
El comportamiento de los perros de enterrar objetos, especialmente huesos, tiene raíces profundas en su herencia ancestral. Aunque hoy en día los que son domésticos no necesitan almacenar comida gracias a la atención de sus dueños, este hábito persiste como un instinto natural.
Según explicó Teoti Anderson, entrenadora profesional de perros y consultora de comportamiento, al medio Live Science, los perros entierran cosas para “guardarlas para más tarde”.
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Este comportamiento, conocido como “almacenamiento de alimentos” o food caching, en inglés, es común en muchas especies de mamíferos y aves, y proviene de los antepasados de los perros, los lobos grises.
Los lobos, conocidos por sus habilidades de caza, a menudo consumen sus presas en el lugar, pero en ocasiones entierran los restos para protegerlos de otros depredadores o para consumirlos más tarde.
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Un estudio publicado en 1976 en la revista Ethology reveló que incluso los cachorros de lobo practican este comportamiento, moviendo sus escondites para evitar que otros miembros de la manada descubran sus reservas.
Este instinto de “enterrar para preservar” se ha transmitido a los perros domésticos, quienes, aunque no enfrentan las mismas necesidades de supervivencia, siguen mostrando este comportamiento en sus hogares.
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El medio especializado en animales, VCA Animal Hospital, detalló que, en la naturaleza, enterrar alimentos no solo protegía los restos de otros animales, sino que también ayudaba a conservarlos.
Al enterrarlos, los lobos y otros caninos aprovechaban la temperatura más baja del suelo para mantener la carne fresca por más tiempo, evitando su descomposición y protegiéndola de insectos y depredadores.
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Además, el contacto con la tierra podía incluso mejorar el sabor de la carne, actuando como una especie de marinado natural.
En el caso de los perros domésticos, este comportamiento no se limita a los alimentos. Según Anderson, los perros pueden enterrar cualquier objeto que consideren valioso, desde juguetes hasta piedras.
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“Conocí a un perro que enterraba piedras. No sé por qué eran tan especiales para él, pero lo eran”, comentó Anderson al medio Live Science. Este hábito también puede ser una forma de aliviar el aburrimiento, reducir el estrés o incluso iniciar un juego con sus dueños.
Por ejemplo, algunas razas como los terriers, que fueron criadas para cazar y excavar, son más propensas a enterrar objetos, ya sea por instinto o simplemente por diversión.
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César Millán, experto en comportamiento canino, señaló a Live Science, que enterrar objetos también puede ser una forma de los perros de disfrutar más tarde de algo que consideran especial.

Además, algunos perros pueden ser más compulsivos en este hábito, moviendo sus “tesoros” de un lugar a otro antes de decidirse por un escondite definitivo.
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Aunque este comportamiento es natural y generalmente inofensivo, puede convertirse en un problema si el perro excava de manera compulsiva.
Según VCA, algunos perros pueden llegar a lastimarse las patas al cavar constantemente, especialmente si el suelo contiene productos químicos o materiales peligrosos.
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En estos casos, se recomienda buscar ayuda médica y conductual para abordar el problema.
Además, aunque los perros disfrutan enterrando huesos, los expertos advierten que no es seguro darles huesos reales, ya que pueden causar problemas intestinales o dentales.

En su lugar, se sugiere proporcionarles juguetes o alimentos adecuados para satisfacer sus necesidades.
El instinto de enterrar objetos, ya sea comida, juguetes o incluso controles remotos, es un recordatorio de la conexión de los perros con sus antepasados salvajes.
Aunque hoy en día no necesitan esconder comida para sobrevivir, este comportamiento sigue siendo una parte integral de su naturaleza, reflejando su herencia evolutiva y su capacidad para adaptarse a diferentes entornos, pero de igual manera los perros sienten un hábito muy divertido y entretenido.
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