Tulio Landers y Eliana Carpio han ampliado su denuncia para incluir al directorio del laboratorio. Consideran que hubo omisiones graves por parte del personal médico y administrativo de la clínica. “Yo no podría vivir sin llegar al fondo de la verdad, de por qué la descuidaron en un primer momento, de por qué hubo tanta negligencia o por qué el doctor no hizo nada cuando debió”, expresó la madre de Alejandra.
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El joven, aun en proceso de recuperación, resume su experiencia como un abandono. “Me tocó vivir una situación bastante compleja y sentí que me minimizaron”, afirmó. “¿Acaso me estaban haciendo un favor al someterme a todo tipo de pruebas? No. Entonces, las demás personas no pueden quejarse. Ni siquiera tuvieron el derecho de expresarse o decir algo, porque hoy ya no están”.
A pesar del escándalo, no se ha emitido aún una sanción definitiva contra la empresa. El Ministerio Público mantiene una investigación abierta. Mientras tanto, familiares continúan pidiendo explicaciones. La vida de Alejandra, Rosa, Kayla, Elva, Santiago, Melissa y Daniela se apagó sin que alguien respondiera oficialmente por lo ocurrido.
Omar Garay lo dijo con claridad: “Que he pasado lo que he sentido. ¿Por qué de repente lo expongo? Es porque creo que no debería volver a suceder tantas negligencias”.
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