
Los gatos parecen tener un eterno aspecto de estar pensando cómo dominar el mundo. Muchas veces no parecen tan afectuosos y amigables como los perros y andan por la vida a su aire.
La evolución del perro y del ser humano ha estado ligada y muy unida desde los primeros tiempos, mientras los gatos siempre han ido por su cuenta, aunque sin separarse del todo de nosotros.
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A veces pensamos que el gato la mayor parte del tiempo nos ignora, y, cuando no lo hace, es porque quiere comida. En cambio los perros parecen tener un entusiasmo increíble por sus seres humanos vinculados y los buscan para jugar o sufren cuando no están.
La conclusión discursiva es clara: “Los perros piensan en sus tutores como dioses y los gatos como esclavos”.
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Los gatos son más exigentes con sus humanos convivientes que los perros, por lo menos en lo que respecta a los matices de su voz, según se afirmaba hasta hoy.
Se ha llegado a la conclusión científica que los seres humanos hablamos de manera muy diferente cuando estamos con nuestros animales de compañía y también con los bebés, usando un tono más alto y muchas repeticiones.
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Hay marcadas diferencias entre la reacción de los gatos cuando los interpela un ser humano y la forma en que reaccionan los perros a la palabra dirigida para ellos.
Los perros saltan y se vuelven locos, pero los gatos, son mucho más sutiles. Los gatos giran las orejas o incluso la cabeza ligeramente en dirección de la voz y pueden llegar a dejar de acicalarse. No mucho más.
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Según recientes estudios, los gatos tienen una reacción mucho más fuerte y marcada a la palabra dirigida hacia ellos que al modo de hacerlo. Esto es particularmente cierto cuando es su tutor es el que habla.
La conclusión es que los gatos tienen una reacción mucho más fuerte a la palabra dirigida hacia ellos que cuando los
seres humanos hablan entre sí, pero solo si y sólo si, es su tutor quien les habla. En cualquier otro caso su reacción es mucho más indiferente, careciendo de esa reacción especial del caso en particular.
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Los perros, en cambio, son menos exigentes. Reaccionan ante cualquier discurso dirigido a un perro, sea a ellos u otros, independientemente de quién esté hablando.

Todo esto descarta que sean las características o particularidades acústicas del sonido de la palabra las que despierten el interés de los gatos, ya sea el tono alto o la repetición. Esta resulta ser una explicación sencilla y tentadora de aplicar.
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A la luz de experimentos recientes claramente no es así, ya que las mismas características acústicas no hacen mella en la atención de los gatos cuando las pronuncia un ser humano extraño. El habla dirigida a cualquier gato solo es especialmente atendida si proviene del tutor de ese gato. Se podría decir que los gatos están más interesados en sus tutores que los perros.
Los gatos son más perspicaces y sostienen un vínculo muy especial con su tutor. Este es un aspecto positivo, al que los tutores de gatos se aferran en detrimento de los muchísimos momentos en los que realmente no parece ser tan así.
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*El Prof. Dr. Juan Enrique Romero @drromerook es médico veterinario. Especialista en Educación Universitaria. Magister en Psicoinmunoneuroendocrinología. Ex Director del Hospital Escuela de Animales Pequeños (UNLPam). Docente Universitario en varias universidades argentinas. Disertante internacional.
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