
Un perro anciano se apoya con la mirada en su tutor mientras espera una caricia. Esa escena, que se repite en hogares de todo el mundo, es mucho más que una muestra de afecto. Un grupo de científicos comprobó que el lazo entre los perros y las personas que los cuidan se intensifica a medida que los animales envejecen. Esta conclusión, publicada por la revista científica GeroScience, se basa en un estudio que analizó el comportamiento de 222 perros de diferentes edades y razas.
La investigación, liderada por Melitta Csepregi junto a su equipo de la Universidad Eötvös Loránd de Budapest, observó a perros desde los 2,8 meses hasta casi los 15 años. El equipo dividió a los animales en tres grupos: menores de un año, adultos de 1 a 7 años y mayores de siete.
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Los autores explican que “el comportamiento de apego en los perros surge temprano en la vida, ya está presente después de unos pocos meses de convivencia con el propietario, y se ve moldeado por la experiencia y la edad a lo largo del ciclo vital, mostrando un patrón flexible en el desarrollo que es funcionalmente análogo al apego humano”.

En los cachorros, la preferencia por sus tutores resultó clara. Los animales tendían a seguir más al tutor cuando abandonaba la habitación y permanecían con mayor frecuencia junto a la puerta cuando era este quien estaba ausente. El equipo explica que “el apego del perro hacia su dueño se desarrolla relativamente rápido, surgiendo durante los primeros meses de convivencia”.
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Entre los perros adultos, el apego se mantuvo estable, pero en la vejez ese lazo se volvió a fortalecer. Según los expertos, una posible explicación es que los perros mayores dependen de manera creciente de sus tutores porque pueden perder movilidad, tener dificultades para ver u oír y presentar cambios cognitivos que los llevan a buscar más la compañía de quienes los cuidan. Es decir, el envejecimiento potencia la necesidad de apoyo y seguridad en los animales de compañía.
El entrenamiento y la seguridad influyen en la relación
Otro hallazgo relevante del estudio es que el nivel de entrenamiento modifica la forma en que los perros interactúan con su entorno y con sus tutores. Los investigadores de la Universidad Eötvös Loránd detectaron que los animales con más formación se mostraron menos nerviosos ante lo desconocido y toleraron mejor la presencia de extraños.
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En este sentido, Csepregi y su equipo detallan: “Los perros en el grupo de entrenamiento avanzado mostraron mayor aceptación y menores puntajes de ansiedad y apego. Los perros con entrenamiento avanzado presentaron menor ansiedad en la prueba, y una ansiedad más baja a su vez se asoció con menores puntajes de apego. Si los perros altamente entrenados experimentan la situación como menos estresante o novedosa, es posible que los comportamientos de apego no se activen y por ende sean menos evidentes”.
Buscaron menos a sus tutores durante la prueba, aunque esto no implica un vínculo más débil, sino que, al sentirse más seguros, recurren menos a sus referentes humanos. O sea, la seguridad lograda por el aprendizaje reduce la necesidad de contacto constante, pero no debilita el lazo emocional.
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El estudio también destaca que el vínculo se desarrolla durante los primeros meses de convivencia y permanece relativamente estable en la adultez. La muestra del estudio incluyó 61 razas diferentes y 50 perros mestizos, lo que permitió observar que la tendencia a intensificar el apego en la vejez se repite sin importar el origen o la raza del animal de compañía.

Para analizar el comportamiento de los perros, los científicos utilizaron una adaptación de la llamada prueba de la situación extraña, que consiste en alternar la presencia del tutor y de una persona desconocida en una habitación. En los cachorros menores de seis meses, los investigadores encontraron una preferencia clara por sus tutores en dos de los tres comportamientos analizados: los animales seguían más a la persona que conocían y se mantenían más cerca de la puerta cuando el tutor no estaba presente.
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En los perros de 1 a 7 años, el vínculo permaneció estable, pero a partir de los 7 años los investigadores observaron un aumento progresivo en el apego. Esto sugiere que el envejecimiento no solo modifica las necesidades físicas de los animales de compañía, sino que también refuerza la búsqueda de apoyo y cercanía emocional en quienes los cuidan.
Los autores del estudio subrayan que comprender cómo varía el apego a lo largo de la vida de los perros permite a los tutores adaptar su acompañamiento y cuidado en cada etapa. El fortalecimiento del vínculo en la vejez indica la importancia de brindar más apoyo, atención y seguridad a los animales de compañía cuando envejecen.
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El vínculo entre los perros y sus tutores no solo existe, sino que cambia y se refuerza con el paso de los años. Los resultados de la investigación aportan nuevas claves para interpretar la relación y mejorar el bienestar de los perros a lo largo de toda su vida.
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