Con el inicio de diciembre, las calles del centro de Lima parecen cobrar una vida distinta. No es el espíritu navideño el que predomina, sino un ritmo frenético donde el comercio informal, el descontrol y la falta de medidas efectivas dibujan un panorama que se repite año tras año. Infobae Perú recorrió las calles de este epicentro del caos y documentó lo que se vive en una de las temporadas más críticas para la ciudad.
A las 10 de la mañana, las rejas instaladas por la Municipalidad de Lima (MML) todavía separaban algunas calles del emporio comercial de Mesa Redonda, con el propósito de controlar la afluencia de personas y vehículos. Sin embargo, los ambulantes encontraron un espacio en las veredas para extender sus puestos improvisados y continuar con su actividad a la vista de las autoridades. Las pistas, despejadas en su mayoría, servían como un corredor estrecho para los peatones que, confundidos y presionados, trataban de abrirse paso entre mercadería, ruido y empujones.
El panorama no es nuevo. Durante años, Mesa Redonda y sus alrededores son el epicentro de una disputa constante entre el comercio formal, el informal y las instituciones encargadas de garantizar el orden. Este diciembre, con la cercanía de las festividades, el caos se siente amplificado.
Cierre de calles y accesos restringidos

En un intento por contener el desborde, la MML implementó el cierre de 15 accesos en las zonas más transitadas del emporio comercial. Entre ellas, calles importantes como el jirón Huallaga, Ucayali, Santa Rosa y Cusco se vieron restringidas mediante rejas metálicas. Según el municipio, esta estrategia busca garantizar la seguridad de los miles de visitantes diarios y prevenir incidentes similares a los registrados en el pasado.
Sin embargo, la respuesta fue inmediata. Apenas instaladas las barreras, los vendedores ambulantes desafiaron las restricciones y retomaron las calles en cuestión de horas. Jirones como Puno y Andahuaylas, clave en el flujo comercial, se vieron invadidos nuevamente por puestos ambulantes que ofrecían juguetes, ropa y artículos de temporada. Los accesos cerrados fueron:
- Jr. Huallaga con Av. Abancay
- Jr. Ucayali con Av. Abancay
- Jr. Santa Rosa con Av. Abancay
- Jr. Cusco con Av. Abancay
- Jr. Puno con Av. Abancay
- Jr. Ayacucho con Av. Nicolás de Piérola
- Jr. Andahuaylas con Av. Nicolás de Piérola
- Jr. Puno con Jr. Paruro
- Jr. Cusco con Jr. Paruro
- Jr. Santa Rosa con Jr. Paruro
- Jr. Ucayali con Jr. Paruro
- Jr. Huallaga con Jr. Paruro
- Jr. Andahuaylas con Jr. Huallaga
- Jr. Ayacucho con Jr. Huallaga
- Av. Abancay con Jr. Huallaga
Un peligro latente en el epicentro del consumo

Desde las primeras horas del día, la zona de Mesa Redonda concentra miles de personas que buscan precios bajos en decoraciones navideñas, regalos y juguetes. Según estimaciones, la afluencia diaria en este emporio alcanza el medio millón de visitantes durante la temporada. Sin embargo, este incremento exponencial de personas no solo genera aglomeraciones, sino que incrementa los riesgos de seguridad en un área históricamente vulnerable.
El recuerdo del incendio de 2001, que dejó 277 víctimas mortales, sigue presente. Aunque las autoridades insisten en que las medidas actuales buscan evitar tragedias similares, la situación evidencia fisuras. Un informe reciente del programa Ocurre ahora de ATV reveló que los problemas estructurales persisten. Muchas viviendas multifamiliares de apenas 44 metros cuadrados fueron transformadas en almacenes clandestinos que operan sin medidas básicas de seguridad. Sin extintores ni aspersores, estos depósitos representan un riesgo constante para trabajadores y transeúntes.
Un esfuerzo que no alcanza

La Municipalidad de Lima, en coordinación con la Policía Nacional del Perú, desplegaron personal para supervisar los accesos restringidos y desalojar ambulantes en puntos críticos. Sin embargo, las imágenes captadas por Infobae Perú muestran un escenario distinto. Los Videos evidencian la falta de control en calles donde los ambulantes volvieron a instalarse a plena luz del día.
Los esfuerzos de las autoridades, aunque visibles, parecen insuficientes frente a la magnitud del fenómeno. Mientras tanto, las calles del centro de Lima siguen transformándose en un hervidero de actividad, donde el desorden y el comercio informal se imponen sobre las medidas restrictivas. Con cada día que pasa, el caos parece consolidarse como la única constante en esta época de celebraciones.
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